La festividad de “Corpus Christi”
16/06/2022
Autor: Dr. Herminio S. de la Barquera y A.
Cargo: Decano de Ciencias Sociales

El próximo jueves 16 de junio se celebrará la festividad de “Corpus Christi”, una fiesta muy popular, que en muchas naciones se celebra con procesiones muy vistosas. El nombre completo de esta festividad del Señor es: “Sollemnitas Sanctissimi Corporis et Sanguinis Christi”. La fecha del “Corpus Christi”, como se le conoce simplemente en muchos países, incluido el nuestro, depende de la fecha en la que caiga el Domingo de Pascua, pues se celebra 60 días después, lo que corresponde también al segundo jueves después de la fiesta de Pentecostés o al jueves después del Domingo de la Trinidad (“Trinitatis”). Esto quiere decir que esta festividad cae siempre entre el 21 de mayo y el 24 de junio.

¿Qué se celebra en la fiesta de “Corpus Christi”? En esta festividad está Jesús en el centro de atención, por lo que se trata de una acción de gracias por su presencia en el pan y el vino y por la comunidad de los creyentes en la Eucaristía. También podemos decir que se trata de traer a la memoria el Jueves Santo, cuando, en la “última cena”, Jesús instituye la Eucaristía. En esa ocasión, Jesús les extendió a sus discípulos tanto el pan como el vino, con las palabras: “Este es mi cuerpo … Esta es mi sangre …” Es por eso que, para los católicos, para los ortodoxos y los anglicanos, estas palabras significan que Jesús está presente en el pan y el vino, que conservan sus accidentes, pero cambian su esencia, lo que conocemos como “Transubstanciación”. Realmente, este acontecimiento trascendental para el cristianismo debería celebrarse con mucha pompa y alegría, para lo que el Jueves Santo, sin embargo, no se presta mucho, pues ese mismo día, en el contexto de la Semana Santa, también es el día de la aprehensión del Señor. De ahí que esa institución de la Eucaristía se conmemore suntuosamente el día de “Corpus Christi”.

Es también por esto que esta festividad se diferencia de otras, como por ejemplo Navidad o Pascua, en las que se conmemora algún hecho concreto (la Natividad y la Resurrección, respectivamente), porque lo que está en el centro de la atención litúrgica es una idea o una verdad de fe, que en este caso es la presencia del Señor en el pan y el vino. Así que es una festividad llamada “devocional”.

La historia del origen de esta fiesta nos remite al siglo XII, cuando el sacramento del altar, es decir, la Eucaristía, empezó a cobrar una importancia enorme en la piedad popular. En este movimiento religioso se acentuaba la presencia real de cristo en el pan consagrado y se externaba un deseo muy marcado por ver la hostia, aunque la gente por lo general comulgaba poco. De esa necesidad de ver la hostia consagrada procede la costumbre, viva hasta nuestros días, de que el sacerdote la eleva y presenta a los fieles. Esta elevación de la hostia está confirmada, por primera vez, en París, en el año 1200.

Es muy importante, para la celebración del “Corpus Christi”, la figura de la monja agustina Juliana de Lieja, en 1209, quien repetidamente tuvo una visión que se relacionó con la necesidad de una festividad dedicada al sacramento de la Eucaristía. Esta monja afirmaba que veía a la luna, radiante, pero con una parte obscura, que se interpretó como la ausencia de esa festividad en el año litúrgico. Después de mucho insistir, tanto Juliana como su asesor espiritual lograron que dicha fiesta fuese introducida para toda la diócesis por el obispo Roberto de Lieja, en 1246. Pocos años después, en 1264, el papa Urbano IV, quien había sido archidiácono en Lieja, publicó una bula (“Transiturus de hoc mundo”), por medio de la cual la festividad del “Corpus Christi” quedaba prescrita para toda la Iglesia. Por petición suya, se dice que el mismísimo Tomás de Aquino escribió los textos para el breviario y para la celebración de la misa. Sin embargo, como en ese mismo año murió el papa Urbano, la difusión de la nueva fiesta no recibió el impulso necesario, por lo que habría que esperar a que Clemente V, en el Concilio de Vienne (1311-1312), y Juan XXII lograran darle el impulso definitivo en toda la cristiandad. Este último pontífice es quien introduce la octava con exposición del Santísimo Sacramento.

La música litúrgica para esta celebración es muy importante, aunque en México se descuide mucho, como ocurre normalmente con la música sacra en nuestro país. Se atribuye a Santo Tomás de Aquino el haber compuesto los textos de numerosos himnos y secuencias para esta festividad, nueva en su época, y por encargo del papa. Uno de estos himnos es el “Pange, lingua” (“Canta, oh lengua, el glorioso/ misterio del Cuerpo/ y de la Sangre preciosa/ que el Rey de las naciones,/ Fruto de un vientre generoso,/ derramó en rescate del mundo”). Al mismo personaje se le atribuye la secuencia “Lauda Sion Salvatorem” (“Alaba, ¡oh Sión!, al Salvador”) y los himnos “Panis angelicus” (“Pan angelical”), “O salutaris Hostia” (en realidad se llama “Verbum supernum Prodiens”, “Verbo que baja de lo alto”), y “Adoro te devote”. En realidad, esta paternidad del santo Aquinatense no siempre puede demostrarse, pero nos habla de la importancia que después se le concedió a la festividad del “Corpus Christi”, al grado de ligarla de tal manera con tan celebrado teólogo.

En la bula “Transiturus”, no se habla de ninguna procesión para celebrar la festividad del “Corpus Christi”; sin embargo, pocos años después ya hay evidencias de las primeras de ellas, en 1274 y 1279 en Colonia, Alemania, concretamente en la basílica de San Gereón. En el siglo siguiente abundan las noticias sobre procesiones cada vez más magníficas y suntuosas, en las que una hostia consagrada se exponía a la mirada de los fieles. Se sabe que el papa Nicolás V, en 1447, sale en una gran procesión por las calles de Roma, lo que ayuda a darle cada vez más proyección a esta fiesta. Se sabe que, en las primeras procesiones, la hostia iba cubierta por un manto, pero luego se adoptó la costumbre de llevarla expuesta en una “custodia”. 

En los siglos XVII y XVIII, marcados por los ideales que hoy llamamos, sin mucha precisión “barrocos”, se convierten estas procesiones en verdaderas “marchas triunfales”, con carros alegóricos, pero que a veces hacían que la relación de lo que se exhibía con el significado del Santísimo Sacramento quedase diluida, como lo muestra el caso de San Jorge y el dragón. ¿Qué tienen que hacer estas figuras en una procesión del “Corpus Christi”? No lo sé, pero las tradiciones populares en muchos países fueron introduciendo estos elementos. Y es que estas procesiones no están ordenadas ni reglamentadas por Roma, sino que caen en la jurisdicción de cada obispo, al ser reconocidas como “pia exercitia” (“prácticas piadosas”).

En Alemania y en Austria, hay regiones en las que estas procesiones se llevan a cabo en ríos y lagos, siendo espectáculos muy coloridos y dignos de verse, por lo que atraen no solamente a los fieles católicos. En México no hay muchos ríos en los que pueda llevarse a cabo algo así, además de que huelen feo o ya están secos, pero se sabe que, en la capital del virreinato de la Nueva España, se llevaban a cabo, siguiendo la tradición española, procesiones del “Corpus Christi” muy engalanadas y concurridas. Se traían ramas de los bosques que antes había al sur de la ciudad, flores de Xochimilco y de otras localidades, etc. Todos estos productos, para adornar el trayecto con enramadas y arreglos florales, se transportaban a lomo de mula, por lo que quizá surja de allí la costumbre de las “mulitas del Corpus” y de disfrazar a los niños con trajes de manta, pues las mulas eran arreadas hacia la ciudad por indígenas de los alrededores.