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La historia de 15 jóvenes colombianos que podrán conversar a solas con el Papa Francisco y expresarle sus preocupaciones en Medellín, gracias a un programa de la fundación “Scholas Occurrentes”

“La paz que promueve el Papa es de verdad, no como la paz de algunos presidentes o la visión que algunos tienen de la paz, que es la ausencia de violencia”. A sus 15 años, Manuela Valencia sabe diferenciar el mensaje de reconciliación de Francisco para Colombia. Sabe que el pontífice quiere una “paz pura”, lejos de los protagonismos políticos y las oposiciones necias. Ella y otros 14 jóvenes estudiantes tendrán este sábado un encuentro íntimo con Jorge Mario Bergoglio. Podrán contarle sus problemas y confesarle que ellos también quieren “cambiar el mundo”. 

 

El encuentro está previsto justo después de una misa en el Aeropuerto Enrique Olaya Herrera de Medellín, a la cual se espera que asista más de un millón de personas. Tras la bendición final, el Papa se trasladará a la sacristía y allí podrá sentarse con los jóvenes, elegidos entre mil 500 estudiantes que en los últimos meses participaron en el programa Ciudadanía de la fundación pontificia “Scholas Occurrentes”. 

 

“Es una sensación indescriptible y una emoción que me invadió, digamos que sentí mariposas en el estómago. El Papa es un guía, es la persona que va a hacer que el mundo cambie. Pienso que el Papa está haciendo un gran trabajo por la paz, él tiene toda la intención de que la gente y la comunidad estén unidas, y podría decir que no existe un camino a la paz sino que la paz es el camino”, reconoció Jorge Luis Martínez Quintero, 17 años, del colegio IE Barrio San Nicolas. 

 

De los 15 jóvenes de entre 15 y 19 de años invitados a la cita, 10 proceden de Medellín y cinco de Barranquilla. Ocho varones y siete mujeres. Pero no sólo ellos podrán ver al pontífice de cerca. Los otros mil 500 tendrán un lugar especial durante la misa, justo debajo del altar, junto a los sacerdotes que concelebrarán en primera fila.  

 

“El Papa para mi significa todo, un gran líder, un gran ejemplo a seguir, yo no puedo ser Papa pero si me gustaría intentar cambiar el mundo, hacer algo por los jóvenes y por las personas que lo necesitan”, afirmó Ana Sofia Bran Rua, 15 años, del colegio San Juan Bosco. 

 

“Scholas Occurrentes” (escuelas para el encuentro, en latín) llegó a Colombia primero a través del fútbol, con el tradicional plantado del olivo de la paz en un partido por las eliminatorias del mundial de Brasil. Pero pronto pasó a la acción concreta. En marzo de 2016 implementó el programa de Ciudadanía en Medellín. Entonces, 355 jóvenes de 34 escuelas públicas y privadas pasaron toda una semana discutiendo sobre los principales problemas de su entorno, identificaron los prioritarios y propusieron acciones concretas para contrarrestarlos. Todo acompañado por convivencia sana, música y bromas. La experiencia se repitió en Barranquilla y de nuevo en Medellín. 

 

“Este entusiasmo se lo transmitimos al Papa y cuando él nos confirmó que viajaría a Medellín, ahí acordamos que sería muy lindo que él pudiera escuchar directamente el testimonio de estos chicos que hicieron la experiencia de Scholas y que ellos le contaran los problemas que identificaron como prioritarios en su entorno: el embarazo adolescente, la corrupción y la necesidad de cambiar la educación”, explicó el director mundial de la fundación pontificia, José María del Corral.  

 

Recordó que el Papa Francisco dijo, en repetidas ocasiones, que si no se cambia la educación no será posible modificar la realidad y que, para lograr una “paz en serio”, por encima de toda facción político, primero se necesita una “revolución educativa”.  

 

“Desgraciadamente en Colombia, y lo digo como observador ajeno, el tema de la paz se ha politizado y se ha convertido en una prenda electoral o sectorial. Por eso la importancia de la venida del Papa como líder de la paz, promotor de la paz y la esperanza. Las jornadas de la paz de Scholas, enfocadas como ese amplio respiro, buscan que su mensaje trascienda y se convierta en una acción política con la P mayúscula, en una acción educativa para el bien común y ya no para un interés de unos u otros”, precisó Del Corral. 


Texto originalmente publicado en: http://www.lastampa.it/

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