Por: Meztli Méndez González 

Se puede tomar como un tema de interés general el porqué es tan difícil que las personas comiencen a leer, viendo el país en su estado actual nos vendría demasiado bien salir un poco del hoyo y crear una población más culta y de mejores ideas que puedan transformar poco a poco las mentes de los mexicanos al mismo tiempo que aprendemos a amar nuestro país. Es sumamente interesante, entonces, prestar atención a dos tipos de mexicanos en particular: la gente que lee y la que no. Digamos, por ejemplo, que una tiene el buen hábito de leer y la otra apenas si mira el instructivo de su licuadora nueva. la Persona 1 tiene como ambición cultivarse y aprender, mientras que la Persona 2 creerá que lo único que vale la pena aprender no va más allá de su propia experiencia práctica, que no necesita de los libros. 

Si sostenemos una conversación con la Persona 1 obtendremos una plática fluida y bastante interesante. Se puede ir desde “¿cómo está el clima hoy?” hasta “¿viste lo que posteó el zángano de Trump?”. Con seguridad esta persona sabrá de lo que le estamos hablando y ya se habrá echado un clavado en distintos artículos o libros que abordan el gobierno de Trump y su perspectiva para el futuro. Podremos incluso identificar el tipo de lecturas que prefiere, si se inclina por la ciencia ficción, los dramas o relatos históricos. A este modelo de personas se les llama también “cultas” lo que no es más que agregarle un nombre presuntuoso a una costumbre saludable. Por lo general, la gente que gusta de cultivarse y aprender, disfruta también mostrar y compartir su sabiduría, y lo hace de distintas formas. Centrándonos en el ejemplo de la Persona 1, podemos referir que sus reuniones con amigos y en el trabajo son un éxito gracias a que puede relacionar libros como Memoria de mis putas tristes de Gabriel García Márquez y Lolita de Vladimir Navokov. Será interesante escucharlo hablar porque contrastará a ambos libros de forma intuitiva, sin importar la temporalidad ni espacialidad de estos. Las historias, sobre todo en sus desenlaces, tienen similitudes a pesar de que la del nobel colombiano reflexione cómo el sexo casual con una virgen deviene en un enamoramiento repentino y que el escritor ruso narre cómo un hombre se enamora de manera enfermiza de una niña. Ambos autores tratan un tema polémico, pero nuestro interlocutor sabrá destacar los aspectos profundos de las obras y darnos una reflexión interesante. Por supuesto: leer no te convierte en ningún tipo de súper héroe, pero sí te da “súper poderes contra la ignorancia” y te permite tener una lectura amplia de la sociedad a través de la cultura lo que es, por mucho, un avance importante.

Por otro lado, si conversamos con la Persona 2, nos podremos dar cuenta de que (si somos como la Persona 1) será muy fácil sorprenderlo, y puede quedar muy interesado en seguir una conversación aunque no tenga un gran conocimiento del tema. Quizás la Persona 2 tiene algo de conocimiento, obtenido a través de noticieros o artículos breves en revistas digitales, y puede formular una opinión con algo de fundamento. Pero si nos vamos a un caso extremo, es decir, si esta persona nunca ha tocado un libro, sus opiniones siempre serán superficiales. A veces la información que tienen es errónea, de fuentes falsas, se dejan llevar por mitos y saberes de los que no tienen argumentos válidos; a ellos se les considera crédulos y fáciles de engañar. Este tipo de personas, por desgracia muy comunes, son, por mucho, las que prefieren algunos partidos políticos para que apoyen sus campañas. Ellos saben que esta gente jamás se va a interesar en leer un poco acerca de sus candidatos. Si les ofrecen un lindo rostro y regalos estampados con el logo del partido, tendrán presas fáciles que garantizarán muchos votos. 

Pero, ¿cómo cambiaría la lectura a las personas tipo 2? Si las personas del tipo 2 empezaran a leer con más frecuencia y con más calidad, podría comenzar una revolución cultural impresionante. Para empezar, si leyeran un libro como Padre rico, padre pobre de Robert Kiyosaki y Sharon Lechte se darían cuenta del modelo de mediocridad que se promueve en este tipo de publicaciones. Muchos de estos libros “mágicos” sólo dan recetas para volverse rico, a veces sin mover un dedo, con el poder del pensamiento o los buenos deseos. El comenzar a leer textos más interesantes que Padre rico, padre pobre es abrir un formulario con las respuestas a muchas de sus dudas y, mejor aún, respuestas a preguntas que nunca se habían hecho pero que al conocerlas aprenden. Leyendo libros más profundos se pueden formular buenas preguntas, preguntas válidas sobre el gobierno, sobre su sitio de trabajo, incluso se puede preguntar sobre la manera de emitir un sentimiento, o de entender el sexo y el amor comprometido. Si a cada persona que hoy dice que le da flojera leer o no le llama la atención se le diera un libro que garantizase su interés, en esta persona se despertaría una sed de conocimiento que puede rescatar a nuestra sociedad de muchas formas. Todos podríamos ser más como el modelo de la Persona 1 que es un conjunto de unas cinco personas distintas que tengo el gusto de conocer, y con las que he compartido pláticas sumamente interesantes, que me han dado el material necesario para poder identificar a ejemplos de buenos lectores.

 

 

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