Lecciones de biotecnología para la vida diaria
La última vez hablábamos de vidas que se sostienen en silencio: musgos que preparan el terreno, líquenes que solo existen siendo juntos. Hoy quiero compartir una simbiosis distinta, una que es luminosa, productiva y hermosa… pero también profundamente frágil. Porque no todas las relaciones simbióticas resisten el estrés y algunas de las que hoy generan más hype colapsan cuando el equilibrio se rompe. Me refiero a los arrecifes de coral, uno de los ejemplos más claros —y más dolorosos— de esto. Su supervivencia depende de una alianza íntima con microorganismos fotosintéticos, conocidos coloquialmente como microalgas. Cuando esa relación funciona, el océano florece. Cuando se rompe, el coral se blanquea, enferma y muere. Y en ese proceso no solo perdemos corales: perdemos ecosistemas enteros. Esta columna es sobre eso: sobre lo que pasa cuando una simbiosis vital se ve forzada más allá de sus límites.
Los corales son animales que dependen casi por completo de su relación con estas microalgas, que de forma más precisa llamamos zooxantelas, y que viven dentro de sus tejidos. Las zooxantelas realizan fotosíntesis y transfieren al coral gran parte de la energía que producen, permitiéndole crecer, construir arrecifes y sostener una biodiversidad impresionante. También participan en el reciclaje de nutrientes como nitrógeno y fósforo y ayudan a amortiguar la presencia de ciertos contaminantes en el agua. A cambio, el coral les ofrece protección, estructura y un ambiente estable donde prosperar. Es una simbiosis extraordinariamente eficiente: explica por qué los arrecifes pueden ser tan productivos incluso en aguas pobres en nutrientes. Pero esa eficiencia tiene un costo: depende de condiciones ambientales muy específicas, como rangos estrechos de temperatura, luz y química del agua. Es una relación biológicamente compleja y delicada, y todavía sabemos menos de lo que nos gustaría sobre cómo se comunican y se regulan estos organismos a nivel celular.
Cuando la temperatura del agua aumenta —como ocurre con el calentamiento global en algunos de los arrecifes más grandes del mundo—, cuando la radiación solar es excesiva en zonas someras o cuando el entorno se vuelve químicamente hostil por la acidificación del océano o la presencia de contaminantes, ese equilibrio se rompe. El coral, sometido a estrés, pierde a sus zooxantelas —ya sea porque las expulsa o porque ellas mismas se desprenden; esto aún lo estamos estudiando— y con ello su principal fuente de energía. El resultado es visible y dramático: el coral literalmente pierde todo su color. Ocurre el blanqueamiento coralino. Sin sus simbiontes, el coral puede sobrevivir solo por un tiempo corto; si la simbiosis no se restablece, muere. El cambio climático ha convertido este fenómeno, antes esporádico, en algo cada vez más frecuente y masivo. No es solo un problema estético ni local: el colapso de los arrecifes afecta cadenas alimentarias, protección costera y la vida de millones de personas que dependen directa o indirectamente de ellos.
Desde la biotecnología, esta simbiosis rota se estudia con urgencia. Se investigan cepas de zooxantelas más tolerantes al calor, estrategias para favorecer la recuperación de corales y formas de restaurar arrecifes sin forzar sistemas que ya están al límite. Por ejemplo, en nuestra Facultad de Biotecnología estamos desarrollando estrategias para cultivar zooxantelas in vitro y entender su papel en la resistencia de arrecifes mexicanos que parecen mostrar mayor tolerancia al blanqueamiento. La chamba no es sencilla: implica entender procesos celulares complejos, interacciones delicadas y límites ecológicos reales. Pero es una chamba necesaria si queremos conservar el equilibrio de los sistemas marinos y los servicios ambientales que nos brindan.
Y más allá de las soluciones técnicas, los corales nos dejan una lección incómoda para la vida diaria: no toda relación sobrevive al estrés constante. Incluso las más bellas, eficientes y llenas de hype necesitan cuidado, tiempo y condiciones adecuadas. Vivir en modo simbiótico no es solo sostener o dejarse sostener; es reconocer los límites, atender las señales de desgaste y actuar antes del colapso. Entender cómo funciona este equilibrio en microorganismos ya es una chamba complicada; llevarlo a sistemas más grandes —y a nuestras propias relaciones— lo es aún más. Te dejo entonces la pregunta abierta, como siempre: ¿qué relaciones en tu vida están pidiendo equilibrio antes de blanquearse?
Cualquier cosa que quieras preguntarme de lo que escribo, dímelo: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. y en cuanto pueda te contestaré y si no tengo la respuesta, sé que mis colegas de la Facultad de Biotecnología nos podrán ayudar. Estas serán las lecciones de biotecnología para la vida diaria.










