De cómo las redes te enredan la vida

Recordaban aquel cristal del comercio como si fueran las propias Columnas de Hércules. En etapa de Reyes pero en realidad republicana cuatro manos se lanzaban al tacto cálido de aquella superficie. Hacia adentro todo un mundo de juguetes de tamaño, color, consistencia y apariencia tan modular como la metamorfosis de una nube en el inicio de una tormenta. La baba de dos niños incluso llegaba a impregnar el vidrio con ensoñaciones sólidas de todo lo que se podría hacer con aquellos objetos. Pronto volaron los ¨Me lo pido¨, ¨Es mío¨, ¨Ese para mi¨ … De forma gradual los juguetes de más envergadura, color más brillante y mayor número de piezas eran los primeros en ser apartados en el hipotético destino de la mágica noche de salón de Melchor, Gaspar y Baltasar. Atrás quedaban los libros e incluso los objetos que en el futuro serían los más usados como los balones por ejemplo. 

Pli, pla, plí ese para mí. Pli, pla, plú ese no lo tendrás tú. Con estas frases acompañadas de risas o llantos se repartían toda la juguetería como demandas al derecho de ser feliz. Resulta curioso que muchos de esos regalos no eran deseados siempre y cuando otra persona no se hubiera fijado antes en ellos. Yo, ya, yí, primero yo lo ví. No, ne, ní, ese no será para tí. Los dos hermanos se enfrentaron por un mismo objetivo. Aquel oso caracterizado de capitán de barco no había sido solicitado por las esperanzas de nadie hasta que uno de ellos lo imaginó surcando mares de piratas. En el mismo momento que un dedo lo señalaba como propio otro dedo negaba la situación con el famoso ¨yo lo vi primero¨. No hubo acuerdo y terminaría aquel peluche descuartizado a lo salomónico por unas tijeras sin filo cuando cumplieron veinte años de aquel enfrentamiento.

Un tiempo después, ya con veintiséis años, contemplaban el cristal de la computadora como si fueran las propias estrellas de Marte. En etapa de verano pero fríos como el hielo cuatro manos se lanzaban al llanto árido de las redes sociales a golpe de teclado. Pantalla adentro todo un mundo de oportunidades de tamaño, color, consistencia y apariencia tan modular como la metamorfosis de un like por parte de un desconocido. La baba de dos adultos incluso llegaba a impregnar el cristal con ensoñaciones líquidas de todo lo que se podría hacer con aquellos likes. Pronto volaron los ¨Me gusta¨, ¨Me encanta¨, ¨Me divierte¨, ¨Me asombra¨… De forma gradual los comentarios de más envergadura, iconos más brillantes y mayor número de palabras abreviadas eran los primeros en ser ratificados como positivos en el hipotético destino de encontrar un amor digital en la noche menos esperada en el cielo de Afrodita, Eros y Venus. Atrás quedaban los debates de política y deportes e incluso los  memes que en el futuro serían los más recordados como lo serían los que hablaban de la vida cotidiana y atemporal. 

Tic, tac, tic ese like es para mí. Pim, pam, púm mi lista de amigos no la tienes tú. Con estas frases acompañadas de menos risas y más llantos se repartían toda la red social como demandante del yo existo en el mundo con el derecho de ser feliz pero que tú lo sepas. Resulta curioso que muchos de esos contactos no eran deseados siempre y ni entraban en las posibilidades de diálogo a no ser que otra persona se hubiera fijado antes en ellos. Yo, ya, yí, primero yo la ví. No, ne, ní, esa no será para tí. Los dos hermanos se enfrentaron por un mismo objetivo. Carmen, radiante piloto de aviación, no había sido solicitada por las esperanzas de nadie hasta que uno de ellos la imaginó surcando los cielos más allá de su techo. En el mismo momento que un dedo pulsaba el ratón para dar el like con un emoticono de corazones otro dedo negaba la situación con el famoso ¨yo la vi primero¨ y apagaba el wifi para que no llegara tal indicación. Ninguno salió jamás a mirarla a los ojos.  No hubo acuerdo y terminaría Carmen, ajena a ellos, enamorada a lo Europa mediante una conversación informal en una librería donde cuatro manos apostaron por el mismo libro y por alguien que no tenía cuenta alguna en redes sociales. Fue solo tres memes más tarde de aquel posible like cuando la suavidad del destino apareció al descubrirle el amor tras aquel enfrentamiento entre hermanos que nunca llegó a conocer.

<< Mira, es Carmen, es su foto de boda, ¿les damos un like? >>.

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