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Después de haber analizado la semana pasada el caso del intento de asesinato, utilizando una substancia tóxica de procedencia soviética, del ex doble agente Sergej Skripal, vamos ahora a discutir las posibles causas que pudieron mover a Rusia a tratar de matar a esta persona. Pero primero recordemos que tenemos tres escenarios posibles: 1) que Rusia no esté detrás de este atentado; 2) que Rusia sí haya tratado de matarlo, pero que algo haya salido mal, afectando también a la hija (lo que es tabú en las relaciones entre agencias de inteligencia); y 3) que Rusia lo haya hecho sin importarle la hija, y esté con ello rompiendo a sabiendas esas reglas del juego. 

Parece que ya no hay duda razonable de que el producto utilizado (“Novitschok”) es de producción soviética/rusa, pues el 12 de Abril, la OPCW (“Organisation for the Prohibition of Chemical Weapons”), después de hacer una serie de estudios con el apoyo de cuatro prestigiados laboratorios, llegó a dicha conclusión, aunque sin achacarle a Rusia haber perpetrado el atentado, pues eso quedaba fuera de las atribuciones de los laboratorios. El gobierno inglés recibió con esto un fuerte espaldarazo en su conflicto con el gobierno de Putin, que sigue rechazando dicha imputación. Sin embargo tampoco ha aportado pruebas de descargo, sino que sigue tendiendo cortinas de humo y diciendo cosas sin sentido. Así, el mismo jueves 12, después de darse a conocer el breve informe de la OPCW, el ministro interino de industria en Rusia, Georgi Kalamanow, afirmó nuevamente que todas las substancias peligrosas que el país poseía fueron destruidas bajo la supervisión de la OPCW. Sin embargo, ya dijimos aquí que el Novitschok no fue declarado ante dicha organización, por lo que esta no pudo haber atestiguado su eliminación. Como nota curiosa diremos que una sobrina de Skripal, desde Rusia y al parecer bien aleccionada por el Kremlin, afirmó que lo que les había pasado a sus parientes era seguramente una intoxicación por comer pescado. Es muy probable que el Ministro de Exteriores británico, el generalmente locuaz Boris Johnson, en esta ocasión tenga razón: en un ataque de cordura, afirmó que solamente Rusia tiene “los medios, los motivos y la experiencia” para atentar contra el ex doble agente. 

¿Cuáles pueden ser estos motivos? Ya dijimos aquí hace una semana que a ninguna agencia de inteligencia le conviene romper las reglas no escritas de juego en sus relaciones con las otras, pues ese rompimiento se puede volver contra quien primero haya violado dichas reglas. Pero también hemos señalado en otras ocasiones que los servicios de inteligencia hacen generalmente lo que el aparato político les dice que hagan. Según el experto en servicios de inteligencia Andrej Soldatow, Putin se encuentra en una fase en la que pretende cambiar la forma de dirigir a sus servicios de espionaje, que le han fallado en ocasiones clave: así, en ningún caso de atentados terroristas ni en las demostraciones contra el gobierno de 2011 y 2012, el FSB ha logrado anticiparse a los acontecimientos, mucho menos ha estado en condiciones de ofrecer soluciones. Incluso hace unos meses, un probable ataque terrorista en San Petersburgo fue frustrado gracias a la ayuda de la CIA. A raíz de esta decepción, según Soldatow, Putin quiere restringir las facultades de las agencias y hacerlas trabajar exclusivamente en los casos que él determine. Ese modelo se asemeja mucho al que se estableció en la URSS, entre el Partido Comunista y el KGB (“Comité para la Seguridad del Estado”). Dichas tareas pueden ser, por ejemplo, el control de la población y de las élites, o realizando actividades represivas contra personajes concretos. En la actualidad hay en Rusia cinco gobernadores, un ministro e incluso altos funcionarios de la FSB en prisión. Parece que el objetivo es mandar un mensaje claro: nadie está a salvo de la represión –ni los represores del FSB. Este mecanismo funcionó bien en tiempos del KGB, en donde tantos años trabajó Putin. El mensaje puede llegar también a los “tránsfugas y traidores”, como muchos en Rusia consideran a Skripal. En el mundo de las agencias de inteligencia rusas quizá haya sido igualmente percibido el mensaje: nadie está a salvo. Este modelo sirve para esparcir el miedo, pero, al restringir el horizonte de acción de los servicios de inteligencia, puede volverse un arma de dos filos.

Lo que sigue sin quedarme claro es por qué se utilizó una substancia tan compleja para atentar contra el ex doble agente, cuando hay otros medios más discretos, sencillos y efectivos.

La falta de controles democráticos de los aparatos de inteligencia es un peligro gravísimo; eso lo debemos aprender en México, en donde no existe una “tecnificación” de dicha área (basta con voltear a ver quién está a cargo del CISEN actualmente) ni tampoco controles efectivos en el Poder Legislativo. El ejemplo de Rusia sirve para saber lo que no hay que hacer. Lo importante y urgente es consolidar la democracia y la cultura política democrática. Ciertamente, como afirmó Vasili Grossman, Rusia ha visto muchas cosas a lo largo de sus mil años de historia, pero hay algo que nunca ha visto: la libertad.

  


Dr. Herminio S. de la Barquera y A.

Dirección de Posgrados en Ciencias Sociales

Grupo de Investigación en Ciencias Sociales (INCISO-UPAEP)

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