En nuestra columna más reciente comenzamos a analizar algunos detalles poco conocidos de la forma en la que Jeffrey Epstein amasó su fortuna; hemos dejado fuera el desagradable tema de sus delitos sexuales, en parte porque ese tema se ha tocado más en los medios que el de sus actividades financieras y de asesoría a empresas y potentados. Ambos tópicos, sin embargo, no pueden entenderse uno sin el otro, pues en muchos casos (no en todos, hasta donde se sabe) se empalmaban y confundían. En esta ocasión vamos a analizar el papel de uno de los compinches más desacreditados de Epstein, cuya vida en los últimos años se ha caracterizado por una caída libre que probablemente termine, al igual que la del financiero estadounidense, en la cárcel: el ex príncipe Andrés. Nos concentraremos en las repercusiones que su conducta al lado de Epstein está teniendo sobre la monarquía británica.
Andrew Albert Christian Edward Mountbatten-Windsor nació en Londres en 1960, como tercer hijo (segundo varón) de la reina Isabel II y del príncipe Felipe. Es uno de los campeones mundiales de nombres largos, similar a alguien que se llamara, por ejemplo, Carlos Leopoldo Misael Martínez Sánchez. Hasta octubre de 2025, este sinvergüenza (Andrés, no Carlos Leopoldo) ostentó los títulos de duque de York, conde de Inverness y barón Killyleagh; en esa fecha renunció al uso de ellos tras un acuerdo con su hermano, el rey Carlos III. También se le retiraron todos sus rangos militares. En octubre de 2025 se inició un procedimiento para revocarle formalmente todos sus títulos, incluido el de príncipe.
Como mis fieles y amables cuatro lectores saben, Andrés Mountbatten-Windsor fue arrestado el 19 de febrero en Wood Farm, una casa de campo en la finca situada a casi 200 kilómetros al noreste de Londres, nada menos que el día de su 66º cumpleaños. Fue liberado esa misma noche, pero la investigación continúa. Se le acusa de mala conducta en un cargo público. Esta acción policiaca marca un punto crucial en esta historia de infamias: la Familia Real se enfrenta a su crisis más grave desde la trágica muerte de la Princesa Diana en 1997 y la amarga disputa previa entre ella y el entonces Príncipe Carlos. Fue el primer arresto de un miembro de alto rango de la familia real británica desde que el rey Carlos I fue hecho prisionero en 1647, lo que lo llevó a ser ejecutado poco después.
Andrew está acusado de transmitir ilegalmente información clasificada del gobierno británico a socios y amigos del delincuente sexual Jeffrey Epstein durante su periodo como enviado especial del gobierno del Reino Unido entre 2001 y 2011. Esta es una acusación muy grave. De hecho, Andrew dimitió como enviado especial del Reino Unido para el comercio en 2011, tras revelarse informes sobre sus estrechos vínculos con Epstein, quien había sido condenado por delitos sexuales contra menores tres años antes. Sin embargo, vale aquí para Andrés la presunción de inocencia, por lo que la tarea de los investigadores policiacos es reunir pruebas y presentarlas ante un tribunal. Este es el procedimiento normal para estos casos y el ex príncipe está siendo tratado como cualquier otro ciudadano británico mayor de edad.
La posición de Andrés no podría ser peor en estos momentos, pues a la ruina social y familiar se agrega ahora el peligro de terminar en la cárcel. Andrés está acabado socialmente y dentro de su misma familia, como lo demuestran las últimas fotos claramente: el príncipe Guillermo, el futuro rey, le da la espalda deliberada y ostensiblemente. Es como si quisiera decir: no quiero tener absolutamente nada que ver con este tipo caído en desgracia por su propia culpa. La monarquía británica se encuentra en una profunda crisis. El próximo año se conmemora el 30.º aniversario de la muerte de la princesa Diana en París, que sacudió profundamente a la monarquía. Y lo mismo ocurre con el escándalo actual en torno al ex príncipe Andrés. Ahora le toca al rey Carlos adoptar una postura firme y condenar lo que presuntamente hizo su hermano.
En 1986, Andrew se casó con Sarah Ferguson en una suntuosa ceremonia. La pareja, que tiene dos hijas, Beatriz y Eugenia, se separó en 1992. Ferguson también tenía vínculos con Epstein y admitió haber recibido dinero de él, lo que posteriormente calificó de "enorme error". Correos electrónicos publicados en 2025 revelan que ella lo describió en 2011 como un "amigo fiel, generoso y excepcional", incluso después de declarar públicamente que había roto vínculos con él. Los escándalos en los que estuvo involucrado Andrés son múltiples, pero el más importante es, sin duda, su relación con Epstein. Se conocieron a través de Ghislaine Maxwell, socia y novia de Epstein. Ambos se convirtieron en huéspedes de muchas actividades en residencias reales del Reino Unido.
Las acusaciones de Virginia Giuffre (quien terminaría suicidándose en 2025) convirtieron a Andrés en una vergüenza para la familia real ante el escrutinio público. En una extraña y desastrosa entrevista en la BBC en 2019, Andrés declaró que no recordaba haber visto jamás a Giuffre. Ese mismo año, comenzó a retirarse de sus deberes reales antes de ser despojado gradualmente de sus derechos y títulos reales.
Hasta ahora, la atención se ha centrado siempre en la dimensión moral. ¿Por qué Andrés era tan cercano a Epstein y a su mano derecha, Ghislaine Maxwell? ¿Por qué puso fin al juicio de Virginia Giuffre pagando su silencio, si supuestamente no la conocía? A pesar de la clara evidencia fotográfica, siempre ha sostenido que nunca tuvo nada que ver con ella ni con otros menores de edad. Más allá de esta cuestión moral, ahora también la policía ha abierto una cuestión legal, con hechos que son más fáciles de comprobar. Por lo tanto, la pregunta ahora es: ¿Ha cometido Andrés Mountbatten-Windsor delitos que puedan probarse y por los que pueda, por lo tanto, ser juzgado y en su caso condenado? La situación podría ponerse muy seria para él, pues las cosas van más allá de una confrontación con otra persona: ahora se trata de un delito que puede ser comprobado: tráfico de información privilegiada.
Andrew ya había renunciado como Enviado Especial del Reino Unido para Comercio Internacional e Inversión en 2011, tras el escrutinio de sus gastos y sus cuestionables relaciones con políticos controvertidos de todo el mundo, como algunos de Libia y Arabia Saudí, así como sus vínculos iniciales con Epstein. Sin embargo, continuó desempeñando funciones oficiales en nombre de su madre, la reina Isabel II, hasta 2019. Sus vínculos con un presunto espía chino se revelaron en documentos judiciales en 2024; se informó que los agentes de seguridad británicos estaban muy preocupados por la influencia del espía chino sobre el entonces príncipe.
Si bien muchos miembros de la familia real británica han sido encarcelados y, en algunos casos, incluso ejecutados en el pasado -particularmente durante la Guerra de las dos Rosas y la transición de monarcas católicos a protestantes-, este es un caso sin precedentes para la familia real moderna y la Casa de Windsor. Citemos como ejemplo a Ana, princesa real y hermana mayor de Andrés, quien se convirtió en 2002 en la primera y hasta ahora única persona de la familia real inglesa moderna en ser multada por un delito: uno de sus perros atacó a dos niños en un parque.
A pesar de perder sus títulos el año pasado, Andrew Mountbatten-Windsor se mantiene en el octavo lugar en la sucesión al trono británico. El Ministro de Estado para la Defensa, Luke Pollard, dio a conocer que el gobierno está trabajando con el Palacio de Buckingham en una iniciativa de ley para evitar que Andrew ni siquiera se pueda acercar al trono. La Corona británica y el gobierno lo saben: en este asunto se está jugando en verdad el futuro de la monarquía, y estamos recién en el inicio de esta historia, no en el final: cuando la policía investiga a alguien, siempre salen a la luz otras cosas. Las consecuencias podrían ser graves, no sólo para Andrés, el presunto delincuente. El hecho de que el gobierno del primer ministro Starmer esté debatiendo una legislación para eliminar a Andrés de la línea de sucesión demuestra el temor de que el asunto afecte no sólo a la familia real, sino a la monarquía en su conjunto. Si se rompe la confianza en la labor del rey y su familia, en su autoridad moral y significado simbólico, la opinión pública comenzará a cuestionar el propósito de la monarquía.
Es de esperar que Guillermo y su familia logren ganarse el apoyo del pueblo británico dejando claro que no quieren tener nada que ver con estas perversas maquinaciones organizadas por Epstein y que tuvieron en Andrés a uno de sus más destacados protagonistas. El futuro de la monarquía en el Reino Unido y los 14 países independientes que también pertenecen a la Corona Británica recae sobre los hombros del príncipe Guillermo, quien, dicho sea de paso, ha sido el más decidido partidario de apartar a Andrés de todas las actividades de la familia real y de dejar el paso libre a la justicia.









