Las campañas militares de la “Doncella de Orleans”
08/07/2026
Autor: Dr. Herminio S. de la Barquera y A.
Cargo: Profesor investigador de la Escuela de Relaciones Internacionales

En estos meses de mayo a julio se cumplen nada más y nada menos que 597 años de las hazañas militares exitosas de Santa Juana de Arco, la llamada “Doncella de Orleans”, como bien lo saben mis cuatro fieles y amables lectores, personas todas ellas conocedoras de la historia medieval y de la hagiografía, la historia de los santos. La corta vida de Juana es sumamente apasionante y ya maravillaba a sus propios contemporáneos, como vamos a ver ahora. Juana, también conocida como Jehanne d’Arc (Juana de Arco), Juana de Orleans o la “Doncella de Orleans”, fue una figura emblemática de la resistencia francesa contra la invasión inglesa durante la Guerra de los Cien Años. Sus hechos militares la convirtieron en heroína nacional de Francia. Es venerada en la Iglesia católica como virgen, mártir y santa.

El término “Guerra de los Cien Años” (en francés: La guerre de Cent Ans; en inglés: Hundred Years’ War) se refiere al periodo comprendido entre 1337 y 1453, que abarca tanto el conflicto armado anglo-francés como la guerra civil francesa simultánea entre los “armañacs” y los borgoñones (1410-1419). Aunque el nombre dice “cien años”, en realidad fueron 116, si bien los adversarios no combatieron ininterrumpidamente durante todo ese tiempo. El trasfondo de estas prolongadas hostilidades se encuentra en una disputa feudal sobre las posesiones y el estatus de los reyes ingleses dentro del Reino de Francia -quienes ostentaban el título de “duques de Aquitania”, como resultado de la presencia histórica de la gran Eleonor de Aquitania como reina de Inglaterra en el siglo XII-. Esto quiere decir que se presentaba la curiosa situación de que el rey de Inglaterra era, en tanto duque de Aquitania, vasallo del rey de Francia. A esto le siguió un conflicto sucesorio entre el rey Eduardo III de Inglaterra (de la casa de Plantagenet) y el rey Felipe VI de Francia (de la casa de Valois). Y no solo eso: hay que sumar una lucha interna por el poder y la influencia en Francia entre las facciones armañac y borgoñona.

Esta sangrienta guerra civil ocurrió entre 1407 y 1435. Aprovechando que el rey Carlos VI padecía episodios de locura, ambos bandos se disputaron el control de la regencia y el poder real en plena Guerra de los Cien Años. Los borgoñones representaban una facción más alineada con las élites urbanas y se aliaron con los ingleses para asegurar el control del reino y debilitar a sus enemigos. Los armañac, por su parte, eran defensores de la Casa de Orleans y representaban la causa del Delfín (es decir, el heredero al trono, el futuro rey Carlos VII) y el incipiente sentimiento de resistencia nacional francesa contra los invasores ingleses. Tras años de asesinatos políticos y batallas brutales, la guerra civil concluyó en 1435 mediante el Tratado de Arras, cuando ambas facciones finalmente firmaron la paz para hacer un frente común contra Inglaterra. Por lo tanto, Juana, adversaria de los ingleses, fue víctima de estas disputas, pues fue capturada por los borgoñones y entregada por ellos a los ingleses, a la sazón sus aliados.

Finalmente, la Casa de Valois salió victoriosa, trabajosamente, de este prolongado y sangriento conflicto. La Guerra de los Cien Años desempeñó un papel decisivo en el surgimiento de identidades nacionales diferenciadas tanto entre franceses como entre ingleses, así como en la separación definitiva de Francia e Inglaterra en dos Estados soberanos distintos. Asimismo, se introdujeron numerosas innovaciones técnicas en el ámbito militar, como el uso de artillería pesada en la batalla de Castillon (1453), la primera batalla campal decidida por el empleo de la pólvora.

Estas diferencias entre las naciones inglesa y francesa, que hoy en día se nos antojan naturales, no eran tan claras en esos siglos. En efecto: a resultado de la conquista normanda de Inglaterra por parte de Guillermo el Conquistador en 1066, la nobleza inglesa fue sustituida en su totalidad por franceses (mejor dicho: por normandos romanizados) y surgió una situación de bilingüismo. La clase alta hablaba francés, mientras que el pueblo llano hablaba inglés. El inglés gozaba de poco prestigio y se consideraba poco refinado. Diversos acontecimientos históricos propiciaron un resurgimiento del prestigio de la lengua inglesa. Tras la pérdida de Normandía en 1204, muchos nobles anglonormandos perdieron sus posesiones en Francia y comenzaron a identificarse como ingleses en lugar de franceses. Durante la guerra de los Cien Años, el francés pasó a considerarse la lengua del odiado enemigo.

No existe ninguna fuente fiable que indique la fecha exacta del nacimiento de Juana de Arco. Nació hacia 1412 en el seno de una próspera familia campesina de Domrémy, una pequeña aldea a orillas del río Mosa, en la región de Lorena, durante la segunda mitad de la guerra de los Cien Años. Sus padres fueron Jacques Darc (o Jacques Tarc, Tare, Dart, Day, Daix) e Isabelle Romée. La grafía “d’Arc”, en español “de Arco” -que acabó convirtiéndose en la norma- no apareció sino hasta el siglo XVI, con el fin de señalar el ascenso de la familia a la nobleza.

Según las actas del proceso inquisitorial, Juana de Arco tuvo sus primeras visiones a los trece años. Ella decía escuchar la voz de Santa Catalina. Más tarde, se sumaron las voces del arcángel San Miguel y de Santa Margarita. De ellos recibió la orden de liberar a Francia de los ingleses y de llevar al Delfín al trono. Las apariciones se repitieron. Hacia finales de diciembre de 1428, Juana abandonó el hogar familiar. Gracias a la intercesión de un pariente, Juana fue recibida por el caballero Robert de Baudricourt, quien le proporcionó una pequeña escolta con la que -vestida de hombre- partió el 13 de febrero de 1429. Cabalgó por territorio enemigo, llegó ante el Delfín en la ciudad de Chinon el 6 de marzo y, en nombre del Cielo, le prometió la salvación de Francia y su coronación en la catedral de Reims. Juana lo convenció mediante una señal misteriosa; Carlos VII hizo que eclesiásticos evaluaran su credibilidad durante tres semanas antes de concederle finalmente una pequeña unidad militar -probablemente más por desesperación y falta de alternativas que por convicción- y la misión de hacer llegar un convoy de suministros a Orleans, en esos momentos sitiada por los ingleses.

Con audacia -y a menudo en contra de los consejos de los comandantes militares-, Juana se abrió paso hasta Orleans, rompió el cerco y entró en la ciudad el 29 de abril de 1429. Animadas por este éxito, las tropas sitiadas se aventuraron a realizar una salida y lograron romper el sitio el 8 de mayo. Este hecho marcó el punto de inflexión de la guerra. Juana revitalizó a las fuerzas desmoralizadas, por lo que los franceses hicieron retroceder a los ingleses. Inspirado por el repentino estallido de entusiasmo entre algunos de sus nobles, el Delfín marchó hacia Reims, donde, el 17 de julio de 1429, fue coronado rey Carlos VII en la catedral, tal como Juana había profetizado. La joven guerrera asistió a la ceremonia, permaneciendo junto al altar con su estandarte de la victoria.

Sin embargo, el nuevo rey Carlos VII pronto se distanció de Juana, pues lo que buscaba era la paz. Por lo tanto, licenció parte del ejército y le negó apoyo a la doncella en sus esfuerzos por expulsar definitivamente a los ingleses del reino. En diciembre de 1429, en un intento de aplacarla, les concedió a ella y a su familia un título de nobleza. No obstante, Juana siguió intentando liberar a París del dominio de los ingleses y de sus aliados borgoñones, avanzando en combate hacia la capital; sin embargo, la ciudad fue defendida con éxito gracias al apoyo de la mayoría de la población parisina y, la propia Juana resultó herida de flecha. Carlos VII realizó entonces otro intento -infructuoso- de reconciliación con Borgoña. También fracasó el intento de capturar varias posiciones estratégicas a lo largo de la frontera de la región de Berry.

El 3 de marzo de 1430, Juana visitó la iglesia de Notre-Dame-des-Ardents-et-Saint-Pierre, donde, reza la leyenda, ante una imagen de la Virgen María devolvió la vida a un niño que llevaba tres días muerto. A finales de ese mes, Juana marchó de nuevo a la batalla contra ingleses y borgoñones, entrando el 6 de mayo en la amenazada localidad de Compiègne. Sin embargo, el 23 de mayo, al emprender una salida, Juana fue capturada por el conde de Ligny, partidario de los ingleses. El conde mantuvo a Juana prisionera en un calabozo, hasta que la vendió a los ingleses a finales de junio. Estos la entregaron a un tribunal de la Inquisición, que la hizo comparecer conforme a las exigencias de la Universidad de París. En enero de 1431 comenzó el juicio en el castillo de Ruan. Juana no contó con asistencia legal durante el proceso. El acta de acusación redactada por la Universidad de París la acusaba de atender voces de origen demoniaco, vestir ropas masculinas ofensivas y desafiar a la Iglesia militante, imputándole un total de 70 delitos y pecados graves, tales como hechicería y brujería, blasfemia, falsa profecía, crueldad, desvergüenza, arrogancia y conducta cismática. Juana fue condenada a cadena perpetua, a pesar de haberse retractado de algunas de sus afirmaciones. Sin embargo, unos días después volvió a vestirse de hombre y se retractó de la confesión que le habían arrancado bajo coacción. En consecuencia, el 30 de mayo fue quemada viva en la hoguera en la plaza del mercado de Ruan, como hereje reincidente notoria, a la edad de 19 años. Para evitar que fuese venerada como mártir y que la gente peregrinase hasta su sepultura, sus cenizas fueron esparcidas en el río Sena.

Dado que el rey Carlos VII no podía permitir que pareciera que debía su reinado a una hereje y bruja, ordenó interrogatorios in situ poco después reconquistar Ruan en 1449, para determinar si los jueces habían actuado con imparcialidad. En 1452, un legado papal y un inquisidor llevaron a cabo investigaciones que condujeron a solicitar al Vaticano la anulación del veredicto. El papa Calixto III ordenó un nuevo juicio en 1455; se detectaron errores procesales en el juicio original y la condena fue revocada mediante una sentencia emitida el 7 de julio de 1456, en un proceso presidido por el arzobispo Juvenal de Reims. Tras iniciarse el proceso de canonización en el siglo XIX, Juana fue declarada venerable en 1894.

Juana se hacía llamar “la Pucelle”, es decir, “la Doncella”, por lo que su localidad natal se conoce hoy como Domrémy-la-Pucelle; la casa donde nació aún se conserva, con un museo dedicado a ella situado justo al lado. Desde 1928, un pequeño monumento se alza en el lugar de su ejecución en Ruan, junto a una iglesia consagrada en 1979 que lleva su nombre; en 2015 se inauguró el Museo de Juana de Arco en el antiguo palacio episcopal de Ruan, el mismo lugar donde fue rehabilitada veinticinco años después de haber muerto en la hoguera.

Los mayores éxitos militares de Juana fueron los siguientes:

1) Liberación de Orleans (mayo de 1429): La ciudad, que había estado bajo asedio inglés durante meses, fue liberada en pocos días gracias a la llegada de Juana y a su enérgico liderazgo de las tropas. Esto supuso un enorme impulso para la moral francesa.

2) Campaña del Loira (junio de 1429): Tras la victoria en Orleans, ella y su ejército tomaron otros puntos y localidades de importancia estratégica que estaban en manos inglesas a lo largo del Loira (incluidos Jargeau, Meung-sur-Loire y Beaugency).

3) Batalla de Patay (junio de 1429): Una victoria decisiva en campo abierto para los franceses bajo el mando de Juana frente a los arqueros ingleses, quienes hasta entonces habían sido considerados invencibles.

4) La marcha hacia Reims (julio de 1429): Escoltó a salvo al heredero al trono francés, Carlos VII, a través de territorio enemigo, permitiendo que fuera ungido y coronado rey en la histórica catedral de Reims.

Sin embargo, debemos registrar algunos fracasos en el campo de batalla:

1) Campaña contra París (otoño de 1429).

2) Campaña de Compiègne (mayo de 1430), en la que Juana fue capturada.

Hubo hace poco una referencia interesante a Juana de Arco: durante la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de París en 2024, una persona ataviada con una armadura avanzó a lomos de un caballo blanco y recorrió a pie los últimos metros portando la bandera olímpica, que fue posteriormente izada.

Juana fue beatificada por el papa Pío X el 18 de abril de 1909 y canonizada por el Papa San Benedicto XV el 16 de mayo de 1920. Se le representa con un estandarte y es patrona de Francia y de las ciudades de Ruan y Orleans.