Haciendo un resumen del texto bíblico del evangelio de Lucas 1: 26-38, ahí se dice: “el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres… Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús… Entonces, María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; …Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.”
Para un no creyente el anterior texto bíblico es un mito a modo de fantasía. Fantasía que retoma mitos de otras culturas en donde los dioses engendran descendencia con las mujeres. O bien, en el anterior texto bíblico quedaría reflejada la creencia popular de que en la concepción y nacimiento de algunos seres humanos hubo la intervención de los dioses y por ello esos seres humanos destacaron en razón de ciertas cualidades divinas. Y de este modo, para un no creyente aquella parte del evangelio de Lucas reflejaría una estructura religiosa bajo la idea de que lo humano y lo divino deben unirse en orden a la reproducción humana. Estructura religiosa que combina humanidad, divinidad y reproducción sexual junto con su respectiva descendencia. Entonces, cada religión reproduciría aquella estructura con ligeras variantes, pero esencialmente es lo mismo.
Lo descrito en el anterior párrafo puede convencer a muchos en razón de su argumentación simplificada porque deja de lado lo específico y lo peculiar que hay en el texto de Lucas que marca una diferencia muy significativa si se compara con mitos y leyendas que efectivamente ponen en relación lo divino, lo humano y la reproducción humana. Veamos algunas diferencias hasta donde alcance el espacio para este escrito.
El evangelio de Lucas no está en un contexto politeísta, sino en un contexto monoteísta. Jesús como Hijo del Altísimo es hijo del único y verdadero Dios, luego, Jesús será considerado unigénito de Dios, enfatizando su relación única y especial como Hijo de Dios a quien llamará Padre, siendo la Divinidad de Jesús la misma Divinidad de su Padre. Es decir, Dios a quien llamará Padre no es un Dios mayor y Jesús es un Dios menor a como ocurriría en un contexto politeísta en donde la divinidad disminuye o se fragmenta en razón de la reproducción sexual.
En muchos mitos los hijos de los dioses engendrados con mujeres su naturaleza es mestiza o híbrida, es decir, son considerados hijos de dioses, pero su ser más bien es valorado como un semidios, mitad ser humano y mitad dios, o bien, como un ser humano mortal con cualidades divinas. En cambio, Jesús será entendido como verdadero ser humano y como verdadero Dios, lo cual se expresará en términos filosóficos como la Persona Divina del Hijo que como tal posee una naturaleza Divina exactamente igual al Padre y dicha Persona Divina ha asumido una naturaleza plenamente humana en el hombre quien fue Jesús. Las cualidades Divinas de Jesús no son derivadas de su concepción y nacimiento de una María embarazada por lo Divino, sino que son propias de Jesús en razón de ser personalmente Dios, a como lo es Dios el Padre.
De lo mencionado en el anterior párrafo se tiene que especificar que Jesús es Hijo de Dios no porque haya sido concebido divinamente en María, sino que el ser personal del Hijo de Dios está constituido como tal desde su relación eterna con Dios Padre, independientemente si se hace ser humano en el vientre de María. Esto marca una diferencia con aquellos mitos en donde el dios necesita de una mujer para que se conciba un hijo de dios como tal, o sea, en esos mitos si no existe una mujer a quien embarazar por parte del dios, entonces no puede haber hijo de Dios. En cambio, el ser personal de Jesús como Hijo de Dios lo es desde siempre, pero en razón de que dicho ser personal Divino asume una naturaleza humana se hace imprescindible la participación de una mujer, quien es María, y desde luego como ser humano que se concibe y nace como hombre, se le asigna un nombre que es Jesús.
En los mitos reproductivos de los dioses con las mujeres siempre el acto reproductivo es ubicado en el marco de una relación sexual. En este sentido la virginidad de la mujer queda excluida. Pero en el texto de Lucas se hace énfasis en el carácter virginal de María a pesar de concebir a Jesús. De hecho, para el catolicismo María es virgen antes del parto, durante el parto y después del parto. En la versión Reformada del cristianismo María después del parto ya no será virgen en razón de que habría engendrado otros hijos e hijas con José, sin embargo, ambas variantes del cristianismo coinciden con relación a la concepción y nacimiento de Jesús, que María es virgen. Cuando en el texto evangélico se lee: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”, se está ante un acto reproductivo que no es una relación sexual en absoluto. El Hijo de Dios al asumir la naturaleza humana se concibe en el vientre de María sin mediar relación sexual alguna, lo cual hace de María plenamente Madre sin perder su virginidad y Jesús en sentido propio es hijo de María como hombre.
María es madre del Hijo de Dios en una maternidad gestacional con su respectivo embarazo y nacimiento en el horizonte de la virginidad. La maternidad de María no hace al Hijo de Dios como tal, lo cual sí sucede en los mitos en donde la mujer contribuye hacer al hijo de dios. Más bien, María participa libremente en una acción divina en donde el Espíritu Santo desciende sobre ella y Dios Padre la cubre con su sombra para que el Hijo de Dios se conciba o se engendre, como un ser humano en singular que nacerá en un contexto histórico determinado, en una ciudad determinada, Nazaret, en una región determinada, Galilea y con un nombre determinado, Jesús.
Si la procreación mítica del hijo de un dios es una acción sumatoria, compartida entre dos, una mujer y un dios (quien a veces viola o engaña a la mujer) en el horizonte de una relación sexual. La procreación humana del Hijo de Dios en el cristianismo es acción exclusivamente divina a la cual es invitada María a participar libremente para que el Hijo de Dios se realice plenamente como ser humano en Jesús desde una célula humana llamada cigoto en el vientre de María.










