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Unos días después de que el Presidente de los Estados Unidos anunciase el retiro de su país del acuerdo nuclear con Irán, la consternación a nivel mundial continúa. Estamos quizá ante el más grave error en materia de política exterior cometido por Donald Trump desde el inicio de su mandato, producto, una vez más, no solamente de su supina ignorancia en estos menesteres, sino sobre todo de su rechazo a aprender.

1. El acuerdo nuclear firmado por siete países (Irán, Alemania, Inglaterra, Francia, Estados Unidos, Rusia y China), con el fin de que Irán abandone sus propósitos de desarrollar armas nucleares, es un conjunto de pactos, que se mantienen vigentes en tanto todas las partes cumplan con lo acordado. No es, por lo tanto, un tratado vinculante. Trump ha anunciado que su país deja de cumplir con su compromiso: la suspensión de sanciones contra Irán.

2. Irán, por su parte, puede entonces anunciar igualmente su retiro (argumentando que no fue este país el que inició la ruptura) o, por el contrario, decidir mantenerse en él, pues los países restantes no tienen, al menos por ahora, deseos de abandonar dichos acuerdos. Rusia y China tienen un comercio muy intenso con Irán (China concentra el 45% del comercio exterior iraní), e Inglaterra y Alemania ven crecer los contactos comerciales y financieros con ese país. Además, no olvidemos que los dos primeros países están sumamente interesados en ir llenando los espacios políticos y económicos que van dejando paulatinamente los Estados Unidos en esa región del mundo, particularmente desde la administración de Obama. Y no sólo eso: ni Rusia ni China desean que Irán se haga de armamento atómico.

3. Aunque Estados Unidos solamente representa el 1% del comercio exterior iraní, puede tratar de obligar a las empresas de los demás países participantes en los acuerdos a suspender sus relaciones con Irán, lo cual ya ordenó, en un grosero tono de sargento, el recientemente nombrado embajador estadounidense en Alemania a las empresas de este país.

4. En el ámbito de la política interior iraní, la postura de Trump está dando argumentos al bando de los duros, en detrimento de aquellos que están de acuerdo en acercarse a Occidente. Esto podría dificultar las negociaciones con Irán y, si las repercusiones de las sanciones que intentará aplicar Trump contra ese país provocan problemas económicos internos, ese fortalecimiento del bando duro será más probable. Es decir, Trump habrá provocado más problemas de los que supuestamente quiere resolver.

5. El acuerdo nuclear con Irán tiene ciertamente algunos defectos, pero la mayoría de los analistas (incluyendo gente del círculo cercano a Trump) coinciden en que estaba funcionando. El estilo de Trump (elevar al máximo las apuestas y las exigencias y arrinconar al adversario para hacerle sentir más presión) no siempre puede dar buenos resultados en la política, sobre todo si partimos de su enorme ignorancia en temas de política internacional y en lo que concierne a la mentalidad de otros Estados y naciones.

6. Israel es uno de los escasísimos Estados que ha recibido con gusto la salida de los Estados Unidos del acuerdo nuclear, pero, si bien es cierto que las tropas iraníes en Siria son una amenaza para Israel, también es cierto que con sus reacciones ultrarradicales, el gobierno de Netanyahu está provocando a Irán, cuyo gobierno ha afirmado que no quiere una guerra con Israel. El gobierno israelí debería actuar más en el terreno de la política que en el militar, como ya lo hizo notar hace unos días un diario israelí. El problema es que ni Netanyahu ni Trump son aficionados a negociar cuando pueden usar retórica militar.

7. El papel de Putin como mediador entre Irán e Israel se ha debilitado, pues Netanyahu al parecer ya no lo escucha, sabiéndose apoyado por Trump. Ya sabemos que Trump es un radical, que no piensa más que en sencillas categorías de “amigo-enemigo” y que no desea aprender nada de diplomacia. Si el dirigente israelí sigue recibiendo el apoyo de su contraparte estadounidense y si rechaza la intermediación rusa, estaremos al borde de una guerra, algo que al parecer Irán quiere evitar. De todas formas, la presencia de tropas iraníes en suelo sirio es vista por Israel, con cierta razón, como una provocación. Así que para desactivar el conflicto es necesaria la colaboración y disposición de todas las partes. Una carrera armamentista en esta región sería peligrosísima y de alcances impredecibles, pues ya incluiría el componente nuclear. A Irán habría que sumarle, en este aspecto, a sus dos oponentes: Egipto y Arabia Saudí. Israel ya tiene armamento atómico.

8. Incluso el Ministro inglés de exteriores, Boris Johnson, no muy proclive a decir cosas razonables, se ha manifestado a favor de mantener el acuerdo con Irán. En esto coincide tanto con la Unión Europea como con los demás signatarios del acuerdo, por lo que esto podría significar un aislamiento diplomático de Donald Trump, quien insiste en alejarse de los países europeos que han sido tradicionalmente aliados de Estados Unidos. Este aislamiento, si se concreta, podría favorecer a la posición moderada del gobierno iraní, frenaría posiblemente a Netanyahu y quizá podría destensar la situación. 

9. Las duras palabras de Angela Merkel el día de hoy, reprobando la salida de Estados Unidos del acuerdo, muestran claramente la creciente distancia entre Europa y Trump: es dañino lesionar el multilateralismo de esta manera y no se debe hacer simplemente lo que uno quiera; estas decisiones unilaterales dañan la confianza en el orden internacional y hacen ver a todos que ya no se puede confiar en los Estados Unidos. ¿Quién será capaz, preguntamos nosotros, de confiar de hoy en adelante en Estados Unidos? ¿Qué estará pensando Kim-Jong-un, quien se reunirá con Trump en unos días? ¿Cuánto vale ahora la firma de Estados Unidos en un tratado?

10. Los políticos pueden acostumbrarse a prometer y después a no cumplir con su palabra; pero Donald Trump prometió muchas cosas durante su campaña electoral y las está cumpliendo como Presidente, aunque se trate de barbaridades. La paradoja es que, cumpliendo su palabra frente a sus bases electorales radicales e ignorantes, rompió la palabra y la credibilidad de su país ante los ojos del mundo. Si a la salida de Estados Unidos del acuerdo con Irán añadimos el asunto de los aranceles al aluminio y al acero, nos encontramos en los inicios de una absurda guerra comercial, que perjudicará a todos, incluyendo a nuestro vecino del norte. Irán, ciertamente, apoya a algunos grupos terroristas, pero ha resistido la presión estadounidense a lo largo de 40 años, por lo que es muy improbable que ahora ceda. Trump, con su retórica primitiva y su pasmosa ignorancia, hace retroceder al Medio Oriente al borde de una guerra. Ya lo decía Napoleón: un tonto es el peor enemigo.

 


Dr. Herminio S. de la Barquera y A.

Dirección de Posgrados en Ciencias Sociales

Centro de Investigación en Ciencias Sociales (INCISO-UPAEP)

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