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La única ventaja que quien perpetra estas líneas ve en personajes como Donald Trump, Matteo Salvini, Boris Johnson y similares, es que proveen de muchísimos temas a quien desee hacer comentarios sobre la situación política internacional o local. Llega incluso a ser difícil decidir sobre qué escribir, dada la amplia paleta de ocurrencias que disparan a diestra y siniestra, casi sin respirar entre una y otra. En verdad, aunque esas ocurrencias tengan generalmente fatales consecuencias, acaba uno por reír para no llorar.

Desafortunadamente, parece que también en México tendremos que irnos acostumbrando a quienes creen que un país se puede gobernar con ocurrencias, intuición y consultas al pueblo sabio e infalible.

Se ha escrito tanto acerca de la consulta sobre el futuro del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, que ya mejor dejamos el tema por la paz, aunque puede ser que ese sea un factor que incida de manera negativa en el arranque de la nueva administración y sus perspectivas de desarrollo económico y de solidez financiera.

Sigo sin entender, por ejemplo, por qué el tope del salario del futuro Presidente de la República se fijó en alrededor de 108 000 pesos. ¿Por qué exactamente esa cantidad? ¿Qué estudio técnico sirvió de base para llegar a dicho resultado?

En materia de las futuras políticas de seguridad, ¿por qué dividir al país en 265 regiones? ¿Por qué exactamente esa cantidad? ¿Por qué no 200 o 300? ¿Qué estudios técnicos apuntalan tal decisión? ¿Quién hará la división en regiones? ¿Y qué hacer si se traslapan zonas y regiones militares?

¿Por qué se hará una campaña de reclutamiento para que ingresen 50 000 elementos nuevos a las fuerzas armadas y a la policía? ¿Por qué no más, ni menos? ¿Dónde está el estudio técnico que sirvió de base para llegar a esa cantidad tan elevada?

¿Y dónde está el sesudo estudio técnico que apuntale la decisión de crear una Guardia Civil, especie de gran ensalada de corporaciones de seguridad?

¿Y por qué se fusionará el aparato de inteligencia civil con el policíaco? ¿Qué país hace eso en el mundo de hoy? ¿Quién hizo el estudio respectivo para llegar a esa idea de dudosa practicidad?

¿Por qué la Secretaría de Cultura se va a Tlaxcala, y no a Pachuca, Cuernavaca, Querétaro o Campeche? ¿Bajo qué criterios técnicos se tomó tal decisión? Y así con las demás dependencias…

¿Por qué se construirán dos refinerías, caso inédito en el mundo actual? ¿Qué estudio técnico ha demostrado que en México sí puede ser negocio construirlas, cosa que no ocurre en otros países? ¿Y por qué dos? ¿Y por qué en Tabasco? ¿Por qué no se hizo una consulta popular al respecto? ¿Consultarán al pueblo cuando haya que decidir sobre qué materiales usar para construirlas y sobre sus pormenores ingenieriles?

¿Por qué en Tabasco hay más casillas para decidir sobre la suerte del desdichado NAICM que en el Estado de México, en donde está asentada la obra? ¿Qué estudio técnico indica que eso es lo más adecuado para tener una opinión representativa sobre el tema?

¿Por qué el futuro presidente descalifica como “mañosos y corruptos” a quienes ven con desconfianza o recelo a la consulta sobre el NAICM? ¿Tendrá en sus manos alguna encuesta seria que haya llegado con certeza a dicho resultado? Habla como si siguiera en campaña.

Afortunadamente, empero, hay decisiones que parecen salirse de estos esquemas de desorden, ligereza y falta de conocimiento en la forma de ir configurando las futuras decisiones y políticas públicas del próximo gobierno. Como ejemplo está la elección realmente acertada, por parte de Andrés Manuel López Obrador, del Almirante José Rafael Ojeda Durán como Secretario de Marina y del General Luis Cresencio Sandoval como Secretario de la Defensa Nacional de la administración que arrancará el 1° de Diciembre. Como bien indica Jorge Fernández Menéndez, las fuerzas armadas mexicanas son, en el mejor sentido de la palabra, verdaderos apoyos y contrapesos del gobierno federal. Y, dado que en la nueva configuración política que emergió de la voluntad popular el 1° de Julio pasado, estamos muy escasos de contrapesos institucionales, es de primordial importancia la lealtad y el peso de las fuerzas armadas. Ambos militares tienen una amplia experiencia operativa y han demostrado ser sumamente eficientes en las múltiples tareas desempeñadas. El General Sandoval es uno de los oficiales de su rango más jóvenes del Ejército; por contraste, el Almirante Ojeda es de los de más edad en la Armada y uno de sus mandos más experimentados.

Si bien no proceden de la estructura administrativa de ambas Secretarías, pertenecen al círculo cercano de los actuales titulares de Defensa y de Marina. De hecho, no siempre ocurre que de la estructura administrativa (Subsecretarios, Oficiales Mayores, Inspectores Generales y Jefes de Estado Mayor) procedan los siguientes titulares, así que esto no debe ser motivo de alarma o desasosiego.

Con el General Sandoval tiene lugar un claro cambio generacional, pues él ya no se formó en Popotla, sino en el nuevo Colegio Militar. Por todo lo anterior no vemos una ruptura entre los dos oficiales designados y los salientes. Eso es muy bueno, sobre todo teniendo en cuenta que en el equipo que pronto asumirá las riendas del gobierno hay muchas personas (empezando por el mismo Presidente Electo) que han demostrado tener una gran falta de conocimiento y muchos prejuicios en lo que respecta a las fuerzas armadas, por lo que es de desearse que estas designaciones, a nuestro parecer muy atinadas y sensatas, puedan contribuir a descorrer el velo de la ignorancia de los ojos de nuestros futuros gobernantes.

Esperemos que poco a poco se vayan acumulando decisiones de este tipo, que desplacen paulatinamente a las que han sido producto de la ocurrencia y del desatino. Algunas de las decisiones que López Obrador y su equipo han tomado son, según el parecer de quien esto escribe, un verdadero atentado contra la prudencia, una afrenta contra la inteligencia, un crimen contra la razón. ¿Aceptaría López Obrador, como candidato, el resultado de una elección local o federal en la que la tinta indeleble se borre con salivita, en donde los funcionarios de casilla se lleven las urnas a su casa, en donde el que quiera pueda votar varias veces, en donde no pueda haber impugnaciones, en donde las boletas no estén foliadas? Pues eso es exactamente lo que está pasando con la consulta sobre el NAICM. El problema es que estas decisiones quizá vayan más allá del atentado, de la afrenta o del crimen contra la razón, pues acarrean generalmente graves consecuencias sobre los ciudadanos, hayan o no votado por el partido triunfador, y para el país en su conjunto. Viene a nuestra mente el recuerdo de las palabras de Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord, Ministro de Asuntos Exteriores de Napoleón Bonaparte y uno de los más grandes cínicos y oportunistas de la historia, después de que el Emperador mandase secuestrar y asesinar al Duque de Enghien en 1804: “Eso es peor que un crimen: es un error”.

Esperemos, entonces, que esos errores se contengan y que la próxima administración se caracterice por la razón, la reflexión y la prudencia hechas gobierno, y no por la institucionalización de la ocurrencia que devenga en pachanga.

Dr. Herminio S. de la Barquera y A.
Decano de Ciencias Sociales
Grupo de Investigación en Ciencias Sociales (INCISO-UPAEP)
UPAEP

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