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Por: Alejandra Ramírez Sánchez, 1er semestre Prepa Santiago

A lo largo de la historia, la humanidad ha estado rodeada de todo tipo de sonidos: alegres, rituales, imaginativos o fúnebres. La música ha sido fruto de mucho conocimiento, de pasión e interés por darle sentido a los sonidos que hemos descubierto a través de los siglos.

La música tiene influencia en nuestro estado de ánimo. Por ejemplo: si escuchamos canciones de desamor o con acordes fúnebres nuestro ánimo caerá en picada; si escuchamos un tema de amor nos hará imaginarnos a la persona ideal para nosotros y desearíamos, en ese momento, tener un amor como el que narra la canción.

La música, por supuesto, se ha ramificado en varios géneros y estilos: bellas sinfonías, el pop, rock, banda, electrónica y rap, sólo por nombrar algunos. Es común que la gente conozca las canciones de moda y las tararee todo el tiempo. Sin embargo, es raro encontrar a alguien que conozca y disfrute las sinfonías de Beethoven o Vivaldi, dos de los mejores compositores de toda la historia. Es cierto que la música cambia y que lo popular de antes no es lo mismo de ahora, pero parece que no hay muchas posibilidades de que las nuevas generaciones conozcan música que expanda su cultura general y su gusto. Si echamos un vistazo a las canciones que más se programan en la televisión y en la radio encontramos piezas que tratan, sobre todo, el tema del amor, las relaciones de pareja y la diversión. Sin embargo, me parece que estos tópicos son tratados de manera superficial y, muchas veces, nosotros repetimos las letras sin estar plenamente conscientes de lo que significan.

Otro asunto que me preocupa, con relación a la música popular, es la visión que tienen sus letras de la mujer. Muchas veces es retratada como un objeto y no como un ser humano. No sé si los hombres que repiten una y otra vez ese tipo de canciones están de acuerdo con lo que éstas dicen y lo ven como algo normal.

Si asumimos que la música es algo que ha influenciado nuestras vidas desde la antigüedad quizá deberíamos pensar en lo que escuchamos como algo que importa y, quizás, discutir un poco sobre lo que oímos a diario en el transporte público, en los centros comerciales y en la plazas públicas.

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