¿Cuándo dejamos de tener curiosidad? El arte de ver el mundo como un niño
11/06/2026
Autor: Sebastián López Rojas
Programa Académico: Licenciatura en Administración de Empresas

¿Cuándo fue la última vez que te detuviste a mirar algo con verdadera curiosidad? No a verlo de paso, sino a observarlo como si fuera la primera vez.

Con el tiempo, todos buscamos sentirnos cómodos. Repetimos lugares, conversaciones y actividades que ya dominamos. Tiene sentido: la rutina nos da seguridad. Pero también, sin darnos cuenta, puede cerrarnos a lo nuevo.

Aprender a disfrutar el “estar perdido”

La curiosidad aparece justo cuando la rutina se rompe. Cuando estás en un lugar donde no sabes qué hacer, cómo moverte o incluso cómo pedir ayuda. Ahí, donde desaparece la comodidad, empieza algo más interesante.

Disfrutar lo desconocido es una decisión. Es aprender a ver el hecho de “estar perdido” no como un problema, sino como una oportunidad. Cuando nos permitimos eso, las experiencias se vuelven mucho más ricas.

A mis 23 años entendí que, aunque había vivido muchas cosas, casi todas habían ocurrido dentro de mi zona de confort. Me faltaba dar ese paso hacia lo verdaderamente nuevo.

Mi experiencia en Japón: soltar el control

En diciembre pasado viajé a Japón por casi un mes. Llevaba años soñando con ese viaje y meses planeando cada detalle. Tenía un itinerario lleno de horarios y lugares por visitar.

Pero pronto noté algo: seguir el plan me estaba impidiendo descubrir el Japón real. Entonces tomé una decisión: guardé el itinerario y empecé a caminar sin rumbo.

Al dejar de ver el mapa en el celular, empecé a mirar lo que tenía enfrente. Todo era interesante porque todo era nuevo. Observé anuncios que no podía leer, pero que llamaban mi atención por sus colores. Escuché sonidos que nunca había oído. Lo cotidiano para alguien más, para mí era fascinante.

Esa curiosidad también llegó a la comida. Como no entendía los menús, elegía basándome en fotos. Era como jugar a la lotería.

Algunos días descubrí sabores increíbles; otros, no tanto. Pero incluso esas malas experiencias valieron la pena, porque nacieron de atreverme a probar algo distinto.

Fue entonces cuando entendí algo simple: esa incomodidad, esa incertidumbre, también es parte de estar realmente presente.

Volver a ser un principiante

Lo más importante del viaje no fue lo que vi, sino cómo me sentí: como un niño otra vez.

Cuando somos niños, todo es nuevo. Todo sorprende. Conforme crecemos, perdemos esa capacidad de asombro; no porque el mundo cambie, sino porque dejamos de mirarlo con curiosidad.

Por eso, la invitación es simple: cambia la forma en la que miras lo que te rodea. No necesitas viajar al otro lado del mundo para hacerlo. Puedes empezar hoy mismo. Observa tu ciudad como si fuera nueva. Escucha lo que normalmente ignoras. Atrévete a no saber.

Y al final, tal vez te des cuenta de que la curiosidad nunca se fue. Tal vez solo dejamos de usarla.

Asesora: Dra. Marcela Haydée Ruiz Vázquez