Validación social en las redes, una forma insuficiente de reconocimiento
28/03/2026
Autor: Dr. Roberto Casales García
Cargo: Profesor Investigador de Formación Humanista

Entre las múltiples problemáticas que se siguen a partir de la tensión entre identidad personal y apercepción en el mundo digital, es fácil advertir una problemática inherente al tipo de validación social que se busca a través de las redes sociales. Son muchos los usuarios de redes sociales que buscan satisfacer una cierta necesidad de reconocimiento a través de la validación social que se obtiene mediante un like, un comentario o cualquier otro tipo de interacción que se dé en las redes sociales. Esta validación social que se da a través de las redes sociales se comprende, en este sentido, como un tipo de reconocimiento social y afectivo que, sin embargo, se muestra del todo insuficiente para satisfacer aquella búsqueda de reconocimiento que es fundamental para la conformación de nuestra identidad personal. Desde muy temprana edad, las personas buscan distintos tipos de reconocimiento: pensemos, por ejemplo, en el niño que voltea a ver a sus padres en busca de aprobación. De acuerdo con autores como Adam Smith, esta interacción es indispensable para que el niño, que se está introduciendo en el ámbito social, descubra cómo debe reaccionar frente a tal o cual circunstancia. La búsqueda de reconocimiento, como se puede ver mediante este simple ejemplo, juega un papel vital en el desarrollo de las personas.

El problema se da cuando esa búsqueda de reconocimiento queda por completo delegada a formas de reconocimiento que son del todo insuficientes, como ocurre en el caso de la validación social que se obtiene en las redes sociales. En este último caso, a mi parecer, no sólo vemos una forma insuficiente de reconocimiento, sino también un modo de reconocimiento que puede dar pie a otro tipo de patologías, incluyendo la serie de patologías sociales de las que habla Axel Honneth. Como uno de los principales representantes de lo que actualmente se conoce como la tercera generación de la Escuela de Frankfurt, la teoría del reconocimiento de Honneth nos da algunos elementos clave para comprender esto. De acuerdo con Honneth, el origen de muchas de las patologías sociales que padecemos en la actualidad reside no meramente en la carencia y la mala distribución de bienes y derechos, sino también en todas aquellas formas de desprecio o menosprecio, entendidas como formas de privación o negación del reconocimiento. De ahí que para Honneth el reconocimiento sirva como criterio normativo para atender este tipo de patologías.

Existen, según Honneth, tres formas de menosprecio, asociadas, a su vez, a tres formas básicas de reconocimiento. En primer lugar, de acuerdo con Honneth, se encuentra aquella forma de menosprecio que se da cuando hay algún tipo de humillación o daño físico, como lo es la tortura o la violación. Esta forma de menosprecio tiende a mermar la confianza básica de las personas en el mundo, oponiéndose, así, a una forma primaria y afectiva de reconocimiento que se da en el amor, en cuanto que, según Honneth, en el amor se da un tipo de reconocimiento a modo de aprobación y exhortación afectiva. De ahí que su ámbito de realización primario se dé tanto en la familia como en los amigos, cuyo amor es necesario para fundar la autoconfianza. Al maltrato físico le sigue, en segundo lugar, el menosprecio que se da cuando se priva a alguien de sus derechos fundamentales o se le excluye socialmente: aquí la humillación consiste en no reconocer a alguien como persona, al menos en su sentido jurídico, es decir, como alguien que goza de la misma dignidad y que, por ende, tiene los mismos derechos. Frente a esta forma de menosprecio nos encontramos con el reconocimiento jurídico, el cual es indispensable para el autorrespeto. Esta forma recíproca de reconocimiento tiene la peculiaridad, según Honneth, de generalizar el medio de reconocimiento en dos direcciones: dándole un contenido material al derecho, considerando las diferentes posibilidades individuales de realización; y dotando al derecho de cierta universalidad.

Finalmente nos encontramos con aquellas formas de menosprecio social que se dan cuando se degrada el valor social de ciertas capacidades, formas de vida o contribuciones de una persona o un grupo, como cuando se estigmatiza a la pobreza o a ciertos oficios, cuando se invisibiliza el trabajo o la contribución de alguien (como ocurre muchas veces con el trabajo doméstico), o cuando se da un cierto desprestigio cultural. A esta forma de menosprecio se opone el reconocimiento social que se da a través de la solidaridad, la cual, según Honneth, es indispensable para la autoestima. Así, dice Honneth, estas tres formas de reconocimiento sirven como criterios normativos que constituyen, a su vez, las condiciones formales “de relación de interacción en el marco de las cuales los humanos pueden ver garantizadas su dignidad o su integridad”.

¿Qué pasa, sin embargo, cuando este reconocimiento se entiende meramente como una validación social que ni es recíproca, ni establece ningún tipo de vínculo afectivo -a pesar de  tener un componente  de esta naturaleza-, jurídico y, mucho menos, ningún tipo de solidaridad? ¿Qué ocurre, además, cuando esa validación social se encuentra de alguna forma sujeta a criterios ajenos tanto a quien da su validación como al validado, como ocurre en las redes sociales a través de lo que autores como Han caracterizan como el “imperio de los algoritmos”? En las redes sociales se advierte que el tipo validación social que se obtiene no sólo es una forma distorsionada e insuficiente de reconocimiento, sino también que depende de factores ajenos a los involucrados. Quien busca este tipo de reconocimiento, en efecto, se encuentra sujeto a los criterios propios del algoritmo, el cual visibiliza sólo aquellas publicaciones que tienen más rendimiento, donde el sujeto en cuestión se ve en la necesidad de adaptar y autorregular sus interacciones para que satisfagan estos criterios. No es raro, así, que los sujetos se ajusten a hacer publicaciones que generan mayor número de likes, vistas, etc., así como tampoco es raro que al centrar la búsqueda de reconocimiento en este tipo de validación social nos encontremos frente a ciertas patologías que son propiciadas en razón de esto último. Si el reconocimiento juega un papel fundamental en la conformación de nuestra identidad, tampoco sería raro que estas patologías se asocien con formas distorsionadas de interactuar y, por ende, de comprendernos a nosotros mismos como seres sociales.