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Un tema apasionante en el estudio de las democracias contemporáneas consolidadas es el estudio del comportamiento de los electores y de las consecuencias de sus decisiones a la hora de emitir su voto. En los casos de la Gran Bretaña y el referéndum que decidió la salida del país de la Unión Europea (el llamado “Brexit”), de los estadounidenses eligiendo a Donald Trump y de los catalanes manifestándose mayoritariamente por la independencia de Cataluña, estamos ante casos en los que las consecuencias de la voluntad popular expresada en las urnas se han convertido en algo más que en un dolor de cabeza para propios y extraños, generando problemas de nivel internacional cuyos alcances aún no alcanzamos a vislumbrar en su totalidad, por lo que quizá podemos hablar de errores históricos. Hablemos hoy de un solo punto negro para la Gran Bretaña (GB) en su accidentada trayectoria rumbo a la puerta de salida de la Unión Europea (UE): ¿a qué posibles escenarios se enfrenta su economía en relación a dicho proceso de abandono de la UE?

La preocupación que todos los implicados en las negociaciones de GB con la UE respecto a las condiciones en las que se desarrollará la salida (ordenada, en lo posible) de este país puede formularse de la siguiente manera: ¿qué tanto sufrirá la economía inglesa ante los inciertos escenarios que al parecer se avecinan? El gobierno inglés mismo parece haber llegado a la triste conclusión de que esa salida provocará un menor desarrollo de la economía, sea como sea el proceso de salida de la UE. Fuentes inglesas citan un estudio elaborado por el Ministerio inglés encargado de las negociaciones del Brexit, en la que se habla de tres posibles escenarios para la economía de la GB:

a)    El primer escenario posible parte de que GB se mantenga en el acuerdo económico de la UE, es decir, que a pesar de ya no ser parte de la UE siga teniendo acceso al mercado interno de la unión. Aun cuando este es el menos probable de los escenarios, de todas maneras se considera que, en los próximos 15 años, la economía inglesa crecería un 2% menos que lo que hasta ahora se había calculado.

b)    Una segunda opción sería una salida menos suave de la UE, lo que significaría que ambas partes firmarían un tratado de comercio libre una vez realizada la salida de la GB. De todas formas, en los próximos 15 años, la economía inglesa crecería un 5% menos de lo previsto hasta hoy.

c)    El peor de los escenarios es el tercero, el de la salida ruda y cruda: sin acceso al mercado europeo y sin tratado de comercio libre, la caída sería no de 2, ni de 5, sino de un 8% en los próximos 15 años.

Ante estos sombríos pronósticos, se discute vivamente en Inglaterra la forma en la que se debe interpretar este estudio del Gobierno. Voceros oficiales hablan de que este documento no ha sido todavía autorizado por las autoridades correspondientes, lo cual no ha logrado calmar la angustia de muchos ciudadanos que, ahora sí, ven con creciente preocupación tan negro horizonte.

Algunos diputados de oposición han exigido la publicación del estudio, para que la opinión pública se entere de lo que podría esperarle. Inclusive la jefa del gobierno escocés, Nicola Sturgeon, ha dicho que este estudio demuestra que, sea como sea la salida de la UE, la economía del Reino Unido entero y de todas sus regiones y naciones sufrirá considerablemente. Recordemos que los escoceses votaron mayoritariamente por la permanencia en la UE.

Como si no tuviera ya suficientes problemas (los heredados y los elaborados con esmero por ella misma), la Primera Ministra Theresa May es ahora objeto de una mayor presión. Una posible válvula de escape momentáneo será quizá su viaje a China, en donde se encuentra en estos días; con este país pretende el gobierno inglés estrechar sus lazos de cooperación económica. De todas maneras, por magníficos que puedan ser los tratados económicos que pueda firmar con el gigante asiático, no lograrán reemplazar nunca a la UE, que es más, mucho más, que un simple tratado comercial o económico. Por poner solamente un ejemplo, pequeñito, entre otros muchos: no es lo mismo, para un joven inglés recién egresado de una universidad, tener a su disposición, para buscar trabajo, a los 28 países de la UE, que tener solamente a las islas británicas y a China, si acaso.

Esto nos demuestra que, tanto en la vida cotidiana como en la política y ante la urna electoral, no es recomendable tomar decisiones cuando estamos molestos, exaltados o enojados. Mala decisión, la de encomendarle a las tripas el trabajo del cerebro.

 


Dr. Herminio S. de la Barquera y A.

Dirección de Posgrados en Ciencias Sociales

Grupo de Investigación en Ciencias Sociales (INCISO-UPAEP)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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