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La broma de Francisco a Toribio Ticona Porco, en una conversación que sostuvieron ambos estos días en el Vaticano. Una nota de humor, que muestra la confianza entre los dos. Mientras tanto, las polémicas arrastran a la diplomacia boliviana en Roma.

Toribio Ticona jamás imaginó ser cardenal de la Iglesia católica. De infancia difícil, la vida le deparó una personal revancha en el último tramo de su vida. Aquel arzobispo que conoció durante su labor como misionero en Argentina, ya como Papa quiso reconocer sus años de servicio. Y le confirió el birrete colorado, no obstante sus 81 años. Justo en los días previos al Consistorio durante el cual fue creado purpurado, el 28 de junio pasado, la diplomacia boliviana debió afrontar no pocas polémicas. Con el clamoroso destape de un falso sacerdote entre sus funcionarios acreditados en el Vaticano. 

Nacido en 1937 en la provincia Cornelio Saavedra de Potosí, de pequeño trabajó como lustrabotas y revendedor de periódicos. Conoció poquísimo a su padre, campesino y minero. Ingresó a la vida religiosa hasta que se ordenó sacerdote. En Buenos Aires cruzó sus pasos con Jorge Mario Bergoglio. Él era misionero y atendía allí a la comunidad de sus connacionales, la más numerosa fuera del país. El cardenal siempre tuvo una atención especial por los bolivianos en Argentina, por sus tradiciones y su religiosidad popular. 

“Nos conocimos allá y después nos hemos hecho amigos”, explicó el propio Ticona en declaraciones al Vatican Insider en Roma. Y reveló un detalle gracioso. “Ahora que nos vimos un buen rato para charlar me dijo: ‘¡Ya no vas a comer carne de gato!’. Porque una vez llegué a comer esa carne y él lo sabía”. 

Más adelante, contó que supo de la noticia de su cardenalato cuando se encontraba en La Paz, en la más reciente fiesta de Pentecostés. Lo llamaron desde Tarija y le dijeron: “El Papa te ha nombrado cardenal”. Él no podía créelo, pero cuando se convenció sólo atinó a decir: “Mira, ahora voy a ser cardenal”. 

“Ha sido una gran alegría, pero al mismo tiempo un buen servicio para mi gente de Bolivia porque va a ser bastante fuerte el trabajo. Pero si Dios todavía me da fuerzas haré todo lo posible, porque se que es un honor pero también un servicio a los hombres, nuestros hermanos, y ante Dios”, dijo. Y apuntó: “El Papa ha dicho que la Iglesia debe ser pobre y para los pobres, y sus ministros deben ser igualmente pobres, de origen campesino, minero, humilde. Porque siempre llegan a ser cardenales personas de la alta sociedad”. 

Con su estatura minuta y su paso titubeante, Ticona llegó hasta Roma. Acompañado por un grupo pequeño de personas. En las visitas de cortesía para los nuevos cardenales en el atrio del Aula Pablo VI, tras el Consistorio celebrado en la Basílica de San Pedro, ante él no se arremolinaron grandes multitudes. Ni recibió costosos o exuberantes regalos. Todo muy sobrio, y más que digno. 

Un detalle exaltó su creación cardenalicia, para la ocasión viajó hasta el Vaticano el presidente boliviano Evo Morales. No sólo participó en el Consistorio, tras el cual felicitó con un abrazo al nuevo purpurado. También asistió a la misa por la fiesta de los santos patronos de Roma en la Plaza de San Pedro, el viernes 29 de junio. Un día después se reunió por 36 minutos en privado con Francisco en el Palacio Apostólico. 

Pero, mientras todo esto ocurría, la diplomacia de Bolivia en la capital italiana debió afrontar encendidas polémicas públicas. Primero con el inesperado destape de un falso sacerdote que ocupa un puesto de primer rango en la embajada de ese país ante la Santa Sede. Se trata de José Luis Funes Ramírez, quien desde hace algunos meses se desempeña como primer secretario de esa legación diplomática.  

Apenas el 24 de junio pasado, la Arquidiócesis de Cochabamba emitió un comunicado oficial aclarando que esta persona “nunca ha sido ordenado sacerdote católico, en ninguna Iglesia local, ni orden o congregación religiosa”. Por eso, siguió, no puede celebrar sacramentos o cualquier otro acto religioso, “siendo más grave todavía si hiciera celebraciones en casas particulares”. De actuar así, “confunde a los fieles católicos” y los actos por él presididos “carecen de validez sacramental”, apuntó. 

“Esta persona estaría ahora en Italia, haciéndose pasar como sacerdote misionero Boliviano. Él mencionaría, además, que está trabajando como primer secretario ante la Santa Sede. Pedimos a los hermanos bolivianos, que se encuentran en tierras europeas, no dejarse embaucar”, agregó. 

Estas aclaraciones llegaron tras meses de rumores en el ambiente diplomático vaticano. Y fueron publicadas en esos términos porque el propio Funes Ramírez se ha presentado en diversos momentos como sacerdote en activo, incluso ante embajadores. En Bérgamo, donde se encuentra la comunidad boliviana más numerosa de Italia, se le atribuyen celebraciones de misas y otros ritos en casas. Una práctica que ya realizaba en su país natal. 

Resulta que la alerta de esta semana en su contra no es la primera. Ya el 23 de julio de 2015, la misma arquidiócesis boliviana había emitido una nota similar, aclarando que él se desempeñaba como sacristán de la parroquia de Colcapirhua y, de repente, comenzó a celebrar misas falsas en cementerios y domicilios particulares. Entonces, la Arquidiócesis de Cochabamba lo denunció por usurpación de funciones. En su momento, Funes fue estudiante en la comunidad de los hijos de San Juan de Dios en Argentina, pero nunca llegó a ordenarse sacerdote. 

Sus relaciones políticas y personales lo llevaron hasta Roma, donde logró colarse en un puesto de alto nivel en la embajada de su país, a cargo de Julio César Caballero Moreno. Fuentes del entorno diplomático y eclesiástico consultadas por el Vatican Insider se preguntan cómo pudo la escrupulosa Secretaría de Estado del Vaticano dar su beneplácito para la acreditación de un hombre con antecedentes tan graves en materia de usurpación de funciones eclesiásticas.  

A la historia de este personaje incómodo, el embajador Caballero sumó otra controversia. Dos bolivianas, Rosa Vaca y Stefanía Rosa, fueron retenidas por la Gendarmería Vaticana por portar camisetas con el mensaje “Bolivia dijo No” durante las visitas de cortesía a los cardenales en el Aula Pablo VI del Vaticano la tarde del jueves 28. Esas frases recuerdan el resultado del referéndum del 21 de febrero pasado, en el cual se impusieron los opositores a una nueva candidatura de Evo Morales a las elecciones presidenciales de 2019.  

A decir verdad, ellas no eran las únicas que llevaban las casacas de protesta. El grupo era más numeroso y varios de sus miembros pudieron llegar a sacarse fotografías con el propio cardenal Ticona, con sus vestiduras coloradas. Luego, Julio César Caballero rechazó haber pedido a las autoridades vaticanas la detención de las mujeres y se declaró defensor de la libertad de expresión.  

Más allá de estos episodios puntuales, lo ocurrido en los días pasados parece un capítulo más de una diplomacia boliviana que, en su embajada ante el Vaticano, no para de afrontar errores y crisis. Como el fallido nombramiento (en 2015) del embajador Armando Loaiza, quien nunca llegó a tomar las riendas de su puesto por un escándalo internacional tras decirle a un periodista chileno que Evo Morales tiene “un trauma con los católicos”, o el inexplicable desplazamiento de la diplomática de carrera Érika Farfán, quien supo prestigiar como pocas esa pequeña misión. Y cuya labor es todavía reconocido por el secretario de Estado de su santidad, Pietro Parolin.  

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