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“-Oye, Chaparrón.

-Dígame, licenciado.

-Licenciado.

-¡Gracias! ¡Muchas gracias!”

Del programa de TV: Chespirito.

 

            Muchos de nosotros recordamos este diálogo del programa de Chespirito en el

que se hacía una burla de la importancia excesiva que tiene un título universitario en nuestra cultura nacional. Aunque se trataba de un programa cómico, igualmente cómico resulta constatar en la vida cotidiana la forma en que el grado académico llega a formar parte de la identidad de las personas, al grado de que cuando se pide en una reunión que las personas se presenten, anteponen siempre el grado al nombre o a cualquier otro dato.

            “Yo soy el licenciado X”, “Mi nombre es ingeniero Y”, son expresiones comunes en una ronda de presentaciones en cualquier curso o junta de trabajo. De manera que el grado universitario en nuestra sociedad credencialista se ha vuelto una especie de título nobiliario sin el cual no se puede vivir.

            Pero “así como el hábito no hace al monje”, el título no hace al profesional. Es muy conocida la anécdota atribuida al gran liberal mexicano Ignacio Manuel Altamirano que refiere que alguna vez uno de sus detractores le dijo: “Adiós, abogado sin título”, ante lo cual el maestro respondió: “Adiós, título sin abogado”. (http://www.mexicodiplomatico.org/art_diplomatico_especial/ignacio_manuel_altamirano.pdf )

            De la misma manera, un título universitario tampoco implica una garantía de obtención de empleo. Las cifras oficiales indican que sólo 40 de cada 100 profesionistas en México han podido acceder a un empleo relacionado con su preparación universitaria, de acuerdo con la Subsecretaría de Educación Superior de la SEP y la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del tercer trimestre de 2012.

            Mientras tanto, según estudios preliminares el mercado laboral mexicano está requiriendo más de un millón cien mil Técnicos superiores universitarios (TSU) para reforzar el desarrollo de las industrias petrolera, electrónica y automotriz, según declaró Enrique de Lamadrid, Director general de Bancomext en un conocido programa radiofónico de temas financieros. (http://www.radioformula.com.mx/reproductor.asp)

            Un TSU es un profesional con una capacitación científico-tecnológica altamente especializada tanto en aspectos teóricos como prácticos de alguna rama del saber, que posee “…las habilidades y actitudes que se requieren para trabajar en equipo, identificar y resolver problemas en el área específica de su competencia profesional como mando medio de las empresas e instituciones de los sectores productivos y sociales”, plantea Raúl Valle en Visión industrial. (http://www.visionindustrial.com.mx/industria/en-la-educacion/tsu-tecnico-superior-universitario-estudios-especificos-para-necesidades-especificas.html)

            El autor recalca el carácter profesional y el nivel de educación superior del TSU, citando la clasificación de la UNESCO que define al TSU y al licenciado como estudios superiores de nivel 5B y 5A respectivamente, diferenciándolos de la educación media superior.

            Lo anterior viene a cuento porque la semana pasada la BUAP anunció la ampliación de 1900 lugares más en 25 carreras de las cuatro áreas de conocimiento, para alumnos rechazados en el examen de admisión que obtuvieron al menos 550 puntos. El rector declaró además que para el período de Enero de 2016 se ampliará en 2 mil 130 lugares el número de estudiantes por aceptar y también confirmo  que  se eliminará el puntaje mínimo de 550 puntos en el examen de admisión, así como el promedio que anteriormente debían presentar los jóvenes con una nota de 7.

(http://www.diariocambio.com.mx/2015/secciones/homo-sapiens/item/16917-buap-ofrece-una-oportunidad-a-mas-de-mil-900-aspirantes-rechazados#ixzz3iuLsim9U ) y
(
http://www.diariocambio.com.mx/2015/secciones/homo-sapiens/item/18851-esparza-confirma-dos-mil-lugares-extras-para-rechazados-de-la-buap#ixzz3iuMlToOR )
            Lo anterior como respuesta a las manifestaciones de protesta que cada año –ahora seguramente serán cada semestre- realizan los estudiantes rechazados que se organizan, argumentando que no debe haber ninguna barrera de acceso a las licenciaturas de las universidades públicas.

            ¿Qué implicaciones tendrán estas decisiones para la calidad académica de la universidad? El asunto de la admisión a las universidades no implica solamente añadir un pupitre en un salón de clase sino proporcionar una formación de alta calidad a cada uno de los estudiantes que se aceptan y esto requiere más y mejores profesores, más y mejor tutoría, más y mejor acervo físico y digital en las bibliotecas, más y mejor infraestructura y equipamiento, etc.

            Pero la calidad académica también debe medirse en términos de pertinencia social y ante el panorama presentado líneas arriba tendríamos que preguntarnos como sociedad si es válido en términos de calidad educativa seguir formando licenciados condenados al desempleo o al trabajo en actividades que nada tienen que ver con su profesión (6 de cada 10 estarían en este escenario) o si el gobierno y las universidades deberían impulsar los estudios de Técnicos superiores universitarios de calidad para formar personas con posibilidades reales de realización profesional aunque se les prive de la dudosa satisfacción de que les digan licenciados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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