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¿Qué tanto podemos creerle a Putin, luego de su discurso de la semana pasada acerca de su nuevo arsenal nuclear? Según algunos expertos occidentales, no podemos creerle mucho. Esto es: parece que muchos de los artilugios presentados en animaciones por computadora no son realizables. Veamos por qué.

El Dr. Robert Schmucker, experto alemán en balística y técnica espacial y profesor en la Universidad Técnica de Múnich, por ejemplo, afirma que un cohete como el que anunció Putin, de alcance ilimitado, significaría que sería demasiado pesado, pues tendría que alojar un minúsculo reactor atómico para volar prácticamente sin límite de tiempo. Tal prodigio tecnológico, verdaderamente revolucionario, es impensable que haya sido logrado por Rusia y, sobre todo, que lo haya hecho sin que los servicios de inteligencia occidentales lo supieran. De hecho, ni siquiera se espera que Rusia pueda lograr esto en un futuro cercano. A fines de los años 50, los Estados Unidos trabajaron en un proyecto para construir un cohete atómico, pero sin éxito; todavía en los años 60 se trató de fabricar un automóvil atómico, con iguales resultados negativos.

La fanfarronería político-militar de Putin no es algo excepcional: lo mismo vemos en Corea del Norte, con las constantes amenazas de Kim Jong Un. Ya lo hemos afirmado antes en este mismo espacio: Corea del Norte no cuenta con la capacidad de alcanzar los Estados Unidos con sus misiles. Ciertamente, en las pruebas realizadas, sus cohetes cubren una distancia equivalente a la que separa a ambos países, pero hacia arriba. Es decir, Corea lanza sus misiles en vuelo prácticamente vertical, para que no caigan a mucha distancia del lugar de lanzamiento, pues si los lanzara para que cayeran lejos, no tendría la capacidad de recuperar los restos para estudiarlos, como debe hacerse generalmente en todo vuelo de prueba, ya que estos caerían a demasiada distancia de su territorio y del alcance de su marina de guerra. Es más: podría ocurrir que otro país recuperase esos restos y pudiese analizarlos, lo cual siempre hay que evitar, a toda costa.

Otra de las armas mencionadas por el dirigente ruso es el cohete hipersónico “Kinschal” (“Puñal”), que igualmente podemos calificar como una tomadura de pelo. Ni los países occidentales (más adelantados tecnológicamente que Rusia, China o Corea del Norte) han logrado desarrollar algo así, pues la enorme velocidad conduce a un tremendo desgaste del material, además de que las pruebas que habría que realizar serían sumamente costosas y complejas. Recordemos que el término “hipersónico” se utiliza para una velocidad que sea por lo menos cinco veces la del sonido. Según Putin, el cohete “Kinschal” es lanzado desde un avión, vuela a 10 veces la velocidad del sonido pero es dirigido a control remoto. No es creíble que los rusos posean tan maravilloso artefacto.

Por último, Vladimir Putin habló de un submarino de propulsión nuclear no tripulado. Tendría la capacidad para navegar sumergido a grandes profundidades y emerger en el lugar menos esperado. Su “minirreactor” sería cien veces más pequeño que el de un reactor de un submarino atómico normal, según el Presidente ruso.

Los jefes militares del Occidente reaccionaron con calma después del discurso del agripado Putin; al igual que los académicos familiarizados con el estudio de los sistemas de armas, los militares están en general convencidos de que Rusia no dispone de tan sofisticado armamento como el que presumió su líder.

De todas formas, recalcamos nuestra preocupación: centremos nuestra atención no en las fantasiosas armas anunciadas por Putin, sino en su discurso, pues al parecer estamos pasando de la doctrina de la disuasión a la doctrina de la amenaza. Junto a afirmaciones más o menos inofensivas (“Conmigo Rusia está segura”), dijo otras más fuertes: “Ahora espero que todo lo que aquí se dijo intimide a cualquier posible agresor”. Este veterano de la Guerra Fría será con toda seguridad reelecto el 18 de Marzo. Estamos en el mundo de los “hombres fuertes”, amados por su pueblo y amantes de la reelección.


Dr. Herminio S. de la Barquera y A.

Dirección de Posgrados en Ciencias Sociales

Grupo de Investigación en Ciencias Sociales (INCISO-UPAEP)

 

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