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Primero fue el arzobispo de Tucumán, Alfredo Zecca; ahora tocó el turno a Gustavo Zanchetta, obispo de Orán. Ambos estaban muy lejos de la edad para la jubilación obligatoria, ambos argumentaron problemas de salud pero sus salidas se encuentran envueltas en misterio

 

Gustavo Zanchetta era obispo de Orán, al norte de Argentina. Este día el Papa Francisco le aceptó su renuncia al puesto. El Vaticano no dio explicaciones de su imprevista salida. Tiene 53 años, aún le quedaban 22 años de pastor antes de estar obligado a presentar su renuncia por edad, al cumplir 75. Su salida imprevista está envuelta en misterio. Aunque argumentó padecer problemas de salud, en su diócesis circulan otras versiones. Un caso muy similar al apenas dimitido arzobispo de Tucumán, Alfredo Zecca. 

 

“El santo padre Francisco aceptó la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Orán (Argentina), presentada por S.E. Mons. Gustavo O. Zanchetta”. Apenas esas palabras bastaron a la sala de prensa de la Santa Sede para oficializar la dimisión. Pero desde el 29 de julio circulaba entre los feligreses de esa diócesis, en la provincia de Salta, una carta del obispo anticipando los hechos.  

 

En la misma, el clérigo sostuvo padecer desde hace tiempo “un problema de salud” que no le permite “llevar plenamente el ministerio pastoral” confiado, “teniendo en cuenta la vasta extensión de nuestro territorio diocesano, y los enormes desafíos que tenemos como Iglesia en el norte de la patria”. 

 

“Por eso he puesto en manos del Santo Padre esta decisión, que creo es la mejor, sobre todo pensando en ustedes, antes que en mí mismo, y porque la recuperación que debo encarar no puedo hacerla aquí”, precisó. Y añadió: “Dado que debo partir lo antes posible para iniciar el tratamiento, me despido con esta carta, aunque quisiera poder estrechar las manos de todos, especialmente de los más pobres, débiles y sufrientes”. 

 

Nada más. El texto no especificó el tipo de enfermedad, que tampoco trascendió públicamente. Si bien algunas fuentes hablaron de algún padecimiento, nada que justificara una huida furtiva, imprevista, sin siquiera una mínima despedida.  

 

Como reveló el portal argentino Caminos Religiosos, el vicario general de la diócesis, Gabriel Acevedo, comunicó por escrito a la Conferencia Episcopal Argentina -a través de su secretario ejecutivo y obispo de Chascomús, Carlos Malfa- “lo que ya se considera un escándalo”. Y precisó en una carta: “El Sr. Obispo Gustavo, dejó la diócesis en horas de la mañana con destino a la Arquidiócesis de Corrientes, será recibido como huésped por el Sr. Arzobispo, Mons. Andrés Stanovnik”. 

 

Es decir, Zanchetta estaba tan apurado que ni siquiera pudo esperar que su salida fuese oficial. Decidió viajar a 860 kilómetros de distancia para “esperar ahí” la aceptación de su renuncia por parte del Papa.  

 

El texto del portal calificó su nombramiento episcopal de “polémico” y “resistido” por algunos sectores eclesiales. Y recordó que, en el seno de la Conferencia Episcopal Argentina, Zanchetta trabajó con Alfredo Zecca, hasta hace pocas semanas arzobispo de Tucumán, también renunciante en extrañas condiciones. “Dos jóvenes obispos que, cuestionados fuera y dentro de la Iglesia, y cuyas promociones fueron inexplicables para propios y extraños, debieron dejar sus cargos por aparentes temas de salud con pocas semanas de diferencia”, abundó. 

Además recordó que, en su paso por la diócesis de Quilmes, el hasta hoy pastor de Orán cosechó “numerosas denuncias en materia de malos manejos económicos”. Algo que se habría repetido en la demarcación eclesiástica que guía desde julio de 2013 y para la cual fue designado por el Papa Francisco. Es decir, duró en el cargo duró apenas cuatro años.  

 

“Zanchetta también es recordado por haberse negado a un control antidroga de rutina que la Gendarmería Nacional estaba llevando adelante en rutas de Salta en mayo de 2014. Abusando de su investidura amenazando a los oficiales con denunciarlos ante sus superiores y luego de una fuerte discusión con las autoridades del control, el vehículo del Obispo fue inspeccionado y se le permitió seguir”, añadió. 

 

Los señalamientos contra el clérigo tienen antecedentes. Poco después de su designación en 2013, se colgó en la página de internet Change.org una petición pública urgiendo al Papa revisar el nombramiento.  

 

“Fundamento mi pedido no sólo en el conocimiento personal que tengo del caso, sino en el conocimiento que tiene todo el clero del Obispado de Quilmes, acerca de los innumerables anti-testimonios cristianos que ha cometido dicho sacerdote y que han escandalizado a numerosas familias de la diócesis”, escribió Santiago Gerardo Spadafora, quien reveló haber sido denunciado por “falso testimonio” por el propio Zanchetta.  

 

Este caso se sumó al de Alfredo Zecca, el arzobispo de la diócesis del fallecido cura Viroche, cuya muerte es reclamada como un asesinato y que el pastor se obstinó en hacer pasar como un suicidio. También por motivos de edad, él anticipó su renuncia en una carta del 22 de junio pasado. Su salida fue aceptada por el Papa el 9 de julio.  

 

Además existen otros antecedentes en Argentina, como el del arzobispo de Rosario, José Luis Mollaghan, quien dejó la diócesis anticipadamente y en medio de rumores cruzados, el 19 de mayo de 2014. Algo similar ocurrió con Oscar Sarlinga, pastor de Zárate-Campana. Él dejó el puesto “envuelto en denuncias por malversación de fondos, lavado de dinero, abuso de poder y comportamientos inapropiados”, como reportó la prensa ante su sorpresiva dimisión, en noviembre de 2015. 

 

En ninguno de estos casos, ni la Santa Sede ni el episcopado argentino ha informado públicamente los motivos verdaderos de las respectivas renuncias. Como establece una antigua práctica eclesiástica. 


Texto originalmente publicado en: http://www.lastampa.it

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