El Mundial que no aparece en el marcador
13/07/2026
Autor: Alfonso Oswaldo Guerra Peralta
Cargo: Profesor de la Facultad de Mercadotecnia

A estas alturas del Mundial de futbol 2026, ya quedan pocos partidos. La conversación cambia: dejamos de hablar de favoritos y comenzamos a preguntarnos quién puede llegar a la final. Pero para las marcas también se acerca el momento de la verdad.

Durante varias semanas fuimos testigos de anuncios, promociones, jerseys, contenidos en redes sociales y mercancías que aprovecharon la emoción del torneo. Algunas campañas lograron llamar nuestra atención. Muchas otras, seguramente, pasaron desapercibidas.

Aparecer vs. permanecer

Para el marketing, aparecer no es lo mismo que permanecer. Una marca puede estar presente en cada partido, invertir grandes cantidades de recursos y aun así no ocupar un lugar relevante en la memoria del consumidor.

El Mundial representa una gran ventana al mundo y ofrece una audiencia enorme, pero también una competencia desmedida por la atención. Todos quieren hablar de pasión, orgullo y grandeza. El problema es que, cuando las marcas tienen el mismo objetivo, suelen repetir las mismas palabras y utilizar imágenes parecidas que terminan siendo parte del paisaje.

La batalla de las emociones perdurables

En mis clases suelo insistir en algo: una buena estrategia no comienza preguntando qué queremos vender, sino qué queremos provocar en las personas.

Una emoción, una conversación, una experiencia o un gran recuerdo pueden construir más valor que una promoción espectacular.

Por ello, las marcas que realmente entienden el Mundial de futbol no se limitan a colocar un balón o una bandera en sus campañas publicitarias. Buscan formar parte de la manera en que las personas viven el torneo: la reunión familiar, el mensaje después de un gol, la fotografía con los amigos, la decepción de una derrota o la historia que seguiremos contando varios años después.

Y si…

Dentro de poco conoceremos al campeón, pero quizá la pregunta más interesante no sea quién levantará la copa, sino qué permanecerá en nuestra mente cuando termine el último partido. ¿Recordaremos una promoción, un anuncio o una marca específica? ¿O recordaremos la emoción compartida, la reunión con la familia, la celebración con los amigos y la sensación de haber formado parte de algo colectivo?

Aquí está el verdadero desafío para el marketing: no solo estar presente mientras ocurre el evento, sino lograr que las personas quieran seguir hablando de ello cuando el estadio quede vacío.