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[La estudiante de Ingeniería en Agronomía estudió en la Universidad Católica de Santa María. ]

Montserrat Méndez García, estudiante de Ingeniería en Agronomía, realizó dos intercambios a Perú, en la Universidad Católica de Santa María, durante el 2014 y luego en 2016. Animada por la experiencia de otras alumnas, que le comentaron de un convenio que incluía comida y hospedaje, eligió ese país como destino.

“Antes de realizar este intercambio yo ya había viajado a Vancouver, justo antes de entrar a la universidad. Y viajar es algo que amo hacer, entonces ese fue uno de los incentivos para hacer una estancia en el extranjero durante la carrera. También conozco otras partes del mundo como Alemania y después conocí Bolivia”.

La primera vez que se fue, le resultó un poco difícil adaptarse porque ya habían empezado las clases y no pudo conocer a más gente de intercambio, incluso llegó a extrañar México, pero poco después, hizo amigos y se adaptó completamente. Cuando regresó a Perú, su segunda vez, vivió lo que ella describe como una de las experiencias más bonitas de su estancia.

“Pude conocer la Montaña de los Siete Colores, en Cuzco. Mide aproximadamente  5 mil metros sobre el nivel del mar y el camino por el que subes es muy angosto y con muchas curvas; tardas alrededor de tres horas en subir, y otras tres en bajar. Aunque la presión del aire cambia mucho, y subir es todo un rollo, creo que es bonita porque estar hasta arriba te permite una vista increíble en la que finalmente ves todos los colores formados por los tipos de tierra y minerales de las distintas capas de la montaña”.

Como en todo intercambio, Montserrat se enfrentó al reto de manejar la independencia, administrar su tiempo entre la escuela, tarea, descanso y recreación, así como lidiar con temas como la movilidad, pues de su nueva universidad a los invernaderos donde realizaba sus prácticas, el trayecto era de aproximadamente media hora y debía tomar dos camiones para luego caminar. En cuanto a la comida, como suele pasar cuando no conocer la gastronomía, la estudiante tuvo que cambiar de dieta, lo que le ocasionó que se enfermara al principio, pero después se acostumbró.

“En cuanto al aprendizaje, recomendaría totalmente la universidad porque los profesores y materias me gustaron bastante. El nivel de exigencia académica es muy alto allá, por lo que siento que aprendes mucho; por ejemplo, todas mis clases tenían prácticas, entonces podías hacer cultivos, herbarios y complementarlas en los laboratorios”.

Después de su intercambio, Montserrat asegura que cambió su forma de pensar, ya que aprendió sobre las diferentes formas de hablar, comer y ejercer la educación. Estar lejos le ayudó a valorar su casa, su mi familia y las oportunidades que la propia UPAEP ofrece. Actualmente, mientras cursa sus últimos semestres de la carrera, Monserrat tiene como plan a futuro establecerse en la industria cafetalera y buscar trabajo en México, Coatepec; o bien, viajar a Costa Rica, con el mismo fin.

Gracias a sus dos intercambios, la estudiante de Ingeniería en Agronomía le recomienda a quienes tengan el deseo de irse, como ella, que lo hagan. “Es una experiencia que abre tu mente, te hace crecer en muchos aspectos y cambia tu visión del mundo completamente. Perú, como muchos lugares de Sudamérica, es un lugar muy padre, al que deberíamos prestarle más atención porque, al pensar que solo Estados Unidos o Europa son lo máximo, dejamos el resto de lugares abandonados”.

 

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