Emprender desde la confianza: cajas de ahorro comunitarias, mujeres y bien común
20/07/2026
Autor: Mtra. Ana Laura Domínguez Paredes y Mtra. Oliva Verónica Ponce Xelhua
Cargo: Konector UPAEP & Instituto Promotor del Bien Común

El emprendimiento no siempre comienza con una gran inversión, un modelo de negocio sofisticado o una estrategia de escalamiento. Muchas veces comienza con algo mucho más profundo y, al mismo tiempo, más frágil: la confianza.

En los mercados de subsistencia, donde las condiciones económicas suelen estar marcadas por la incertidumbre, la informalidad y el acceso limitado a servicios financieros, las pequeñas comunidades de empresarios, especialmente mujeres, han desarrollado formas propias de organización económica. Entre ellas, las cajas de ahorro comunitarias, las cuales ocupan un lugar especialmente relevante, no solo como mecanismos de inclusión financiera, sino como espacios donde se construyen relaciones más sólidas de confianza, se fortalecen capacidades y se sostiene la vida cotidiana.

Dialogar de cajas de ahorro comunitarias es hablar de dinero, sí, pero también de comunidad, confianza y reciprocidad. Es conversar de mujeres que se organizan, que administran recursos, que generan alternativas frente a la exclusión financiera y que encuentran en el ahorro colectivo una forma de autonomía, corresponsabilidad y cuidado mutuo. En contextos donde el crédito formal no siempre está disponible o resulta inaccesible, estas prácticas comunitarias se convierten en una infraestructura social fundamental.

Desde esta perspectiva, la inclusión financiera no puede reducirse únicamente al acceso a productos bancarios. Su sentido más profundo está en la posibilidad de que las personas —especialmente las mujeres— puedan tomar decisiones económicas con mayor libertad, fortalecer sus proyectos de vida y participar de manera más activa en el desarrollo de sus negocios y comunidades. La inclusión financiera, cuando se entiende desde el bien común, no busca solamente incorporar a las personas al sistema económico existente; busca ampliar sus capacidades para transformar su realidad.

Esto se vuelve particularmente relevante cuando observamos el papel de las mujeres en los mercados de subsistencia. Muchas de ellas emprenden no desde la lógica del crecimiento acelerado, sino desde la necesidad de sostener a sus familias, mejorar sus condiciones de vida y responder a problemas concretos de su entorno. Sus emprendimientos no siempre aparecen en los grandes discursos de innovación, pero son profundamente innovadores en su capacidad de adaptación, resiliencia y generación de valor comunitario.

En este sentido, las cajas de ahorro comunitarias pueden entenderse como espacios de aprendizaje económico y social. En ellas se aprende a ahorrar, a planear, a decidir, a confiar, a asumir compromisos y a responder colectivamente ante necesidades compartidas. No son únicamente instrumentos financieros; son también escuelas comunitarias de responsabilidad, organización y emprendimiento.

Aquí es donde el emprendimiento social y la pedagogía del aprendizaje situado ofrecen una mirada particularmente valiosa. Si queremos comprender el emprendimiento en contextos de bajos ingresos, no basta con aplicar modelos diseñados desde realidades ajenas. Es necesario escuchar y observar el territorio, reconocer sus saberes, comprender sus dinámicas y valorar las formas de organización que las propias comunidades han construido históricamente para enfrentar la escasez, la desigualdad y la incertidumbre.

Desde la Universidad, este enfoque plantea un reto importante. No se trata solo de estudiar a las comunidades, sino de aprender con ellas. Tampoco se trata de llevar soluciones prefabricadas, sino de construir conocimiento desde el diálogo, la observación, la colaboración y el respeto por las prácticas locales. En este proceso, las cajas de ahorro comunitarias pueden convertirse en un punto de encuentro entre investigación, docencia, vinculación e innovación social.

Para la formación universitaria en emprendimiento, este tema abre una pregunta de fondo: ¿qué tipo de emprendedores estamos formando cuando no miramos los territorios donde la economía se sostiene desde abajo? Si el emprendimiento se enseña únicamente desde la rentabilidad, el crecimiento o la competencia, corremos el riesgo de formar proyectos técnicamente correctos, pero socialmente desconectados. En cambio, cuando el emprendimiento se vincula con el bien común para las comunidades, el estudiante aprende que toda decisión económica tiene consecuencias humanas, sociales y territoriales.

La línea de investigación sobre “Empresa, Economía y Bien Común” permite profundizar precisamente en esta discusión. Las cajas de ahorro comunitarias, los microemprendimientos femeninos y los mercados de subsistencia muestran que existen otras formas de entender la empresa: no solo como unidad productiva, sino como práctica social capaz de fortalecer vínculos, generar oportunidades y contribuir a la dignidad de las personas.

En este marco, el trabajo conjunto entre investigación académica y experiencia de aprendizaje situado resulta clave. Comprender las cajas de ahorro comunitarias desde una mirada interdisciplinaria permite analizar no solo sus efectos económicos, sino también su papel en la construcción de capital social, autonomía femenina, resiliencia comunitaria y emprendimiento con impacto positivo.

Al final, lo que está en juego no es únicamente cómo las personas acceden al dinero, sino cómo las comunidades construyen posibilidades de futuro. Las cajas de ahorro comunitarias nos recuerdan que el desarrollo no siempre llega desde grandes estructuras externas; muchas veces nace desde pequeñas prácticas colectivas sostenidas por la confianza, la reciprocidad y el deseo de salir adelante.

Por eso, estudiar estos mecanismos no es mirar una economía menor. Es reconocer una economía profundamente humana, situada y comunitaria. Una economía que, desde abajo, nos enseña que el bien común no es una idea abstracta, sino una práctica cotidiana que se construye cuando las personas se organizan, se cuidan, confían y emprenden juntas.