La congruencia
13/11/2023
Autor: José Salvador Espina Garzón
Cargo: Egresado de Ciencias Políticas

Sin duda, uno de los retos más grandes cuando te enfrentas a la vida profesional
saliendo de la universidad, ¬donde debatimos ideas y soñamos con soluciones y
modelos ideales para componer la sociedad y brindar justicia a las personas que
viven tantos problemas en nuestro país y el mundo, es el encontrar una realidad
indiferente, pragmática y repleta de intereses personales pasando por encima de
la misma dignidad de las personas. Teniendo que, de cierta forma, entrar en el
sistema social y económico con estos vicios a cambio de poder desarrollar nuestra
profesión.
Lo anterior es algo que definitivamente desanima y tira por los suelos ese
idealismo que se vive en la etapa universitaria, por no querer incluso tirar la toalla
por lo bueno y verdadero a muy corta edad. Sin embargo, no todo esta perdido y
siempre habrá esperanza para este mundo tan dañado y desintegrado.
La esperanza para ese mundo, sin duda, son los jóvenes universitarios que,
insertados en el mundo “adulto”, hacen que permeen valores que dan sustento a
profesionistas que buscan generar bien común. Por ello, la labor que tenemos no
radica solamente en aplicar los conocimientos teóricos y técnicos aprendidos en
las aulas, sino exportar el paquete de valores éticos y morales que aprendimos
primero en casa y que luego adquirieron sustento y visión en nuestra alma mater.
Es así como la labor de promover los valores que tiene como fin el bien común es
fundamental para sembrar la semilla de lo bueno y verdadero en todos los ámbitos
laborales y sociales, que permitan dignificar el mismo espacio de trabajo donde
participamos. En estos tiempos, llenos de relativismo, no me queda duda que la
mejor forma de tatuar esos valores en los demás es mediante el testimonio de vivir
esos principios en carne y hueso.
Ahora bien, ¿cómo hacer que la gente se crea ese testimonio que busca plasmar
valores éticos en la sociedad? Sin duda, creo que mediante un valor fundamental

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y tristemente escaso como es la congruencia. Una de las definiciones de
congruencia del diccionario de la Real Academia Española es: “En la teología
católica, eficacia de la gracia de Dios, que obra sin destruir la libertad del ser
humano.” que en gran medida es lo que pude aprender del personalismo que la
UPAEP profesa en sus estudiantes. Esto nos dice que la congruencia es poner la
verdad y lo bueno en la escena de la realidad temporal para generar un mundo
más digno y justo para todas las personas desde nuestros talentos y virtudes.
Un ejemplo de la necesidad de congruencia y lo difícil que se vuelve aplicarla es
en la política; que es en donde yo me desarrollo, por todas las circunstancias y
tentaciones existentes en ella.
Sin embargo, también es la vocación con más capacidad de generar bien común
real y tangible para cambiar vidas para bien. No por nada dicen que la política es
la mejor vocación para la santificación después del sacerdocio. Es ahí, donde la
congruencia entra y marca límites y pruebas morales que dan el respeto y
verdadero reconocimiento a los buenos políticos y gobernantes sobre los ególatras
y materialistas.
Por último, quisiera hablarle a la comunidad águila de la UPAEP a la que
agradezco me regale estas líneas para compartirles estos pensamientos. En este
sentido, les digo, que no tengan miedo o pena de vivir los valores de casa, los que
abonan a la dignidad de la persona y al bien común, por más fuera de moda que
parezcan o que aparentemente materialmente mal pagan en la vida.
No olvidemos que esta vida es corta y lo único que dejamos en este mundo es
nuestro legado y cómo este es la congruencia entre el ser, hacer y conocer que
transmitimos a propios y extraños. Pues la congruencia no paga cada quincena
pero sí paga en la trascendencia y la eternidad de nuestros legados.