La fiesta taurina y el conflicto de valores
14/11/2025
Autor: Mtro. Carlos Ramos Rosete
Foto: Profesor Formación Humanista

En este siglo XXI ha ganado conciencia social la idea de que la tauromaquia no es arte, sino un espectáculo sangriento en donde el toro se vuelve objeto de sacrificio para saciar el thanatos humano que orienta hacia a la agresión, hacia la muerte o la destrucción, añadiendo un placer insano cuando se culmina con la estocada final utilizando una espada larga y estrecha llamada precisamente estoque. La estocada final es el colofón de la lidia y tiene lugar en el tercer y último tercio de la corrida. Posteriormente el toro tendrá una agonía hasta su muerte. Hoy se tiene una polémica muy encendida sobre si se debería o no debería permitir la tauromaquia, o en su efecto, prohibir tal fiesta.

En esta polémica existen dos elementos a considerar. ¿Hasta qué punto la tauromaquia es arte? y ¿hasta qué punto se debe valorar la vida del toro de lidia?

Sobre si la tauromaquia es arte o no el autor de estas líneas no profundizará porque supone toda la polémica de lo que es el arte y a qué llamamos arte. Tomando en consideración a aquellas personas que defienden a la tauromaquia como arte y que piensan que la agonía y la muerte del toro es parte necesaria de dicho arte, hacen énfasis en que el toro de lidia es un animal que posee las características propias para formar parte de la tauromaquia.

Unos de los argumentos a favor de la existencia de la tauromaquia, se centra precisamente en el toro. El toro de lidia no es cualquier toro. Es un toro en específico seleccionado y criado para ser parte de la fiesta de la tauromaquia. De ahí el prestigio de las ganaderías que proveen de los toros para lidia. Animales cuya crianza y cuidados muchas veces son mejores que aquellos que pueden tener muchos niños humanos.

Otro argumento de los defensores de la tauromaquia está centrado en la relación entre el torero y el toro de lidia. Dado que existe un toro para ser lidiado existe un torero. La lidia entre el torero y el toro es un espectáculo entre la fuerza y la fiereza del toro y la habilidad considerada como arte por parte del torero para vencer al toro, no de un modo burdo y simple, sino en un modo de enfrentar a la brutalidad del toro mediante una danza armónica en donde se presentan elementos como infligir heridas al toro con lanzas y banderillas, desde luego capotear al toro, y dar la estocada final.

Los defensores de la tauromaquia arguyen que lo que gusta del espectáculo es toda esa habilidad que tiene el torero de ir poco a poco desgastando la fiereza y la brutalidad del toro, y así, en su justo momento, ni antes ni después, se realice la estocada final como el culmen de la victoria de la habilidad humana encarnada en el torero sobre la fuerza bruta animal.

Hasta aquí el punto de vista de aquellos que apoyan a la tauromaquia. Sin embargo, tenemos la otra cuestión ¿hasta qué punto se debe valorar la vida del toro de lidia?

Muchos defensores de la tauromaquia argumentan que el toro de lidia está por naturaleza, o si se prefiere una palabra más elegante, este toro está por esencia para la lidia.  Como si el Gran Arquitecto del universo hubiese diseñado en sus planes divinos un tipo de toro con la finalidad de ser lidiado. De ahí que un toro de lidia si no es empleado para ser lidiado por el torero, entonces no cumple con su finalidad esencial. En este aspecto, el valor de la vida del toro queda subordinado a todo el valor de la lidia que se ha descrito anteriormente.

La parte contraria a la tauromaquia argumenta un derecho a la vida del toro y desde luego el derecho a su integridad física que sería violentado en el arte de la tauromaquia.

La temática de si los animales poseen derechos o no da lugar para otro escrito. Lo que aquí se señalará es lo siguiente. Un animal como el toro de lidia indudablemente es un ser vivo sintiente en razón de que posee un sistema nervioso complejo que le permite sentir dolor, reaccionar a estímulos externos y procesar información para el comportamiento. Indudablemente que en la fiesta taurina el toro siente dolor y su agonía es dolorosa.

La cuestión central en torno a la polémica de la tauromaquia es si el valor de la lidia en donde se admira y se celebra la habilidad del torero sobre la furia del toro en donde la fuerza bruta de éste termina sucumbiendo ante el torero en la cual el toro va siendo desgastado en diversos momentos para culminar con la estocada final, supera al valor de la vida del toro como ser vivo sintiente que padece dolor y agonía hasta morir. O resumido en la siguiente pregunta: ¿el valor del arte taurino supera al valor de la vida del toro que siente?

Aunque se niegue que los toros tienen derecho a la vida junto con el derecho a la integridad física, no hay duda que el ser humano tiene deberes con la naturaleza y con los seres vivos, o bien el ser humano tiene el deber de hacer un uso racional y prudencial de la naturaleza y de los seres vivos. ¿El uso del toro para la fiesta de la tauromaquia con el objeto de destacar el gusto de la victoria del torero es racional o prudencial cuando lo anterior implica necesariamente el dolor y la agonía del toro?

La idea que se difunde en la actualidad sobre la valoración de algunos animales como seres sintientes debe dar lugar a la reflexión y a una nueva evaluación de la vida de esos seres sintientes. Reflexión y valoración en sus alcances y límites. Haciendo lo anterior cabe cuestionar la relación entre el ser humano y los seres vivos sintientes en una nueva relación en la cual se tenga que replantear el uso humano de los animales en sus diversas manifestaciones como son la cacería por deporte, el uso de animales para experimentos para el avance de la ciencia (recuérdese que en la carrera espacial entre Estados Unidos y la extinta URSS se usaron chimpancés y perros) y desde luego todo lo que implica la tauromaquia, entre otros.

Finalmente, una ecuación de implicaciones filosóficas es homologar la vida humana y la vida animal sintiente en una diferencia no solamente de grado, sino mínima de grado, pero lo anterior es tema para otro escrito.