El otrora candidato al Premio Nobel de la Paz, S.M. Donald I, inició en febrero una guerra contra Irán con el abierto propósito de lograr un cambio de régimen en la nación persa, prometiendo a la población de ese país que vendrían tiempos mejores: “¡La ayuda está en camino!”, proclamó. Él y su compinche Benjamin Netanyahu declararon que no exigirían menos que “la completa rendición” de Irán. Así que el “magnífico acuerdo” firmado en estos días en París y en Teherán (una declaración de propósitos) quedó muy lejos de lo que esperaban los agresores y dejó como el gran vencedor al régimen iraní, que sigue siendo autoritario, agresivo y sanguinario con la propia población iraní y con los vecinos.
El memorando de entendimiento firmado por Estados Unidos e Irán tiene como objetivo poner fin a la guerra en Oriente Medio, que se ha prolongado desde febrero, levantar el bloqueo naval del estrecho de Ormuz y allanar el camino para un alivio de sanciones de gran alcance y un fondo internacional para la reconstrucción de Irán.
Las principales ventajas y desventajas de este acuerdo son, en resumen:
1) Ventajas (Oportunidades)
A) Desescalada y distensión: El acuerdo pone fin de inmediato a la acción militar en todos los frentes (incluido el Líbano, aunque con las reticencias de Israel) y evita una mayor escalada.
B) Estabilización de la economía mundial: El fin del bloqueo naval y la limpieza de minas del estrecho de Ormuz garantizan el vital comercio internacional de energía.
C) Recuperación económica: Irán recibe ingresos muy necesarios gracias a la suspensión de las sanciones petroleras para combatir la alta inflación y apoyar su economía en dificultades.
D) Reconstrucción: Un fondo internacional planificado de al menos 300,000 millones de dólares, respaldado por los Estados del Golfo y algunos inversionistas asiáticos, tiene como objetivo financiar la reconstrucción en la región.
2) Desventajas (Riesgos y Críticas)
A) El problema nuclear sigue sin resolverse: Si bien el acuerdo marco reafirma la renuncia de Irán a las armas nucleares, primero deben negociarse mecanismos de control concretos o regulaciones para el programa nuclear en curso y el enriquecimiento de uranio en un acuerdo final.
B) Impacto incierto a largo plazo: El periodo inicial de 60 días para negociar un tratado duradero es muy corto.
C) Escepticismo de los socios occidentales: Estados Unidos y las potencias europeas suelen exigir restricciones de gran alcance, como el fin del apoyo a las milicias regionales, que no están incluidas en el acuerdo marco actual.
Estos acuerdos hasta ahora alcanzados, que aún no son definitivos, han encontrado fuertes críticas en los países europeos y en los Estados Unidos, incluyendo a muchos políticos republicanos, quienes no están de acuerdo con algunas de sus cláusulas. Entre los puntos de controversia se encuentra el fondo de reconstrucción de 300 mil millones de dólares para la República Islámica, que Estados Unidos planea establecer junto con socios regionales. El senador republicano Roger Wicker afirmó que esta enorme cantidad de dinero hace que los pagos del acuerdo de 2015 del presidente Obama parezcan como una nimiedad.
Teme que Estados Unidos pueda poner en peligro los logros alcanzados en la guerra contra Irán. Como presidente del Comité de Servicios Armados, Wicker es uno de los miembros más influyentes del Congreso, y no se le conoce precisamente por criticar abiertamente al presidente Trump ni la guerra contra Irán, pero ahora parece estar en total desacuerdo con los “logros” del acuerdo.
Otro representante republicano, Thomas Massie, afirmó que 300 mil millones de dólares equivalen a cinco veces el gasto anual que el Congreso aprueba para invertir en carreteras y puentes en todo el territorio de los Estados Unidos. Los senadores republicanos Thom Tillis y Ted Cruz también expresaron sus críticas. Su compañero republicano en el Senado, Bill Cassidy, afirmó que antes de la guerra, el estrecho de Ormuz estaba abierto para obligar a Irán a abrirlo después de haberlo cerrado, el imponer eficientemente algunas sanciones habrían doblegado a Irán.
Ahora, después de unos meses de guerra y de la muerte de algunos militares estadounidenses y de cientos de civiles iraníes, las sanciones se están suavizando y Estados Unidos ha gastado miles de millones en petróleo y gasolina. "Este es el peor error de política exterior en décadas", afirmó Cassidy.
Esta crítica es una rara reprimenda por parte de miembros del Partido Republicano, quienes generalmente se han mantenido leales y sumisos al presidente. Sin embargo, parece que cada vez están más inquietos, ya que las consecuencias económicas del conflicto con Irán han perjudicado sus perspectivas de cara a las elecciones de mitad de mandato en noviembre. Cada día que pasa es un día menos rumbo a ese encuentro con las urnas.
La guerra de agresión de Rusia contra Ucrania en el flanco oriental de la Unión Europea, el desprecio hacia el derecho internacional por parte de Estados Unidos bajo la presidencia de Trump y las acusaciones de que Israel viola constantemente el derecho internacional humanitario en los conflictos de Oriente Medio han conmovido a muchos actores políticos europeos, estadounidenses y latinoamericanos de tendencias democráticas.
Parece ser evidente que el orden mundial establecido tras la Segunda Guerra Mundial parece haber llegado a su fin. El canciller alemán Friedrich Merz declaró en la Conferencia de Seguridad de Múnich en febrero de 2026: “Este orden, por imperfecto que fuera incluso en su mejor momento, ya no existe en su forma actual”.
Los interlocutores en Asia se sorprenden generalmente por la consternación de sus contrapartes europeos. Tiene razón el exdiplomático singapurense Bilahari Kausikan, quien declaró hace poco: “Creo que la competencia y el conflicto son características fundamentales de las relaciones internacionales. Esas verdades eternas e innegables se ocultaron durante un breve periodo —quizás unos 20 años, desde la caída del Muro de Berlín hasta el estallido de la crisis financiera mundial—, pues fue un periodo extraordinario en la historia mundial. Europa creía que la selva había sido domesticada definitivamente. Por eso está sufriendo una conmoción”.
Esta divergencia de perspectivas entre Europa y Asia es resultado de distintas experiencias históricas. Europa, bajo la protección de Estados Unidos, pudo soñar durante algunas décadas con un orden mundial liberal, lo que para Asia era impensable. Ahora podemos decir, a resulta de lo que hemos dicho, que los esfuerzos por establecer un orden mundial liberal fracasaron, por lo que un retorno de Estados Unidos al papel que desempeñó hasta la década de 2010 es imposible por simples razones estructurales.
El momento unipolar ha terminado definitivamente: Estados Unidos se ha extralimitado estratégicamente con las zonas de conflicto en Europa, Oriente Medio y Asia-Pacífico. Sí, es cierto: sigue siendo, con mucho, la mayor potencia militar del orbe, pero aún así sus enormes recursos son limitados para una tarea tan colosal.
Sin embargo, independientemente que los Estados Unidos se hayan extralimitado o no en el uso de sus recursos y posibilidades, también es cierto que parece haber allí, en la cabecita de Donald Trump y de sus secuaces una especie de “proyecto imperial”: Estados Unidos está aparentemente intentando establecer un mundo hegemónico de grandes potencias, una especie de “directorio mundial” constituido por ellos mismos, Rusia y China, buscando un mundo de esferas de influencia de las grandes potencias.
En este escenario, como consecuencia, no caben el derecho internacional ni las instituciones multilaterales como las Naciones Unidas, por lo que están siendo socavados por esos países, cada uno siguiendo sus propios motivos, sus propios intereses y sus propios recursos.
La mayoría de las demás naciones no tienen interés en un mundo así, por supuesto, así que tenemos que preguntarnos qué movimientos de resistencia están surgiendo ante el embate de las grandes potencias militares y económicas (ya hemos dicho en este espacio que Rusia es solamente una potencia nuclear, pero eso basta).
Podemos quizá identificar tres reacciones concretas, cada una dependiente de la ubicación geográfica, la voluntad política y el contexto estratégico.
1) Japón, situado cerca del creciente poder de China y con pocos socios afines en la región de Asia-Pacífico, no tiene más remedio que intentar profundizar su cooperación con Estados Unidos y Corea del Sur.
2) Europa, una entidad geográficamente unificada y políticamente interconectada, se centra en su fortalecimiento económico y militar, aunque con grandes dificultades. Está intentando de mantener a Estados Unidos de su lado el mayor tiempo posible durante la fase de transición, con el objetivo final de lograr la autosuficiencia en materia política, económica y de defensa militar.
3) El tercer modelo —una especie de “contraalianza” de las Potencias Centrales— fue formulado de manera magnífica por Mark Carney en su discurso, ampliamente difundido, en el Foro Económico Mundial de Davos en 2026: “El viejo orden no volverá. No debemos lamentar su desaparición. La nostalgia no es una estrategia. Pero de esta ruptura podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo. Esa es la tarea de las potencias medias”.
Un aspecto crucial del proceso de negociación es la expansión del círculo de protagonistas, pues la particularidad de este punto de inflexión histórico radica en que, por primera vez en siglos, las potencias no occidentales desempeñan y desempeñarán un papel decisivo en la configuración del nuevo orden mundial, pero, a diferencia del pasado, este orden ya no significará una occidentalización de la política mundial.
Los conceptos para establecer un orden global deberán tener en cuenta las ideas chinas, donde las normas sirven principalmente al colectivo más que al individuo, así como las convicciones del mundo musulmán, basadas en la comunidad de creyentes. Sin embargo, incluso dentro de estas concepciones de orden, existen otros conflictos, como los que hemos atestiguado entre el islam chiita y el sunita. Entre los países de América Latina, el único que parece tener los recursos, la voluntad política y la capacidad diplomática y militar de interactuar con las potencias medias y con las superpotencias es Brasil.










