México es un país con una extensión territorial que lo hace susceptible a lidiar con fenómenos naturales de diferente índole, tanto hidrometeorológicos como geodinámicos. Sin embargo, también cuenta con personas preparadas y comprometidas con el bienestar de la sociedad, como lo son los ingenieros civiles, arquitectos, urbanistas y todos aquellos que se dedican a la construcción. Quizás en alguna parte, y si estás leyendo este artículo, tú eres una de esas personas.
En días recientes hemos visto consecuencias indeseables derivadas de las lluvias intensas y el granizo; hemos sido testigos de cómo el agua puede inundar casas, hospitales, escuelas o comercios. El problema es que estos escenarios son cada vez más recurrentes y se han presentado en varios estados de la República Mexicana, como Tlaxcala, Puebla, CDMX y muchos otros.
Aunque los fenómenos naturales son difíciles de predecir debido a su naturaleza aleatoria, contamos con herramientas de la ingeniería para poder afrontarlos. Por ejemplo, la Ingeniería de Riesgos de las Construcciones es una nueva e innovadora especialidad de la Ingeniería Civil que busca avanzar, dar solución y mitigar el riesgo de desastres ocasionados por fenómenos naturales.
Prueba de ello lo fue la contribución de la Ingeniería Civil en el temblor del 19 de septiembre de 1985. Grandes exponentes, como el Dr. Emilio Rosenblueth y el Dr. Luis Esteva, dieron pie a que la estadística bayesiana y la teoría de la probabilidad mejoraran la toma de decisiones para fortalecer los criterios de diseño sismorresistente de las edificaciones en México.
Diversos eventos naturales también han puesto a prueba a la ingeniería mexicana: los sismos de septiembre de 2017, el huracán Otis en 2023, los deslizamientos de laderas y las lluvias intensas con granizo, los cuales han generado cuantiosas pérdidas de vidas y económicas.
En un contexto social amplio, podemos decir que los desastres no son naturales; más bien, se construyen socialmente. Por ejemplo, desde no elegir el terreno adecuado para construir hospitales o escuelas hasta permitir que los constructores no usen los materiales adecuados.
Ello se observó en lo que le ocurrió al tramo elevado de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México el 3 de mayo del año 2021, que cobró la vida de muchas personas y dejó una huella imborrable en muchas otras.
Pese a varios errores que se han cometido durante los proceso de diseño y ejecución de proyectos emblemáticos de infraestructura, existen ejemplos de construcciones, infraestructura y edificaciones adecuadas. La Torre Latinoamericana demuestra que, si se aplican correctamente los conceptos que emanan de la ingeniería y la arquitectura, los resultados son proyectos seguros y óptimos.
Este emblemático edificio de acero, construido en la Ciudad de México durante la década de 1950, ha sido testigo de sismos intensos y su comportamiento ha sido mejor que el que especifican las normas de diseño actuales. Sin duda, su diseño y construcción demandaron numerosos estudios de ingeniería: mecánica de suelos y el cálculo estructural, por mencionar algunos.
La invitación está hecha para todos los que tenemos que ver con la industria de la construcción. Hay que trabajar bien y con ética; de lo contrario, la naturaleza nos seguirá mostrando nuestras fallas.
Este llamado también es para las autoridades de los tres niveles de gobierno, pues tomar decisiones a la ligera puede resultar en un desastre y poner vidas en juego.
Hay que resaltar y concientizar sobre cómo la Ingeniería nos ayuda ante las amenazas naturales. Particularmente, la Ingeniería de Riesgos de las Construcciones ha surgido como herramienta poderosa de prevención para no lamentar los efectos de los siguientes grandes sismos o inundaciones.










