Durante este Mundial hay una frase que ha invadido internet: "¿Y si sí?". La encontramos en anuncios espectaculares, impresa en cascarones de huevo, tickets del supermercado, campañas publicitarias y miles de publicaciones de marcas que buscan sumarse a la conversación del torneo. Más allá de convertirse en un fenómeno de la cultura popular, estas tres palabras resumen una de las lecciones más importantes para quienes trabajamos en comunicación digital: las marcas que logran conectar con las personas son, casi siempre, las que se atreven a actuar cuando nadie tiene la certeza de que una idea funcionará.
En un entorno hiperconectado, donde cada minuto se publican millones de contenidos, irse a la segura puede parecer la decisión más prudente. Sin embargo, la prudencia excesiva también tiene un costo: pasar desapercibido. El verdadero impacto digital pertenece a quienes son capaces de interpretar el contexto, reaccionar con rapidez y asumir riesgos creativos sin perder de vista su identidad.
El público ya no premia la monotonía. Mientras vemos la televisión, también revisamos memes, comentamos en redes sociales, compartimos publicaciones y buscamos información desde el celular. La conversación ocurre en varias pantallas al mismo tiempo; incluso nos ha pasado que “estamos viendo la televisión” en familia en nuestra sala y, al mismo tiempo, mensajeando por redes sociales o enviando los mejores reels a nuestra familia o amigos.
Los datos lo respaldan. El Estudio de Hábitos de los Usuarios de Internet 2026 señala que el 64% de los internautas utiliza internet para complementar lo que ve en televisión y que un 59% considera que las redes sociales hacen mucho más emocionante la experiencia del Mundial. En otras palabras, el feed dejó de ser un espacio independiente; hoy es la continuación natural de la conversación que ocurre durante cada partido.
Por eso, una marca que publica una imagen genérica horas después del encuentro difícilmente logrará destacar. Cuando la conversación ya cambió de tema, el algoritmo también lo hizo. En redes sociales, llegar tarde suele ser equivalente a no llegar.
En mi experiencia, uno de los mayores enemigos de una buena estrategia digital no es la falta de creatividad, sino el exceso de aprobación o la reacción lenta ante la conversación digital. Cuando una publicación necesita pasar por demasiados filtros, el momento ya pasó y la oportunidad desapareció. En comunicación digital, el tiempo también te puede jugar en contra.
Por eso, la oportunidad de conectar con una audiencia no espera a que un diseño tarde mucho en ser publicado y el partido entre México y Ecuador fue una muestra clara de ello.
Mientras millones de personas seguían la transmisión, las redes sociales alcanzaron niveles históricos de interacción. La conversación alrededor de la frase "¿Y si sí?" acumuló más de 505 millones de impresiones durante los primeros cuatro partidos de México, demostrando que el entusiasmo de la afición también se vive desde las plataformas digitales.
No es casualidad que cientos de marcas reaccionaran casi de inmediato. Algunas lanzaron promociones condicionadas al resultado del partido, otras aprovecharon los memes del momento, crearon dinámicas relámpago o adaptaron sus mensajes con un tono mucho más cercano. Ninguna esperó a que terminara el torneo para sumarse a la conversación.
Los análisis sobre comportamiento en redes sociales coinciden en algo: el contenido que genera mayor interacción no siempre es el que lleva semanas de planeación, sino aquel que entiende el contexto, responde con agilidad y se siente auténtico para la audiencia, pero, eso sí, se debe conocer el corazón ideológico de la marca para saber en qué momento sí y en qué momento no subirse a un trend o cómo adaptarlo a la empresa.
Esta necesidad de comunicar con mayor cercanía también ha impulsado el crecimiento del sport influencer marketing, que es una estrategia de mercadotecnia que consiste en la colaboración entre marcas y personas influyentes dentro del mundo del deporte, como atletas, entrenadores, periodistas deportivos o creadores de contenido para promocionar productos, servicios o valores de marca.
Cada vez más organizaciones prefieren construir contenidos junto con creadores digitales que conocen el lenguaje de las redes y reaccionan en tiempo real, en lugar de depender únicamente de sus canales institucionales. Un creador puede proponer una idea en cuestión de segundos, probar un formato diferente y conectar con miles de personas mientras el partido aún se está jugando. Esa capacidad de adaptación es, precisamente, una ventaja competitiva.
Ahora bien, reaccionar con rapidez no significa improvisar sin criterio. Existe una diferencia enorme entre asumir un riesgo creativo y cometer un error que comprometa la reputación de una marca.
Las campañas que permanecen en la memoria del consumidor son aquellas que utilizan las tendencias para generar empatía, aportar valor o provocar una sonrisa genuina, no las que buscan llamar la atención a cualquier precio. Las plataformas pueden premiar la interacción, pero los algoritmos no distinguen entre una estrategia inteligente y una decisión irresponsable.
Aquí es donde la teoría del consumidor cobra sentido. Uno de los referentes clásicos de la mercadotecnia moderna, Seth Godin, sostiene una premisa fundamental: "La gente no compra lo que haces; compra cómo los haces sentir". El marketing no se trata de lanzar impactos masivos, sino de conectar con las historias, los deseos y las emociones de la audiencia.
Por eso, arriesgarse en redes sociales exige mucho más que creatividad. Requiere conocer profundamente la identidad de la marca, comprender a la audiencia y tener límites éticos muy claros. Sumarse a una tendencia con ingenio es una decisión acertada; hacerlo mediante la desinformación, la polarización o el oportunismo puede generar algunos clics en el corto plazo, pero también afectar la confianza construida durante años.
En realidad, el reto no consiste en preguntarse si una publicación puede hacerse viral. La pregunta correcta es si esa viralidad fortalecerá la relación con la comunidad que sigue a la marca.
Tal vez esa sea la verdadera enseñanza que deja este Mundial para quienes trabajamos en comunicación digital. Las mejores campañas no siempre nacen de presupuestos millonarios; muchas veces surgen de equipos que conocen a su audiencia, entienden el momento y se atreven a tomar una decisión cuando todos los demás siguen dudando.
Como destaca el especialista en estrategia Mario Bernal (2026) en su análisis para Fast Company México, las marcas que logran trascender y quedarse en la memoria colectiva del consumidor son aquellas que usan el “¿Y si sí?” para construir empatía y acompañar la conversación de forma inteligente, no las que buscan apropiarse de una tendencia a la fuerza.
Porque detrás de toda publicación que hoy llamamos viral hubo alguien que dejó de preguntarse "¿y si no?" para apostar por una idea distinta.
Después de todo… ¿y si sí funciona?
Fuentes
- Asociación de Internet MX. (2026). Estudio de Hábitos de los Usuarios de Internet 2026: Sección Especial del Mundial. Asociación de Internet MX / Offerwise.
- Emplifi. (2026). Tendencias del fútbol en redes sociales: Cómo retener la atención del aficionado digital. Emplifi.
- Godin, S. (2018). Esto es marketing: No te van a ver hasta que aprendas a ver. Portfolio / Penguin Random House.
- Roastbrief. (2026). El Mundial de la FIFA 2026 dispara el sport influencer marketing: Las marcas se juegan el todo por el todo con los creadores de fútbol. Roastbrief Media.
- Bernal, M. (2026, 1 de julio). “¿Y si sí?”: el reto para las marcas es no confundir viralidad con memoria. Fast Company México. https://fastcompany.mx/2026/07/01/y-si-si-marcas-oportunidad-viralidad-memoria/










