Anti-vacuna filosófica. Correspondencia II
12/06/2026
Autor: Roberto Casales García
Cargo: Profesor Investigador de Formación Humanista

En la primera entrega decía que una de las razones por las que los alumnos llegan vacunados en contra de la filosofía se debe a las malas prácticas pedagógicas de algunos colegas que, creyendo que basta el mero dominio de su disciplina, desprecian otro tipo de saberes que son fundamentales para ser un buen docente, como la didáctica. Uno de los principales errores que los filósofos cometen es el de presuponer que los alumnos comprenden la razón de ser de estas asignaturas, dando por sentado que, de no ser así, se debe a una falta de comprensión del alumno. En muchos casos, sin embargo, se aprecia que el docente simplemente lo da por sentado y, al obviarlo, los alumnos pierden de vista el sentido de lo estudiado. Me temo, incluso, que algunos sólo lo den por sentado sin siquiera saber realmente el sentido que tiene estudiar su asignatura.

Entre mis primeras experiencias como docente universitario, recuerdo una ocasión en la que suplí a un profesor de lógica jurídica, quien me pidió que les explicara a sus estudiantes cómo resolver tablas de verdad. Tras explicarles el tema a profundidad y hacer varios ejercicios para que los alumnos profundizaran en esto, uno de los alumnos me cuestionó para qué estudiaban tablas de verdad si, al momento de litigar, es decir, al momento de estar ante el juez, no podrían usarlas como tal. Ante semejante cuestionamiento recordé mi propia experiencia como alumno de filosofía, ya que también me hice esta pregunta durante mucho tiempo. A lo largo de mis estudios cursé casi dos años de lógica y, aunque era una asignatura que se me facilitaba (no a la perfección, pero sí lo suficiente como para tener una buena nota y resolver los problemas que me planteaban), no comprendí la razón de ser de esa asignatura hasta casi el final. En una de mis últimas clases, en efecto, el profesor nos recordó que todo lo que habíamos estudiado tenía el propósito de saber discernir un buen argumento de uno malo, de modo que al argumentar lo hiciéramos de la mejor forma posible. Recuerdo que, al menos para mí, esto fue una especie de revelación: de pronto todo tuvo sentido. Hasta ese momento me había conformado con pasar la asignatura con un promedio decente, pero en e se momento algo cambió en mí: tenía sentido hacer lo que habíamos realizado durante dos años. Si esto lo hubiese comprendido antes, tal vez su estudio me habría interesado más y no me habría conformado por simplemente tener una buena nota.

En el estudio de la filosofía es frecuente que los profesores se limiten a dar su asignatura sin explicar el sentido de la misma. Incluso me parece que a veces desconocen el sentido que ésta tiene, no ya en sí misma -que es probable que eso lo tengan claro, pues se dedican a ello-, sino su sentido en relación a la totalidad del programa de estudio. Aquello que aparece en el mapa curricular como los objetivos generales del programa, los fines de aprendizaje o como quieran que lo llamen, cobra especial sentido cuando comprendemos lo que cada una de esas asignaturas aporta a la formación total de nuestros estudiantes. Y si esto no lo explicitamos durante el curso, si no insistimos en la razón de ser de nuestra asignatura, los alumnos pierden de vista el sentido de estudiarla. El resultado de esto es claro: los alumnos empiezan a desmotivarse o a tratar la asignatura como algo carente de valor formativo, se muestran indiferentes ante una asignatura que, al menos para ellos, carece de sentido. Y no es su obligación saber cuál es el sentido de estudiar tal o cual cosa, eso depende por completo del docente. En las siguientes cartas, la segunda parte de nuestra correspondencia, los alumnos mismos reflexionan sobre el sentido mismo de estudiar filosofía.

Carta 3: Danna Carolina Barbecho Bermeo

Querida y bella amiga Suca

Espero que estés muy bien. Pues estos días han sido llenos de estrés y trabajos, ya que estoy en mis últimas semanas de este segundo semestre en la universidad, y la verdad decidí leer un libro que me recomendó un profesor, que se llama “Pensar la vida desde una perspectiva filosófica: reflexiones intempestivas”, antes de dormir me leía algunas páginas. Para serte sincera, fue una maravillosa experiencia, así que quiero compartírtela. Creí que podría ser un texto complicado de entender, pero fue una invitación a reflexionar sobre nuestra propia existencia; me ayuda a relajarme y reflexionar sobre todas las cosas que suceden.

Te lo quiero recomendar no solo porque es interesante, sino porque me hizo cuestionarme muchas cosas sobre cómo vivimos. A veces no expresamos nuestros pensamientos sobre nuestras cosas y continuamos en la misma rutina de siempre, en la escuela, en el celular o en preocupaciones diarias, que no nos detenemos un pequeño momento a pensar realmente en lo que somos o en lo que estamos haciendo con nuestra vida. El libro menciona algo que me llamó mucho la atención: vivimos en una especie de “frenesí”, vivimos tan enfocados en producir o aparentar que dejamos de preguntarnos qué realmente queremos, siempre ocupados, corriendo para todos lados, pero nunca nos damos un tiempo para reflexionar profundamente sobre nosotros mismos. Y pues la verdad tiene toda la razón, porque estas últimas semanas solo me la he pasado enfocada en pasar las materias y dar mi máximo esfuerzo en todos los proyectos.

Una de las ideas que más me impactó es que la filosofía no es solo para expertos o personas que lo estudian, sino que todos podemos adentrarnos en el mundo de la filosofía, en diversas formas, no hay una guía para empezar a reflexionar menos la forma correcta de hacerlo. Aunque sea una vez, en algún momento nos preguntamos quiénes somos, qué sentido tiene lo que hacemos o por qué nos sentimos de cierta manera. El problema es que muchas veces evitamos esas preguntas porque nos incomodan o son difíciles de abordar, y preferimos enfocarnos en problemas que si podemos resolver.

También me llamó mucho la atención cómo el libro critica la superficialidad de la vida, con distracciones para evitar enfrentarnos a nosotros mismos. Por ejemplo, en lugar de pensar en nuestras emociones o en nuestras decisiones, preferimos entretenernos o mantenernos ocupados. Esto me hizo pesar bastante, porque creo que muchas veces yo también hago eso sin darme cuenta, prefiero concentrarme en mis trabajos y pendientes, evitando tocar los temas sensibles que me rodean, poniéndolos en pausa, esperando que de alguna u otra forma solo desaparezcan y se resuelvan solitos.

Otra idea importante es que la filosofía no siempre tiene respuestas claras y precisas, y eso no es algo malo, el libro recalca que muchas veces la filosofía genera nuevas preguntas sin respuestas, pero en realidad eso nos ayuda a entender de mejor manera la vida que llevamos.   Esto rompe con el estereotipo de que debemos tener todo resuelto, lo cual no suele ser verdad, pero con solo cuestionarse un poco la situación, ya es un paso muy importante, que nos lleva a reflexionar y poder resolver de poco a poco las cosas que nos abruman.

Además, algo muy emotivo es que el libro utiliza cartas entre dos personas, enfatizando que no tenemos que pensar solos y podemos ocupar la ayuda de otras personas para llegar a nuestras propias respuestas. Por eso te lo comparto, ya que te has convertido en una persona con la cual puedo reflexionar sobre todo lo que pasa en esto que se llama vida. No es necesario que te leas todo, sino que te des tu momento para pensar, sé que no es lo mismo porque usualmente solíamos ayudarnos y reflexionar juntas para resolver nuestros problemas, un abrazo, unas palabras de aliento y motivación, y así podíamos avanzar y darlo todo.

Más que nada, te recomiendo este libro porque siento que nos puede ayudar a ver la vida de una forma diferente, enfocándonos en temas más profundos, menos automáticos. A veces vivimos sin cuestionar nada, y este tipo de lecturas nos ayudan a abrir los ojos, nos despiertan un poco, nos obligan a pensar y a salir de esa comodidad, bueno eso me lo genero a mí y espero que cuando lo leas también.

Me gustaría mucho que, si te das un tiempo para leerlo, podamos platicar sobre lo que te pareció, qué reflexiones llegaron a tu vida. Creo que sería una buena idea que compartiéramos nuestras ideas y viéramos qué fue lo que más nos llamó la atención o a qué conclusiones llegaste. Yo sé que la distancia es un factor importante, porque me encantaría darte un abrazo y compartir todas nuestras locuras, pero no hace falta mucho para que nos podamos reencontrar, y siento que este libro te podría ayudar mientras tanto. Si los autores pudieron llegar a construir un libro con cartas, a pesar de la distancia, imagina las posibilidades que podríamos llegar a hacer juntas.

Gracias por leer esta carta. Para mí es importante compartirte esto porque eres una de mis mejores amigas y sé que leer este libro te va ayudar un montón, solo espero ya poder regresar y discutir de esto, y pasar un lindo momento con tu compañía, has sido una persona muy significativa en mi vida y espero que puedas disfrutar de esta maravillosa experiencia.

Con cariño,

Danna Barbecho

Carta 4: Luis Adrián López Romero

Hola mamá:

Espero que estés muy bien. Te escribo esta carta porque hace poco terminé de leer un libro que me dejó pensando, y no sé por qué, me dieron muchas ganas de compartírtelo. Se llama Pensar la vida desde una perspectiva filosófica: Reflexiones intempestivas, de Roberto Casales y Adolfo Mancera.

Ya sé que cuando uno escucha la palabra "filosofía" se imagina algo aburridísimo, de esos libros que solo sirven para que se te llenen de polvo en el estante, pero este es distinto. Son cartas entre dos amigos y, mientras lo leía, sentía que estaba escuchando una plática entre nosotros, pero con un poquito más de orden. Lo que más me llamó la atención, y la razón principal por la que quiero que lo leas, es cómo critican la forma en la que vivimos hoy. Los autores dicen que estamos metidos en una "lógica de mercado" donde todo tiene que ser rápido, útil y darnos algún beneficio inmediato. Me puse a pensar mucho en eso, porque a veces parece que si no estamos produciendo o haciendo algo "provechoso", sentimos que estamos perdiendo el tiempo. El libro dice que esta mentalidad nos hace ver a las personas casi como cosas desechables: si alguien ya no nos sirve o no nos aporta algo, lo hacemos a un lado.

Me hizo reflexionar sobre cómo hemos perdido esa capacidad de simplemente estar con el otro sin prisas. Ellos proponen que la filosofía sea un "fármaco", no para curar una enfermedad del cuerpo, sino para ayudarnos a digerir lo frágiles que somos. Me recordó a esos días en los que uno se siente abrumado por la incertidumbre del futuro; el libro dice que no está mal sentir eso, que es parte de ser humanos y que reconocerlo es el primer paso para vivir mejor.

Hay otra parte que me gustó mucho y que creo que te va a encantar porque tú siempre me lo has dicho: critican a los académicos que se creen muy intelectuales pero que solo repiten lo que dijeron otros hace siglos sin aterrizarlo a la realidad. Los autores dicen que hay un "vicio" de estudiar la historia de las ideas como si fuera una lista de súper, sin dejar que esas ideas nos cambien la vida. Para ellos, la filosofía de verdad es la que se hace "en la calle", la que te ayuda a entender tus propios problemas, tus miedos y tus alegrías. Me convenció mucho ese argumento de que pensar no debería ser un lujo de gente que tiene mucho tiempo libre, sino una necesidad básica para cualquier persona que no quiera vivir en automático. Me hizo pensar en todas esas veces que tú, sin haber estudiado una carrera de filosofía, me has dado consejos que tienen más sabiduría que cualquier libro técnico, porque vienen de la experiencia de vivir.

También hablan del amor de una forma que me pareció muy real y nada cursi. No lo ven como algo de película, sino como el acto de reconocer que el otro es importante, con todas sus fallas. Dicen que en un mundo que nos pide ser súper individualistas y pensar solo en nosotros, amar y cuidar a los demás es el único acto de rebeldía que realmente le da sentido a todo. Me detuve mucho en ese capítulo porque pensé en ti y en todo lo que has hecho por nosotros.

Los autores mencionan que la caridad y el cuidado son lo que nos ayuda a superar nuestra propia finitud; o sea, que aunque nos vayamos a morir, lo que dejamos en los demás es lo que se queda. Al leerlo, me di cuenta de que esa "filosofía del cuidado" es la que tú has aplicado siempre, aunque no le pongas esos nombres raros que usan los libros.

Incluso se meten en temas que a veces nos dan miedo tocar, como la fe y la política. Discuten si ser una persona de fe te quita la capacidad de pensar por ti mismo, y llegan a la conclusión de que la fe y la razón pueden convivir perfectamente si uno es honesto y no usa la religión como una excusa para dejar de cuestionar las cosas. Y en la parte política, me llamó la atención cómo explican que, aunque a veces nos quejemos del gobierno o de la sociedad, necesitamos reglas y respeto para poder vivir juntos sin destruirnos. No se quedan en la queja típica, sino que invitan a pensar cómo podemos ser mejores ciudadanos desde lo que nos toca.

Te invito a leerlo, de verdad, porque creo que te va a dar mucha paz sentir que alguien pone en palabras esas dudas que todos tenemos pero que casi nunca decimos en voz alta por miedo a parecer raros. A veces nos sentimos solos en nuestras preocupaciones, pero leer a estos dos amigos me hizo sentir que todos estamos en el mismo barco, tratando de encontrarle un significado a este paso tan breve que tenemos por el mundo.

No es un libro que te quiera dar lecciones de moral, sino que te invita a sentarte a pensar un ratito sobre qué estamos haciendo aquí y cómo podemos disfrutar más de las cosas pequeñas. Me gustaría mucho que después de que lo leas, o conforme lo vayas leyendo, nos sentemos a platicarlo. Siento que leerlo nos daría temas de plática muy padres y nos ayudaría a entendernos mejor.

Te quiero mucho, mamá. Gracias por estar siempre ahí y por enseñarme, a tu modo, que la vida se piensa viviendo, no nada más leyendo.

Con mucho cariño,

Luis