Una alianza para formar con esperanza
22/06/2026
Autor: Jesús Ramón Rodríguez Guardado
Cargo: Misraim Álvarez Bolaños

Un nuevo hito se vive en UPAEP, a partir de este 22 de junio nos sumamos a la Red Educativa Spes, una alianza que se propone ser un ecosistema vivo, dinámico y plural de diversos carismas, metodologías y experiencias con un objetivo común: la formación integral de la persona humana con la finalidad de contribuir al bien común.

Aquí presentamos íntegro el texto leído durante el acto protocolario de la firma del convenio de constitución de esta nueva alianza, por el Lic. Jesús Ramón Rodríguez Guardado, Abogado General de la Red Educativa Spes:

Hoy nos convoca un propósito común que da sentido a este acto: la constitución de la Red Educativa SPES, que nace como un espacio de comunión, colaboración y corresponsabilidad, orientado a fortalecer la misión formativa de nuestras instituciones. La conformación de esta Red es una apuesta compartida por la educación como camino de transformación personal y social. En función de este propósito, hoy reconocemos la relevancia de cada una de las instituciones aquí presentes, pues es precisamente en la suma de sus esfuerzos, en la riqueza de sus trayectorias y en la diversidad de sus carismas, donde la red encuentra su verdadera fuerza.

Nos inspira y orienta un sólido fundamento doctrinal y pedagógico, que encuentra su raíz en el magisterio de la Iglesia, particularmente en documentos como la Divini Illius Magistri de Pío XI, Gravissimum Educationis del Concilio Vaticano II, promulgada por San Pablo VI, Catechesi Tradendae y Ex Corde Ecclesiae de San Juan Pablo II, el Pacto Educativo Global del Papa Francisco, así como la Carta Apostólica “Diseñar nuevos mapas de esperanza” del Papa León XIV. A la luz de este horizonte, concebimos la educación cristiana como una dimensión esencial de la evangelización, orientada a la formación integral de la persona humana en todas sus dimensiones y abierta a su destino trascendente. Reconocemos en cada persona una dignidad inviolable, lo que nos compromete a educar como un verdadero oficio de esperanza, promoviendo el desarrollo pleno del ser humano y su compromiso con el bien común.

En este camino, asumimos la excelencia académica como una búsqueda permanente de calidad, rigor intelectual e innovación, entendiendo que su medida más auténtica se encuentra en la formación de personas íntegras, capaces de servir a la sociedad con responsabilidad y sentido ético. Apostamos por un diálogo armónico entre fe, razón y cultura, que permita integrar el conocimiento en una visión unitaria de la verdad. Asimismo, reconocemos que la educación es una tarea compartida, en la que la familia ocupa un lugar primario e insustituible, en corresponsabilidad con las instituciones, la sociedad y el Estado.

Conscientes de los desafíos de nuestro tiempo, entendemos la educación como un compromiso social que nos llama a construir esperanza, promoviendo la justicia, la inclusión y la atención preferente a los más vulnerables. En este sentido, concebimos esta alianza como una verdadera constelación educativa: una red viva en la que cada institución, desde su identidad, se integra en un proyecto común que potencia la diversidad y la convierte en riqueza. Finalmente, asumimos de manera decidida los compromisos del Pacto Educativo Global, poniendo a la persona en el centro, escuchando a las nuevas generaciones, fortaleciendo el papel de la familia, promoviendo la inclusión, repensando los modelos sociales desde una perspectiva de ecología integral y cultivando, además, la vida interior, una educación digital con humanidad y la construcción de una paz auténtica.

En este horizonte, adquiere especial relevancia el llamado del Papa Francisco a través del Pacto Educativo Global, que inspira de manera decisiva este esfuerzo. El Papa nos recuerda que educar es un acto de amor y de responsabilidad con la humanidad y con el mundo que compartimos, una tarea que exige abrirnos, colaborar y construir juntos. Esta red recoge ese llamado y lo traduce en una acción concreta: caminar juntos para educar mejor.

Desde una perspectiva jurídica, el convenio que hoy se firma constituye un acuerdo de voluntades entre instituciones que, sin perder su identidad ni su autonomía, deciden asociarse de manera libre y colaborativa para alcanzar fines comunes. Se trata de una alianza que establece mecanismos de coordinación, define órganos de gobierno y fija compromisos claros para trabajar de manera organizada, compartir buenas prácticas, fortalecer estándares y desarrollar proyectos conjuntos. Es, en esencia, un instrumento constitutivo que da estructura y permanencia a una voluntad previa: la de colaborar en favor de una misión educativa compartida.

Pero más allá de su dimensión formal, este convenio representa un compromiso vivo. Es la expresión de una confianza mutua y de una decisión consciente de caminar como una verdadera “constelación educativa”, donde cada institución brilla con luz propia, pero encuentra mayor sentido al integrarse en un proyecto común.

Permítanme cerrar con una reflexión. En un contexto marcado por desafíos sociales, culturales y educativos cada vez más complejos, optar por la colaboración no es lo más sencillo, pero sí lo más necesario. Hoy, al firmar este convenio, no solo estamos constituyendo una red; estamos construyendo un signo de esperanza. Una esperanza que se fundamenta en nuestros principios, que se enriquece con nuestros matices propios, que se fortalece en la unidad y que se proyecta hacia el futuro.

Que este acto sea el inicio de un camino fecundo, en el que, fieles a los principios que nos unen y al llamado del Papa Francisco, sepamos educar no solo con conocimiento, sino con sentido, con compromiso y con profunda humanidad.