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Después de los resultados electorales del 1° de Julio pasado, una cruda realidad se presenta para los partidos perdedores: no solamente perdieron sino que quedaron reducidos a una mínima expresión, por lo que llegarán a su papel de partidos opositores en los congresos a nivel federal y estadual sumamente debilitados. Esto es bueno para los partidos vencedores, especialmente para MORENA, pero es muy malo para el funcionamiento de un sistema democrático. Veremos por qué.

1. Hay dos tipos de oposición: la “oposición fundamental” va dirigida en principio contra el sistema político, sus principios de conformación y el consenso social fundamental (por ejemplo: movimientos revolucionarios). La “oposición parlamentaria” se considera como un elemento inmanente y legal del sistema político, pero como contraria al gobierno en turno.

2. En sentido estricto, oposición es la contradicción organizada e institucionalizada en contra del gobierno y de su mayoría parlamentaria, en el contexto de un Estado democrático de derecho. El papel de la oposición, en este contexto, es el de la crítica, el control y la alternativa dentro del sistema de dominación política existente; pero para ello se requiere de una actuación permanente y organizada a partir de un programa coordinado y planificado, opuesto al del grupo gobernante.

3. El papel al que aspira llegar toda oposición en un Estado democrático es el del “gobierno de mañana”, como decía Carlo Schmid, es decir, la oposición es una alternativa constante al gobierno actual, al que busca controlar y vigilar; llegado el caso, lo que busca la oposición es substituir a dicho gobierno.

4. Por lo tanto, debido a este importante papel como contrapeso frente al gobierno en funciones, la oposición legislativa institucional se convierte en un elemento esencial en todo orden democrático liberal, por lo que no se le debe ver con hostilidad, desdén o desconfianza.

5. Si se presenta el caso de que los partidos de oposición estén muy débilmente representados en el Poder Legislativo, el contrapeso frente al Poder Ejecutivo se ve muy comprometido, pues difícilmente el partido mayoritario en el Congreso intentará frenar o controlar al Ejecutivo que emanó de las propias filas del mismo partido. Esto deja en manos del Poder Judicial la responsabilidad de los pesos y contrapesos, en lugar de que esta tarea se distribuya entre los tres poderes.

6. En el caso de un Estado federal, como México, el problema se agrava porque la mayoría de los congresos locales está ahora en manos de un mismo instituto político: MORENA (estrictamente no es un partido), lo que podría facilitar las reformas constitucionales. Esto quiere decir que aunque dicho movimiento no cuenta con una mayoría calificada en el Congreso de la Unión, no está muy lejos de ella si sabe negociar con otros partidos o diputados afines.

7. Si a esto le agregamos el hecho de que el candidato triunfador no ha manejado nunca a MORENA con talante democrático, sino como amo y señor, surge el temor de que sus diputados y senadores acaten todos sus lineamientos e iniciativas a nivel federal y en los congresos locales. Ese carácter autoritario se reforzaría entonces debido al panorama político resultante: el elector premió generosamente a un actor (MORENA) y castigó duramente a sus adversarios.

8. Independientemente de que si los partidos opositores al triunfador merecían o no esa estrepitosa derrota (en la democracia no gana el que se lo merece, sino el que obtiene más votos), el hecho es que los electores crearon un escenario que puede ser sumamente peligroso para un régimen democrático de derecho, al darle tal fuerza a un actor que le permite prácticamente prescindir de los demás, quienes pasarán un buen rato lamiéndose las heridas, intentando poner orden en los residuos de sus partidos y tratando de averiguar cómo asegurar su precaria supervivencia. Un acercamiento frente al poderoso ganador puede ayudarles (eso pueden estar pensando los que resulten diputados de lo que queda del PRD, por ejemplo), por lo que su papel opositor se debilitaría aún más.

9. Nuevamente, lo digo con tristeza, tuvimos razón en este espacio al llamar la atención sobre lo pernicioso que resulta el haber homologado elecciones locales con federales, pues eso provocó –aunado al hartazgo de los ciudadanos, que es un fenómeno aparte- un brusco cambio de timón en la dirección política del país, la desaparición de los temas locales en la discusión de campaña, la concentración del poder en una nueva fuerza hegemónica, cuya duración aún está por estimarse, y la casi desaparición de partidos opositores al trinfador.

10. Para un sistema democrático es desventajoso tener un mal gobierno, pero es igualmente peligroso tener una mala oposición o una muy débil. En este escenario del proceso electoral 2018 es grande la irresponsabilidad de los propios perdedores, por su miopía, intransigencia, arrogancia, falta de espíritu democrático, escasez de ideas y estrategias idóneas para la campaña, pobreza de liderazgo, incapacidad para comunicarse con los electores y desprecio por los propios militantes, cuyos intereses e ideales desdeñaron abiertamente. Viene ahora el doloroso despertar de los derrotados y la irrenunciable tarea de todos los actores -vencedores, vencidos y sociedad civil- de cuidar, fortalecer y consolidar nuestra democracia. Y eso se hace sobre todo con los hechos, no nada más con las palabras. 

 

Dr. Herminio S. de la Barquera y A.

Dirección de Posgrados en Ciencias Sociales

Centro de Investigación en Ciencias Sociales (INCISO-UPAEP)

 

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