Comunicar para evitar el rumor
06/07/2026
Autor: Dra. Eva María Pérez Castrejón
Cargo: Directora de Promoción UPAEP

La información forma parte de la naturaleza de toda organización: circula diariamente por distintos canales, en diferentes direcciones y con diversos propósitos. Lo deseable es que sea clara, oportuna, veraz y transparente, pues solo así genera certeza, fortalece la confianza y favorece un ambiente de estabilidad entre quienes integran una empresa o institución.

Sin embargo, cuando la información se sustituye por el silencio, surge un terreno fértil para las interpretaciones, las especulaciones y los malentendidos. Cada persona interpreta los hechos desde su propia experiencia, sus intereses y el lugar que ocupa dentro de la organización. En ese contexto aparecen mensajes contradictorios, el ruido comunicacional y el conocido “dicen que dijo”, una expresión que refleja la fragilidad de la información cuando deja de verificarse y comienza a transmitirse sin fundamento.

El rumor suele asociarse con algo negativo y, en efecto, puede llegar a ser profundamente destructivo. No obstante, también es una reacción humana ante la incertidumbre: cuando las personas no encuentran respuestas oficiales, buscan llenar los vacíos de información con explicaciones propias o ajenas. El problema es que esas respuestas suelen sustentarse en especulaciones, percepciones o interpretaciones erróneas que terminan adquiriendo apariencia de verdad.

Es precisamente en ese momento cuando la comunicación institucional cobra un valor estratégico. Comunicar no consiste únicamente en transmitir mensajes, sino en construir confianza. La comunicación es poder, porque una palabra puede fortalecer relaciones, inspirar compromiso y consolidar proyectos; pero también puede destruir reputaciones, afectar trayectorias profesionales y fracturar la convivencia organizacional.

Por ello, es indispensable hacer un uso responsable de todos los medios de comunicación: las conversaciones cotidianas, el boca a boca, los grupos de mensajería instantánea, las redes sociales y cualquier otro canal por el que circule información. El rumor nunca es inofensivo: deteriora el clima laboral, incrementa la ansiedad, genera desconfianza y desvía la atención de los objetivos institucionales. En muchos casos, también afecta la estabilidad personal y familiar de quienes lo padecen con frecuencia.

Algunas organizaciones creen que guardar silencio evita conflictos. La realidad demuestra lo contrario: la ausencia de información oficial provoca que otras personas ocupen ese espacio con versiones incompletas o falsas. Cuando esto sucede, la especulación termina apropiándose de la comunicación organizacional y ejerce un poder altamente destructivo.

Es preferible comunicar oportunamente, incluso cuando la información resulte difícil o incómoda. La honestidad, la transparencia y la oportunidad fortalecen la credibilidad institucional mucho más que el silencio. Informar de manera sistemática y asertiva, mantener abiertos los canales de comunicación y promover una retroalimentación constante permite que las personas encuentren respuestas, recuperen la confianza y concentren sus esfuerzos en el logro de los resultados organizacionales.

Asimismo, es importante recordar que las acciones hablan con mayor fuerza que los rumores. El trabajo consistente, la congruencia y el compromiso cotidiano terminan siendo la mejor respuesta frente a versiones infundadas; no vale la pena dedicar tiempo ni energía a aquello que únicamente busca sembrar incertidumbre o desacreditar el esfuerzo de los demás.

En este contexto, el liderazgo desempeña un papel fundamental. Las y los líderes deben procurar que la información sea clara; verificar siempre las fuentes antes de compartir cualquier versión, y analizar si existen interpretaciones erróneas que deban aclararse. Escuchar activamente, abrir espacios de diálogo, atender las inquietudes de las personas y resolver los malentendidos fortalece el sentido de pertenencia y consolida una cultura basada en la confianza.

Vivimos en un ecosistema donde la información viaja a una velocidad sin precedentes: en cuestión de minutos, un rumor puede recorrer toda una organización. Precisamente por ello, la transparencia ya no es una opción, sino una necesidad estratégica. Más temprano que tarde, la verdad encuentra la manera de salir a la luz.

El rumor no es únicamente consecuencia de la falta de información; es también un indicador del nivel de confianza que existe dentro de una organización. Allí donde prevalecen el silencio, la opacidad y la desinformación, los rumores encuentran el espacio ideal para multiplicarse. En cambio, cuando existe una comunicación abierta, honesta y coherente, las personas desarrollan criterios para distinguir entre los hechos y las especulaciones.

Comunicar con responsabilidad no solo evita rumores: fortalece la cultura organizacional, protege la dignidad de las personas y consolida relaciones de confianza. Al final, la confianza sigue siendo el activo más valioso de cualquier organización, y la comunicación es el puente que la hace posible.