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De cómo todo se puede resumir en un momento

¿Qué podía resumir tu vida? Quizás cuatro mundiales del más puro fútbol, tres elegantes pasarelas de la diosa Cibeles, diez brillantes y juveniles viajes a la costa, ocho pasiones de cama, cinco cumpleaños con tarta de fresa y nata,  veintitrés canciones emblemáticas, dos laderas de los valles más verdes, quinientas cincuenta esperas perdidas en la parada de un bus, diecisiete cartas de alejados conocidos, mil doscientos episodios de tu serie favorita, treinta números de teléfono, cuatro reflejos diarios en tu espejo, catorce alocadas fiestas veraniegas, nueve refranes poco enunciados, treinta mil lágrimas perdidas y enterradas, setenta y dos cafés sin azúcar, trescientos noventa y ocho escalones saltados, doce bocados perdidos en la arena de una playa, tres mil pasos de cebra aventurados, siete traiciones intencionadas, dos millones de sonrisas prófugas y espontáneas, doscientas dieciséis uvas de nochevieja, cincuenta redacciones de colegio, cuarenta visitas al médico, ochenta mil cuadros de museo, cuarenta y tres telediarios demasiado amargos, diecisiete palmeras de chocolate, ciento treinta y siete mil palabras prohibidas, novecientos dos días de lluvia sin paraguas, setecientas butacas de cine, cuatro bailes de boda, mil intentos de encontrar el celular ante su sonido, dos peleas inesperadas, cincuenta y siete luces de una cabalgata de Reyes, doce golpes de cintura en un bar, doscientos diecisiete mordiscos en el cuello... 

Recapacitemos, quizás sean setenta pizarrones mal pintados, media luna llena, tres desprecios de quien amaste, ciento diez carnes en su punto, setenta y siete cambios de pila al mando de la tele, nueve ilusionados días de nieve, cien caídas de mirada cómplice, las diez veces que has mirado como inesperadamente se cae la conexión de internet, cuatrocientas veintitrés ocasiones que has olido el pan un poco quemado,  treinta y cinco días a la luz de las velas, cinco funerales, diecisiete misas mal digeridas al caerte el veinte, ocho mil pasos de baile poco sincrónicos, cincuenta y nueve rutas sin planear, noventa y cinco figuritas de un Belén de Navidad, las setenta veces que has jugado a empañar un cristal con el aliento y dibujado sobre él, tres mil folios que actuaron como resúmenes de un temario por calificar, las seis veces en que has regresado a tu hogar tras ausentarte, cincuenta y dos siestas a la sombra, novecientas treinta y siete miradas a un correo electrónico impaciente, doce huevos en mal estado, doce mil trescientos cuarenta y ocho objetos que deseaste y que nunca adoptaste en tu vida, dos mascotas trasnochadoras, cinco conciertos en directo de emocionante ritmo cardíaco, seis despedidas en estaciones acomplejadas por no tener nunca la tranquilidad de la soledad, siete millones de nubes copiosas en lluvia suicida, las setenta y cuatro  veces que aparcaste en lugar prohibido, ocho mil setenta y seis caricias estratégicas de cintura para arriba, las treinta y tres películas que nunca viste acabar, setenta y siete mil doscientas veintidós digestiones a la carrera, ciento sesenta y nueve opiniones tildadas de herejía intelectual, doce pares de zapatos donados a la mágica causa del buen gusto, cuarenta regalos ofrecidos sin motivo aparente pero con sentimiento presente, catorce monedas náufragas y enterradas bajo azul, los doscientos cinco últimos mensajes en un celular amigo...

O quizás solo había una cosa que podría resumir tu vida, solo una.

 

¿Recuerdas aquel beso? en él se resumió brevemente tu vida más eterna fruto de tu maravillosa inmortalidad perecedera.  

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