Pin It

Un giro sorprendente. Imprevisto. Aunque el relevo entre los colaboradores del Papa no debería despertar demasiada atención, la salida de escena de dos cardenales de alto nivel ha dado la impresión de una vuelta de tuerca en el Vaticano del Pontífice argentino. Gerhard Ludwig Müller y George Pell abandonan sus puestos. Abriendo camino, entre otras cosas, a la llegada de un español al primer círculo de colaboradores del Obispo de Roma

En la tarde del viernes 30 de junio, algunas páginas web romanas anticiparon la noticia. El Papa «prescinde» del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Müller. La confirmación oficial llegó un día después, pese a que la comunicación vaticana estaba inicialmente prevista para el lunes 3.

En honor a la verdad no se trató de un despido. Francisco optó simplemente por no renovar el nombramiento que realizó Benedicto XVI el 2 de julio de 2012. El viernes por la mañana, durante una audiencia privada, el Papa le comunicó el fin de su colaboración. Un día después, la sala de prensa de la Santa Sede emitió una breve nota: «El Santo Padre agradeció al señor cardenal Gerhard Ludwig Müller en la conclusión de su mandato quinquenal de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Comisión Teológica Internacional, y ha llamado a sucederle a monseñor Luis Francisco Ladaria Ferrer, hasta ahora secretario de la congregación».

Oficialmente no se informaron los motivos del cambio. Aunque algunos medios vincularon la salida del cardenal con una supuesta gestión ineficaz de los delicados casos de abusos sexuales contra menores de parte de clérigos católicos, cuya competencia pertenece a esta congregación, esta lectura no parece tener mucha consistencia.

El primero hecho que lo desmiente es la persona de su sucesor. Ladaria, en su calidad de secretario, ha intervenido en muchos de los procesos por delicta graviora (delitos graves de los sacerdotes) y ha sido parte integrante de las principales decisiones en la materia. Colabora en la congregación desde 1992 y es su secretario desde 2008. Su designación envía una clara señal de continuidad.

Tampoco dio muestras Francisco de que le molestaran algunos pronunciamientos no hostiles, pero sí críticos, del purpurado. «El alemán me cae bien», respondió en confidencia el Papa a quien le habló de ciertas declaraciones realizadas por Müller al inicio del pontificado y que parecían contradecir públicamente al mismo Francisco. Esto ocurrió más de dos años atrás. Ya entonces se hablaba en la Curia romana de un posible relevo de Müller, cuando las más recientes críticas en torno a la gestión de los abusos aún no existían.

Luis Ladaria durante una visita en octubre de 2015 a Madrid, a la Universidad Francisco de Vitoria. Foto: Javier Jiménez Valero

Pero al término de su mandato de cinco años, el Pontífice decidió que era el momento del cambio y eligió como sucesor a un personaje que brilla con luz propia. Nacido en Mallorca el 19 de abril de 1944, Luis Ladaria es un reconocido teólogo. Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana. En esa misma casa de estudios romana impartió cursos de Teología Dogmática y fue vicerrector entre 1986 y 1994. También enseñó en Comillas, donde obtuvo un doctorado honoris causa.

Entró en la Compañía de Jesús mientras estudiaba Derecho en la universidad en Madrid. Fue ordenado sacerdote el 19 de julio de 1973. En 2006, como secretario general de la Comisión Teológica Internacional, condujo las evaluaciones que llevaron a la supresión del concepto de limbo para los niños muertos antes del bautismo.

«Se trata de un hombre de muy buen carácter, amable y con una envidiable claridad a la hora de exponer los temas de sus clases. Cualidad que brillaba, de manera especial, cuando el autor o el tema que exponer eran de especial complejidad. Sus clases estaban siempre abarrotadas de alumnos. De todos modos, quisiera destacar también la exquisitez humana de su trato con las personas, especialmente percibida por quienes éramos sus alumnos», cuenta Sergio Buenanueva.

El obispo de la diócesis argentina de San Francisco conoce bien al nuevo prefecto, quien le dirigió la tesis de licenciatura. Por eso, no duda en advertir: «No se lo puede enrolar en las corrientes teológicas más progresistas. Tampoco en el conservadurismo. Menos aún en el integrismo tradicionalista. Creo que esto es, en los tiempos que corren, un activo para su persona».

En lo que se refiere al futuro del cardenal Müller, se habló de un nuevo encargo que el Papa le habría ofrecido y que el purpurado rechazó. Durante una visita el fin de semana a Maguncia (Alemania), para celebrar los 50 años de su promoción de Bachillerato, Müller anunció que seguirá viviendo en Roma, dedicado a «trabajos científicos». «Seguiré ejerciendo mis funciones como cardenal y pastorales», aseguró. Müller negó también que haya habido «diferencias» doctrinales con el Papa.

La salida de Pell… y la condena a Inzoli

Pocas horas antes de la salida de Müller, otro movimiento sacudió la Curia romana. En plena madrugada del jueves 29, la sala de prensa de la Santa Sede convocó de urgencia a los periodistas acreditados. El secretario de Economía del Vaticano, George Pell, iba a anunciar su decisión de volver a Australia para someterse a la justicia en un proceso por abusos sexuales.

Rueda de prensa de Pell el 29 de junio. Foto: Reuters/Remo Casilli

Ese mismo día, la Policía de la región australiana de Victoria había anunciado envío a juicio contra el purpurado por algunas denuncias en su contra. «Sostengo mi inocencia ante estas acusaciones. Son falsas. La misma idea de los abusos sexuales es para mí repugnante», dijo Pell, hablando en inglés. Y anunció que el Papa le concedió un «permiso temporal» para que regrese a su país a «limpiar su nombre».

La Santa Sede expresó su «desagrado» por la imputación del cardenal pero aseguró su «pleno respeto a las leyes civiles». Y precisó: «El Santo Padre, que ha podido apreciar la honestidad del cardenal durante los tres años de trabajo en la Curia romana, le está agradecido por su colaboración y por su enérgico empeño a favor de las reformas en el sector económico y administrativo».

Cuando el cardenal australiano fue traído a Roma por el Papa, en 2014, los medios lo bautizaron como el zar de las finanzas vaticanas. Entre otras cosas, porque a él le tocó crear la Secretaría de Economía, un ente destinado a controlar buena parte de los movimientos administrativos de la Santa Sede, para asegurar su transparencia. Es, además, miembro del C9, el consejo de cardenales que asesora a Francisco en el gobierno de la Iglesia.

La situación no tiene precedentes. Por primera vez, un funcionario vaticano de primer nivel será enjuiciado por un tribunal externo. En el pasado, algunos clérigos recurrieron a la inmunidad vaticana para evadir la justicia. Esta vez no se repetirá, sobre todo por decisión del Papa.

Al caso Pell se sumó otra situación significativa: la diócesis italiana de Crema anunció la dimisión del estado clerical del sacerdote Mauro Inzoli. «No podemos pensar que el Papa llegó a una decisión tan grave sin haber revisado atentamente ante Dios todos los elementos», precisó el obispo, Daniele Gianotti, en una carta a los fieles.

Miembro de la fraternidad Comunión y Liberación, el sacerdote había logrado dilatar la aplicación de una pena eclesiástica en su contra. Pero la justicia italiana lo condenó a cuatro años y nueve meses de prisión por abusos. Y aunque el Pontífice tuvo dudas al inicio, tomó finalmente esta decisión.

 

¿Qué relación guardan Inzoli y Pell? Ambos fueron utilizados, algunos meses atrás, para acusar a Francisco de inacción en la lucha contra los abusos sexuales. Aludiendo a estos casos, algunos periodistas acusaron al Pontífice de mirar hacia otro lado. Porque, supuestamente, no permitía que la justicia actuase contra el cardenal y porque mantenía en el sacerdocio a Inzoli. Los acontecimientos muestran ahora otra historia.


Columna Originalmente Publicada en www.alfayomega.es

Lo más reciente

Galerías Institucionales