El orden mundial, tal como lo hemos conocido desde el final de la Segunda Guerra Mundial, parece estar en una fase de transformación, mejor dicho, de ruptura. Las normas establecidas de interacción entre Estados, asà como los acuerdos y las obligaciones -incluidas las tácitas-, ya han perdido vigencia. Algunos acontecimientos internacionales recientes nos muestran los signos de ruptura: el creciente poderÃo económico, militar y polÃtico de China, sus ambiciones frente a Taiwán y su alianza con Putin; las acciones hostiles de Rusia en Europa -no sólo la invasión a Ucrania- y el nuevo rumbo que ha tomado Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump. Una consecuencia de estos hechos es que parece que ya está cambiando la jerarquÃa de las tres grandes potencias mundiales: Estados Unidos, Rusia y China. Pero ¿qué define realmente a una superpotencia? ¿Podemos seguir contando a Rusia entre ellas?
Una superpotencia se define como un Estado o una unión de Estados capaz de hacer valer sus intereses y ejercer influencia a escala mundial. Dicha potencia se caracteriza por una inmensa superioridad económica, tecnológica y militar, por lo que domina los asuntos y escenarios internacionales. Entre las caracterÃsticas clave de una superpotencia se incluyen: 1) la superioridad militar (“poder duro†o “Hard Powerâ€), es decir, la capacidad de intervenir militarmente en cualquier parte del mundo, a menudo respaldada por un gran arsenal nuclear; 2) fortaleza económica: un elevado Producto Interior Bruto (PIB), acceso a materias primas vitales y un papel destacado en el comercio mundial y los mercados financieros; y 3) influencia polÃtica (“poder blando†o “Soft Powerâ€), esto es, la capacidad de influir polÃticamente en otras naciones gracias al atractivo del propio orden social y las tecnologÃas desarrolladas. El término “superpotencia†se acuñó principalmente durante la Guerra FrÃa para describir a los dos Estados dominantes: Estados Unidos y la Unión Soviética. Desde el colapso de la Unión Soviética en 1991, a menudo se ha considerado a Estados Unidos como la única superpotencia restante (a veces denominada “hiperpotenciaâ€). Sin embargo, en la geopolÃtica moderna, China es vista cada vez más como una superpotencia mundial emergente debido a su rápido ascenso económico y militar.
Existe otro término, menos empleado, pero no por ello menos útil: el de “potencia globalâ€, que no debe confundirse con los de “potencia mundial†y “superpotenciaâ€, pues se trata de un Estado o actor capaz de influir significativamente en las relaciones y los acontecimientos internacionales a escala mundial gracias a su fortaleza y predominancia polÃtica, económica, militar, tecnológica y cultural. El concepto abarca diversas dimensiones que pueden también clasificarse en dos categorÃas principales de proyección de poder: Poder duro, que se refiere al potencial militar y económico, pues una potencia global posee la capacidad de desplegar tropas en todo el mundo, incluyendo armamento estratégico (nuclear), además de contar con una enorme fortaleza económica (por ejemplo, mediante el control de rutas comerciales o de las finanzas globales). Posee además poder blando, por la capacidad de persuadir e inducir a otros Estados a cooperar apelando al atractivo, los valores polÃticos, la cultura y las formas de pensar, en lugar de someterlos mediante la coerción o la guerra.
Para terminar de poner los fundamentos conceptuales, entenderemos que una “potencia mundial†es aquel Estado que, debido a su fortaleza en ámbitos como el militar, el económico o el polÃtico asume un protagonismo de alcance mundial, pudiendo ejercer una influencia considerable en el acontecer internacional. Por todo lo anterior, podemos concluir que puede haber varias potencias mundiales (Reino Unido, Alemania, Francia, Japón…), varias superpotencias (como Estados Unidos y China), y una sola potencia global: los Estados Unidos. También hay potencias regionales, como India y Brasil, mientras que la Unión Europea, como conjunto de Estados, podrÃa catalogarse como una superpotencia o como una “potencia normativa globalâ€, ya que ejerce influencia mundial a través de la integración económica y el respeto a ciertas normas internacionales (por ejemplo, en materia de comercio y de derechos humanos).
En este conjunto de términos, es evidente que pueden colarse algunos mitos, como los que rodean a la Federación Rusa, a quien muchos consideran hoy en dÃa como una superpotencia. Si hemos dicho que una superpotencia se distingue por sus capacidades militares y económicas a nivel mundial, vemos que Rusia está perdiendo las primeras debido a su aventura en Ucrania: su ejército está diezmado, su equipamiento militar aéreo, terrestre y naval está duramente golpeado y sólo le resta su enorme potencia nuclear. En cuanto a la economÃa, pensemos que el PIB de Rusia es ligeramente menor que el de Italia y ligeramente mayor que el de España, pero tiene más habitantes. Es cierto: Rusia ocupa una séptima parte de la Tierra, pero la inmensa mayorÃa de su territorio está deshabitado y muchas de esas regiones están muy atrasadas, por lo que tenemos una marcada disparidad socioeconómica en esas enormes extensiones del territorio ruso. Otro aspecto de la economÃa rusa es que está basada en la exportación de petróleo, gas natural, madera, productos agrÃcolas y minerales, es decir, no se trata de las exportaciones de un paÃs industrializado: automóviles, maquinaria, etc. (aunque se produzcan en otros paÃses). ¿Qué marca rusa de automóviles se comercializa a nivel internacional? ¿O de aparatos eléctricos, electrónicos o electrodomésticos?
Una caracterÃstica de una superpotencia en el ámbito militar es su capacidad para proyectar poder prácticamente en cualquier lugar del mundo. ¿Rusia posee esta capacidad? Evidentemente no. El Reino Unido tuvo esa capacidad en los años dorados del Imperio Británico (el siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial), y actualmente los Estados Unidos tienen una inmensa red logÃstica a nivel mundial que posibilita, con sus flotas de portaaviones, estar presentes prácticamente en cualquier escenario internacional, por lo que podemos hablar de una potencia hegemónica global. De Rusia no podemos decir lo mismo, cuando ni siquiera en el Mar Negro ha podido imponerse a Ucrania, que tiene a la flota rusa encerrada en sus bases, atemorizada y diezmada.
Rusia tiene en el papel cuatro flotas: la del Báltico, la del Norte, la del PacÃfico y la del Mar Negro, pero ninguna de estas tiene la capacidad de mostrar presencia en los mares mundiales. Y, en lo que atañe a la polÃtica internacional, su influencia se limita a unos cuantos dictadores, que se van cayendo poco a poco: ya perdió Libia, ya perdió Siria, ya perdió Venezuela y está perdiendo en Mali; Cuba está en ascuas y Nicaragua mantiene un perfil bajo. Le quedan a Putin sus tres grandes aliados: Bielorrusia, China y Corea del Norte. Incluso entre sus otrora aliados postcomunistas, como Azerbaiyán, HungrÃa y Armenia ha perdido influencia económica, polÃtica y militar. Asà que ya no podemos hablar de una superpotencia con influencia mundial.
Lo que sà posee la Federación Rusa es un enorme arsenal nuclear, el más grande del mundo, superior en número al de los Estados Unidos. Asà que podemos afirmar que Rusia es una potencia nuclear; es más: una superpotencia nuclear, pero nada más. No es una superpotencia en toda la extensión del término, porque no le alcanzan sus capacidades. Lo que hace diferente a Rusia de India, Pakistán, Corea del Norte o Israel, todos poseedores de armas atómicas, es la cantidad enorme de cabezas nucleares. Para sustentar estos datos, veamos los números. Rusia posee unas 5,520 cabezas nucleares, Estados Unidos 5,042, China 620, Francia 370, el Reino Unido 225, India 190, Pakistán 170, Israel 90 y Corea del Norte 60. Por supuesto que mis cuatro fieles y amables lectores podrán preguntarse, con razón -porque son personas sumamente preparadas, suspicaces y agudas en sus observaciones-, cuántas de estas armas estarán realmente listas para emplearse, pero esa es una pregunta cuya respuesta merecerÃa otra serie de reflexiones.
Lo que también es cierto es que Rusia, desde los tiempos de Iván el Terrible (siglo XVI), es un imperio, que se expandió violentamente durante más de tres siglos hacia el oriente. Se trata de un imperio no marÃtimo, sino telúrico, es decir, que basa su poder en su arraigo territorial. Lo que al parecer estamos viendo es una debilidad polÃtica, económica y militar rusa que hace afirmar a algunos estudiosos que Putin está llevando a su paÃs a una “distopÃa†(o “antiutopÃaâ€): un escenario, quizá un tanto ficticio, que presenta un orden social aterrador por autoritario. Rusia se mantiene como superpotencia nuclear, pero nada más, y lo más probable es que caiga bajo una fuerte influencia china. Y hay otro detalle que muchos no han advertido: China está controlando poco a poco los mares del mundo, pero no con una armada, sino con su flota mercante, que es ya la más grande del mundo, y con la posesión de una enorme infraestructura portuaria en muchos paÃses, incluyendo algunos europeos y americanos. Ese es el gran peligro para Occidente, pues amenaza la existencia de un comercio marÃtimo libre y plural. Rusia, por supuesto, está a años luz de lograr dicha presencia marÃtima.










