Marijose Martínez se despide del fútbol universitario después de contribuir al ascenso del equipo a Primera División y llevar consigo los valores que la acompañarán en su formación como médica.
Hay historias que no se miden únicamente en minutos disputados o partidos ganados, sino en la capacidad de transformar a una persona. La de Marijose Martínez es una de ellas. Después de cinco años defendiendo los colores de las Águilas UPAEP, la estudiante de Medicina concluye su elegibilidad universitaria con la certeza de haber dejado huella dentro y fuera de la cancha.
Su camino comenzó en 2020, en medio de uno de los momentos más complejos para el deporte mundial. La pandemia obligó a que sus primeros entrenamientos fueran a distancia, limitados al trabajo físico desde casa. Meses después, el equipo pudo regresar paulatinamente a las canchas, dividido en grupos y horarios para cumplir con los protocolos sanitarios. Aquel escenario marcó el inicio de una etapa que terminaría convirtiéndose en una de las más significativas de su vida.
"Fue un orgullo portar este uniforme", recuerda Marijose. Para ella, vestir la camiseta de las Águilas representó mucho más que formar parte de un equipo. Cada entrenamiento, cada sacrificio y cada jornada de esfuerzo quedaron reflejados en un uniforme que simbolizaba disciplina, compromiso y el deseo permanente de superarse.
Entre los recuerdos más valiosos de su trayectoria destaca el campeonato que significó el ascenso del equipo femenil a la Primera División universitaria, un logro que considera el punto más alto de su carrera deportiva.
"El trabajo colectivo e individual nos llevó a la cima del éxito. Cada día de esfuerzo y cansancio valió la pena. Nuestro nombre quedará marcado en la historia del futbol femenil de la UPAEP", afirma con orgullo.
Ese título no sólo representó un trofeo, sino la recompensa a un grupo que supo mantenerse unido ante las dificultades y construir una identidad basada en el esfuerzo compartido. Hoy, observa con ilusión cómo las nuevas generaciones buscarán escribir los siguientes capítulos de esa historia.
Otro momento que conserva con especial cariño ocurrió durante un Campeonato Nacional de futbol rápido en Guadalajara. Debido a circunstancias internas del equipo, tuvo que asumir una posición completamente distinta a la habitual: la portería.
Lejos de verlo como una complicación, aquella experiencia transformó su manera de entender el futbol.
"Aprendí a ver el juego desde otra perspectiva, a confiar plenamente en mí y ese fue el inicio del camino que nos llevó a buscar el ascenso", comparte.
Al mirar hacia atrás, reconoce que la evolución más importante no fue únicamente deportiva, sino personal.
La joven que llegó a UPAEP durante la pandemia se convirtió en una atleta segura de sí misma, consciente de sus capacidades físicas, técnicas y tácticas, con una fortaleza mental construida a través de los retos cotidianos.
"Ahora soy una persona más fuerte, disciplinada y auténtica. Todo gracias al futbol", resume.
Marijose también reconoce el papel fundamental que desempeñaron los entrenadores que la acompañaron durante estos años, así como sus compañeras de equipo, especialmente el grupo que consiguió el histórico ascenso.
"Siempre tuvimos un objetivo en común y lo logramos. Ese equipo lo llevaré tatuado en el corazón", asegura.
Como estudiante de Medicina, aprendió que la exigencia no terminaba al salir del entrenamiento. Combinar prácticas deportivas con clases, exámenes y largas jornadas académicas implicó enfrentar el cansancio físico y mental de manera constante.
"Había días en los que entrenabas después de desvelarte estudiando o asistías a clases por la tarde con el desgaste del entrenamiento. Fue difícil, pero jamás me arrepentiré. Lo volvería a hacer una y mil veces."
Esa experiencia fortaleció habilidades que hoy considera fundamentales para su futuro profesional: liderazgo, disciplina, resiliencia, organización, responsabilidad, empatía, comunicación efectiva y capacidad para trabajar bajo presión.
Para Marijose, UPAEP fue mucho más que una universidad.
"Representa una de las etapas más importantes de mi vida. Aquí crecí académica, deportivamente y como persona. Aprendí a enfrentar retos, superar mis propios límites y construir experiencias que siempre llevaré conmigo."
Entre los valores institucionales, la responsabilidad y la perseverancia fueron los que más hicieron eco en su formación. Entendió que la constancia es la base de cualquier logro y que cada obstáculo representa una oportunidad para fortalecerse.
Ahora, el siguiente reto ya está definido. Con el final de su elegibilidad deportiva inicia una nueva etapa en su formación como médica: el internado.
"Será una etapa llena de retos, aprendizaje y crecimiento. Aunque cierro un ciclo importante como deportista universitaria, me llevo la disciplina, la constancia y la resiliencia que el deporte me enseñó y que estoy segura me acompañarán siempre."
Convencida de que la combinación entre deporte y academia le brindó una formación integral, sabe que las herramientas adquiridas durante estos años serán una ventaja para enfrentar los desafíos del ejercicio profesional.
Su despedida de las Águilas no significa un adiós a todo lo vivido, sino el inicio de un nuevo camino respaldado por las enseñanzas que dejó el futbol universitario.
"Me llevo amistades que se convirtieron en familia, experiencias que marcaron mi vida y aprendizajes que van mucho más allá del deporte. Me llevo la disciplina, la resiliencia y el orgullo de haber representado a las Águilas con compromiso y pasión. Esta etapa siempre ocupará un lugar muy especial en mi corazón y será parte de quien soy."
Así concluye la historia deportiva de Marijose Martínez en UPAEP: la de una futbolista que llegó en tiempos de incertidumbre, ayudó a escribir una de las páginas más importantes del futbol femenil de la universidad con el ascenso a Primera División y hoy emprende un nuevo desafío con la misma convicción que la acompañó cada vez que defendió el escudo de las Águilas.
















