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Por: Gibsy Sagrario González García

[Recuerden que el tiempo vuela, pero que aún están a tiempo de vivir esta increíble experiencia:Salvador.]


Salvador Vázquez Portillo, estudiante de 9º semestre de Logística de Negocios realizó su intercambio en la Universidad EAN de Colombia; hoy nos cuenta su experiencia en este país de Latinoamérica y nos motiva a no quedarnos con las ganas de realizar un intercambio

¿Qué te motivó a ir de intercambio?
Mis papás fueron los que pusieron la idea en mi, yo nunca lo había pensado y aunque también se lo habían propuesto a mi hermano mayor, el nunca se animó.

Mis opciones de intercambio eran en Latinoamérica, por motivos presupuestales; apliqué para una beca llamada Alianza del Pacífico y platicando con mi directora de carrera (Soraya Reyes), me comentó que Colombia era el país que más me convenía por sus fortalezas comerciales.

Un punto importante para irte de intercambio a Latinoamérica…
Definitivamente hay que quitarse el prejuicio para animarse, la inseguridad es algo de lo que se habla y realmente no es así, pasa lo mismo que aquí en México. También hay que quitarse la idea de que por irse a un país en Latinoamérica no se va a practicar otro idioma, mis clases en inglés eran bastante fluidas y aunque no lo hables todo el tiempo, no dejas de practicarlo gracias a la relación que hay con los demás estudiantes de intercambio, porque de hecho es un lugar multicultural.

¿Cómo fue tu proceso de preparación?
El proceso es lento, pero en mi caso fue distinto y un poco más complicado porque estuve bajo la supervisión de tres personas durante el papeleo. También existe la presión de la fecha límite de entrega de papeles, pero la gran ventaja en Latinoamérica por ejemplo, es que sólo te piden pasaporte y te dan un sello que renueva tu estancia cada 90 días.

¿Cómo fue cuando por fin llegó el día de irte?
Antes de subir al avión aún no me caía el 20, me sentía muy tranquilo, pero cuando finalmente estuve en él, fue que me di cuenta de lo que estaba pasando, en ese momento sentí todo el peso de la experiencia que iba a vivir.

¿Cuál fue tu primer choque cultural?
Fue un problema de equivalencia monetaria, no se me ocurrió revisarla antes de llegar a Colombia y cuando un taxi me cobró 40,000 pesos yo no supe a cuánto equivalía esto en pesos mexicanos.

¿Cómo conseguiste residencia?
Bueno, en un inicio me pensaba quedar en las opciones de hospedaje que tenía la universidad, pero pidieron un pago adelantado y en lo que junté el dinero, alguien más había tomado mi lugar; fue entonces que mis papás y yo buscamos un Airbnb. Aunque al inicio se suponía que iba a ser algo temporal, después llegaron muchas personas que también estaban de intercambio y al final opté por quedarme ahí.

¿Qué nos cuentas respecto al ámbito académico?
Tomé 4 materias, dos en español y dos en inglés. Creo que lo más difícil para mí fue tomar la clase de economía en inglés por las ecuaciones y los números, pues aunque son lo mismo, el grado de dificultad sube al tener que escucharlos y entenderlos en otro idioma.

La verdad, recomiendo mucho esta escuela para personas que estudian Negocios, ya que la universidad sólo contrata a catedráticos con experiencia empresarial y eso se refleja bastante en sus clases y en cómo las imparten. Además de ésto, los profesores son muy flexibles y abiertos, ya que como sabían que estaba de intercambio, me daban opciones de entrega para que yo pudiera viajar y conocer más lugares de Colombia.

Cuéntanos dos experiencias memorables de tu estancia.
Una experiencia buena fue irme de mochilazo a Medellín con mis amigos; al llegar conocimos gente que también iba a conocer la zona y les preguntamos en qué hostal se estaban quedando, porque nosotros no teníamos dónde llegar; al final nos quedamos juntos y nos la pasamos muy bien.

Por otro lado, una experiencia relativamente mala que tuve fue una vez que salí solo de fiesta, porque ninguno de mis roomies quiso ir conmigo. El problema fue que llegué a las 4 de la mañana y hasta ese momento me di cuenta que no traía llaves; estuve tocando la puerta una hora hasta que una señora pasó por la calle y me preguntó que qué había pasado, le conté y al decirle que era de México la plática se fue dando, después me dijo que más adelante había una tienda y me recomendó que intentara quedarme ahí un par de horas pues el frío estaba horrible.

¿Recomiendas llevar seguro médico?
Sí, muchísimo, el mío lo llegué a utilizar solo una vez, pero fue bastante eficiente, podían atenderte por WhatsApp y me contestaron rapidísimo, también enviaron un doctor hasta mi casa, lo cual fue una súper ventaja pues muchas veces los seguros te piden que vayas a un determinado hospital y al no conocer la ciudad no sabes a donde ir; por ejemplo, hubo una ocasión en donde en una fiesta unos chicos se estaban peleando en el segundo piso, rompieron un cristal y a una amiga le cayó un pedazo en la cabeza, y aunque llamamos a su seguro nunca contestaron, terminamos yendo a un hospital y la verdad si salió bastante caro.

¿Cómo fue tu regreso a México? ¿Qué recomendarías a quienes desean irse de intercambio?
Al regresar mis papás me comentaron que gastaron mucho menos de lo pensado, también noté a mi hermano un poco arrepentido porque por tiempos escolares y aplazar la decisión, al final se perdió de esa experiencia, así que mi recomendación para todos los que lean esta entrevista sería que busquen todas las opciones y becas posibles. Recuerden que el tiempo vuela, pero que aún están a tiempo de vivir esta increíble experiencia porque afortunadamente hoy en día existen mil convenios entre México y el resto de Latinoamérica que apoyan la movilidad estudiantil.

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