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Las polémicas declaraciones de Paco Ignacio Taibo II sobre expropiar las empresas que no apoyen a Andrés Manuel López Obrador, en el supuesto caso que Morena gane la elección el 1 de Julio no contribuyen a una óptima atmósfera de negocios en el país ya que no sólo el sector privado se vería afectado sino que también ahuyentaríamos la captación de inversión extranjera directa así como la inversión nacional. Al parecer, la expropiación de empresas va más allá. Todo parece indicar que el regreso a un modelo económico del pasado está presente. Me refiero al regreso de las empresas paraestatales que tanto daño hicieron al país en décadas pasadas y no precisamente porque la idea haya sido mala en ese entonces, sino por el ineficiente manejo de las mismas. Para ser más concretos en este tema, AMLO también ha dicho que pretende cancelar la reforma energética, provocando con ello una desinversión inmediata y desmesurada derivada del miedo empresarial de que sus empresas sean expropiadas para convertirse en paraestatales. Recordemos el caso de la Petrolera Exxon Mobil durante el gobierno de Hugo Chávez. El gobierno de Venezuela expropió algunos de los proyectos de Exxon en 2007 a lo que la petrolera exigió un pago de US$10,000.00 millones pero, la Cámara de Comercio Internacional con sede en París ordenó al gobierno de Venezuela sólo pagar US$908 millones por concepto de indemnización. ¡Ni siquiera el 10% del total que exigía la empresa! Tal vez valga la pena recordar que CEMEX y FEMSA corrieron con la misma suerte y así podríamos recordar los casos de empresas pertenecientes a distintos sectores industriales que también fueron afectadas de la misma manera.

En este mismo orden de ideas, el sector empresarial de México no está recibiendo señales optimistas del candidato Andrés Manuel López Obrador y temen que sus empresas corran la misma suerte que las empresas venezolanas y extranjeras bajo el mandato del expresidente Hugo Chávez. Recientemente han publicado un desplegado firmado por 400 organizaciones empresariales donde expresan su preocupación y el rechazo a liderazgos contrarios a un mundo abierto, competitivo, próspero e incluyente. Tampoco están de acuerdo en liderazgos que no quieren operar en un marco legal y democrático y que señala a las empresas como generadoras de todos los males que aquejan al país. Y es que, el sentimiento del sector empresarial es de total desconcierto ante la incertidumbre que se vive en todo el país por las próximas elecciones presidenciales. Temen que se frenen las inversiones, los empleos, el crecimiento y el desarrollo económico cayendo en una profunda crisis que llevaría a un desastre nacional.

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