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El nuevo presidente Andrés Manuel López Obrador, ha basado su carrera política en gran parte sobre la defensa de los pobres. Ahora, a unos pocos días después de asumir el poder, Donald Trump pone a prueba la firmeza con la que cumplirá AMLO con las expectativas.

Ahora, casi 10,000 migrantes centroamericanos han llegado a la frontera entre Tijuana y San Diego, muchos miles más se han aglomerado en la frontera con Texas y miles más vienen en camino desde Guatemala y El Salvador. De manera escalofriante, la Patrulla Fronteriza y elementos del ejercito estadounidense les lanzaron gas lacrimógeno y, en algunos casos, balas de goma – ¡lesionando principalmente a mujeres y pequeños niños todavía ubicados en territorio de México! Estrictamente, bajo los principios del Derecho Internacional Público, consagrados en las Convenciones de Ginebra y la Haya, los Estados Unidos han cometido un acto de guerra…

Además, Trump está comprometido con la violación del derecho internacional y de las leyes federales de su propio país, para mantener a los refugiados en territorio mexicano mientras solicitan asilo en Estados Unidos. De esta manera México está obligado a albergar y alimentar a estas decenas de miles de desafortunados durante meses – y en la mayoría de los casos años – en refugios austeros en nuestra frontera norte. Cabe mencionar que las cortes administrativas en los E.U.A. ya tienen un retraso de casi un millón de casos de migrantes sin resolver. Con la llegada del invierno, más y más refugiados sufren de infecciones respiratorias desde resfríos hasta neumonía. ¿Y que dice Trump ante esta creciente tragedia? “México debe deportar a sus países a todos estos migrantes que de manera arrogante ondean las banderas de Honduras, Guatemala y El Salvador. Háganlo por avión, por autobús, háganlo como quieran, pero no ingresarán a Estados Unidos. Cerraremos la frontera de manera permanente si es necesario. Congreso, ¡den los recursos para el MURO!”, exigió!

Pues, ante esta frialdad inhumana, nuestro nuevo presidente debe decidir rápidamente: ¿defenderá a los pobres y los vulnerables al enfrentarse a Trump? ¿O cederá ante la crueldad de Trump y el imperativo económico de tener buenas relaciones con este hombre?

Aparentemente, estamos en un callejón sin salida: ¿Puede el presidente mantener sus promesas de políticas humanitarias, o detener y expulsar a las masas de refugiados que intentan llegar a Estados Unidos en búsqueda de una vida sin la brutalidad y la hambruna que rige en sus países de origen?

Por ahora, el nuevo gobierno es cuidadoso de no ponerse a sí mismo en una posición que lo deje arrinconado. No obstante, el alcalde de Tijuana advirtió el pasado fin de semana que su municipio no puede asumir el costo de los miles y miles de migrantes y Tijuana necesita desesperadamente ayuda del gobierno federal y de la ONU.

Quizá, López Obrador tiene la solución: en una carta que él envió a Donald Trump en febrero de 2017, AMLO explicó un plan para combatir la migración centroamericana desde sus raíces – a través del desarrollo económico y la industrialización de la región al sur de México y México estaba preparado para destinar dinero al esfuerzo, escribió López Obrador, si Estados Unidos se asocia con México y las naciones de Centroamérica. La meta es que las personas pueden encontrar trabajo bien remunerado en sus países de origen para que la migración fuera una opción – no una desesperada necesidad. Si todo esto es cierto, surge una interrogante: ¿Cuál es el precio que AMLO tendrá que pagar por este tipo de acuerdos con Trump? Recordemos que en el sexenio que está por terminar, el gobierno tuvo que pagar un precio muy alto por emprender relaciones peligrosas.

Dr. Juan Carlos Botello
Profesor – Investigador
Escuela de Comercio Internacional
UPAEP

Dr. Werner G.C. Voigt
External Consultant

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