El título de esta columna que perpetramos con inusitado afán cada semana probablemente no sea adecuado: mujeres olvidadas en la historia universal… Bien podríamos argüir que la mayoría lo ha sido. Entonces deberíamos escribir no una columna, o dos, sino varios todos de sesudas consideraciones sobre las mujeres en la historia universal, desde la Antigüedad grecolatina hasta nuestros días, porque si nos lanzamos a indagar y hurgar en otros círculos culturales y en dilatadas épocas, nunca acabaríamos.
Puesto que no es mi deseo abusar de la celebérrima paciencia de mis cuatro fieles y amables lectores, comenzaremos ahora un brevísimo recuento, disculpándome por dejar de lado a la inmensa mayoría de las mujeres que han puesto su sello en el devenir de los pueblos y naciones a lo largo del peregrinar del ser humano en este planeta. Nuestra lista está muy lejos de ser exhaustiva; ni siquiera es ilustrativa. Se trata, simple pero sinceramente, de un humilde, aunque imperfecto homenaje.
Como mujer negra e hija de un antiguo esclavo, Bessie Coleman (1892-1926) fue rechazada por todas las escuelas de vuelo de Estados Unidos. Así que aprendió francés, viajó a Francia y, en 1921, se convirtió en la primera mujer negra en obtener una licencia internacional de piloto. De regreso en Estados Unidos, sólo volaba en actividades donde personas negras y blancas tuvieran acceso por la misma entrada. Murió en un accidente aéreo a los 34 años. Su contemporánea, la gran Amelia Earhart (1897 - ¿1937?), recibió el reconocimiento mundial que Coleman, por ser negra, jamás obtuvo.
Mary Anning (1799-1847) fue una coleccionista de fósiles británica quien, siendo adolescente, descubrió el primer esqueleto completo de plesiosaurio (principios del Jurásico a finales del Cretácico), revolucionando la paleontología. Debido a su condición de mujer pobre, se le prohibió publicar estudios o asistir a las reuniones de la Sociedad Geológica. Los hombres comentaban sus hallazgos sin mencionarla. Murió en la pobreza a los 47 años. Su importancia sólo fue reconocida póstumamente.
Sin Ada Lovelace (1815-1852), probablemente no tendríamos computadoras hoy en día. Esta matemática británica escribió el primer algoritmo de la historia en 1843 y, por lo tanto, se le considera como la inventora de la programación informática. Ese algoritmo estaba destinado a ser procesado por una máquina, específicamente estuvo pensado para la "máquina analítica" de Charles Babbage (1791-1871). Lovelace anticipó que las computadoras podrían procesar más que solo números, incluyendo música y arte. Pero una mujer apasionada por las máquinas y los números no encajaba con la imagen que de la mujer tenía la sociedad victoriana, por lo que su trabajo cayó en el olvido. Lovelace fue redescubierta hasta más de 100 años después; en la década de 1970, un lenguaje de programación recibió su nombre: Ada.
Rosalind Franklin (1920-1958), bioquímica británica, aportó pruebas cruciales de la estructura de doble hélice del ADN mediante sus imágenes de rayos X. Sin embargo, sus colegas James D. Watson y Francis Crick utilizaron sus datos inéditos sin permiso y recibieron el Premio Nobel por ello. Franklin falleció de cáncer a los 37 años, presumiblemente como consecuencia de su trabajo con rayos X. Aunque sería justo, no se tiene pensado otorgarle a Rosalind Franklin el Premio Nobel a título póstumo.
Jean Jennings Bartik, Betty Snyder Holberton, Frances Bilas Spence, Ruth Lichterman Teitelbaum, Kathleen McNulty Mauchly y Marlyn Wescoff Meltzer programaron la primera computadora electrónica de propósito general del mundo en 1946, sin manual, utilizando únicamente diagramas de circuitos. En la presentación pública, se aclamó a los desarrolladores masculinos (John Mauchly y John Presper Eckert), mientras que las seis programadoras ni siquiera fueron mencionadas. Durante décadas, las mujeres de las fotografías ante la enorme computadora fueron confundidas con modelos posando frente a la máquina. No fue hasta más de 50 años después que recibieron el reconocimiento oficial. Estamos hablando de la “ENIAC” (Electronic Numerical Integrator and Computer), construida entre 1943 y 1945 en EE. UU.; fue la primera computadora electrónica de propósito general, marcando el inicio de la era digital. Esta máquina de 30 toneladas utilizaba 17,500 tubos de vacío para realizar cálculos balísticos miles de veces más rápido que cualquier equipo anterior. Esta enorme computadora ocupaba una habitación de aproximadamente 167 m², pesaba 30 toneladas y consumía una gran cantidad de energía. Era capaz de ejecutar unas 5,000 sumas por segundo y se programaba físicamente mediante cables y paneles, sin sistema operativo. La ENIAC fue fundamental para la investigación científica y la defensa nacional durante la Segunda Guerra Mundial, estableciendo las bases de la informática moderna. Aunque en 1948 su programación cambió para mejorar la eficiencia, su legado perdura como el primer gran salto de la computación electrónica
La matemática Katherine Johnson (1918-2020) calculó las trayectorias de las misiones Mercury y Apolo de la NASA. El astronauta John Glenn insistía personalmente en que ella verificara personalmente su órbita antes de cada lanzamiento. Sin embargo, como mujer negra en una industria dominada por hombres (mayoritariamente hombres blancos), permaneció invisible e ignorada durante décadas. Fue la película "Figuras ocultas" (Hidden Figures) de 2016 la que dio a conocer su historia a un público más amplio. Por lo menos esto ocurrió en vida de la científica.
Cuando se fundó la República Federal de Alemania en 1949, se requería de una Constitución para el nuevo Estado. De los 65 miembros que componían el congreso constituyente (llamado en Alemania “Consejo Parlamentario”), sólo cuatro eran mujeres, de tres diferentes partidos políticos: Frieda Nadig, Elisabeth Selbert, Helene Weber y Helene Wessel. Las cuatro defendieron la igualdad de género en la “Ley Fundamental” (Constitución). Frente a una fuerte resistencia de sus colegas masculinos, una de ellas, Elisabeth Selbert, encabezó la lucha para que la frase "Hombres y mujeres son iguales" quedara consagrada en la Ley Fundamental. El político liberal Theodor Heuss calificó condescendientemente sus esfuerzos como una "cuasi tormenta". Sólo hasta que estalló una ola de protestas de mujeres en todo el país, también impulsada por Selbert, se hizo posible su aprobación unánime. Esta fue la primera gran controversia política en la historia de la Alemania de la posguerra.
Maria Anna Mozart (1751-1829), apodada “Nannerl”, era la hermana mayor del famoso compositor Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791); fue una niña prodigio que actuó junto a su hermano e incluso se le consideraba como una mejor intérprete en las giras de conciertos por toda Europa. Su padre la describió como "una de las intérpretes más talentosas de Europa". Pero al llegar a la edad de casarse, su carrera llegó a su fin: una mujer en el escenario se consideraba escandalosa. Así que su padre le buscó un marido. Sufrió la misma suerte que después correría otra gran compositora e intérprete, hermana igualmente de un famoso músico: Fanny Mendelssohn Bartholdy (1805-1847), hermana de Felix (1809-1847). Mientras que algunas composiciones de esta última han sobrevivido de alguna manera, las de Nannerl se perdieron prácticamente por completo. Hoy en día solamente se conserva un único fragmento. La relación de ambos hermanos (Wolfgang y Nannerl) era, al igual que lo sería después la de Fanny y Felix, sumamente cercana y amorosa. Cuando llegó la hora de buscar marido para Nannerl, Wolfgang le escribió este pequeño poema humorístico el 31 de julio de 1783, para animarla a casarse:
Mucho aprenderás en el matrimonio
lo que antes era un misterio.
Pronto sabrás por experiencia,
cómo Eva tuvo que actuar,
para luego dar a luz a Caín.
Pero, hermana, estos deberes conyugales
los cumplirás con gusto de todo corazón,
Porque, créeme, no son difíciles.
Pero todo tiene dos caras:
el matrimonio trae muchas alegrías,
pero también trae tristezas.
Por lo tanto, si tu esposo te mira con desánimo
que no creas merecer,
en su mal humor,
piensa que es sólo un capricho de hombre,
y dile: señor, hágase tu voluntad de día;
pero de noche, hágase la mía.










