La palabra mártir proviene del griego Μάρτυρας, significa testigo, es decir, aquel que da un testimonio. En la Grecia antigua era una persona que testificaba ante un tribunal.
Siguiendo la raíz etimológica, el término mártir se encuentra relacionado con el testimonio. En este aspecto el mártir es aquel que anuncia, da a conocer o refiere a otros un mensaje que es presentado como verdadero, cuya verdad es asegurada por la persona que se presenta como testigo.
El mártir, en este aspecto etimológico, es un testigo quien no es el fundamento de la verdad que anuncia en su testimonio, más bien, el testigo se presenta como aquel que por medio de sus palabras y de sus acciones evidencia la verdad de la cual el testigo a modo de mensajero está anunciando.
Es importante hablar de la relación entre verdad y evidencia. La evidencia es la claridad por la cual se presenta una verdad. Y así, por ejemplo, es evidente, es claro y verdadero que lo que usted está haciendo en estos momentos es leer un escrito o que usted en este momento existe como lector. Pero hay otras cosas que no son de evidencia inmediata, sino que necesitan de una demostración que haga evidente su verdad, y así, si alguien dice que el Pbro. Miguel Agustín Pro fue un mártir de la guerra cristera desarrollada en México en 1927, entonces hay que demostrar o hacer evidente que es verdad que tal persona se vio fusilada en aquel año y explicar para hacer claro porqué es un mártir. En este último ejemplo la evidencia no es inmediata, sino que para hacer evidente o clarificar esa verdad es necesaria una demostración.
El mártir no es fundamento de la verdad testimoniada, más bien, como testigo anuncia ya sea por medio de sus palabras o acciones que su mensaje es verdadero en donde el mártir asegura que es verdad, haciendo una función de luz mediática para que los demás vean esa verdad de la cual da testimonio.
Jesucristo es la Verdad del Padre a como apunta Juan 1:14 “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”
Jesucristo es Verdad del Padre que a su vez es testigo del Padre a como se dice en Juan 5:36. “Más yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado.”
Es importante resaltar que Jesucristo es un mártir, testigo, que no solamente anuncia la Verdad del Padre como Jesús de Nazaret, sino que al mismo tiempo da testimonio de sí mismo como Hijo del Padre y Verdad del Padre. Jesús es el mediador como cualquier testigo, pero al mismo tiempo como Verbo de Dios encarnado es la misma Verdad a como reza el evangelio de Juan 14:6 “Jesús les dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”
Si un mártir da testimonio de una verdad, pero él no es fundamento de esa verdad testimoniada, en Jesucristo ocurre algo muy peculiar. Él es mártir, testigo del Padre y testigo de sí mismo como Verdad del Padre que es. Eso hace a Jesús el mártir por excelencia en absoluta comunión con el Padre del cual procede.
La Verdad del Padre se presenta como la luz en el mundo a como se señala en Juan 8:12 “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.”
Jesucristo es el mártir del Padre, es decir, da testimonio de su Padre a los demás seres humanos. Si el cristiano es aquél que es discípulo y seguidor de Jesús, entonces el buen cristiano participa de ese martirio (testimonio), y esto Cristo lo apunta en Mateo 5:14-16 que dice: “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que están los cielos.”
El Evangelio como Buena Nueva del Padre en Jesucristo es intrínsecamente mártir en la medida en que Jesús es el testimonio de la Verdad del Padre que es el mismo Jesús, y los cristianos como anunciadores de lo anterior participan de ese martirio en la medida en que sus palabras y acciones, o sea, su misma vida es mediadora de la luz evangélica.
Sin embargo, cuando en el lenguaje coloquial se habla de mártir. Tiende a entenderse preferentemente como aquella persona que ha experimentado dolor y sufrimiento hasta el grado de perder la vida por causa del Evangelio. Esto lleva a considerar a que el martirio, testimonio, por el Evangelio, tiene un aspecto muy especial que bien podría denominarse como martirio por sangre.
Si el autor del presente escrito llega a tener tiempo, no deja de ser interesante el hacer una reflexión teológica sobre este aspecto especial del martirio cristiano conocido como martirio de sangre. Pero como se ha dicho, si hay tiempo, será en otro escrito.










