En el marco del Día del Maestro, presentamos el discurso íntegro que el Dr. Emilio José Baños Ardavín dirigió a los profesores durante su festejo.
Muy queridas maestras y maestros,
Me dirijo a ustedes al cabo de estos trece años, y que han sido una verdadera bendición en mi vida. En estas semanas por circunstancias obvias han surgido recuerdos y remembranzas de un sinfín de acontecimientos que llevo en el corazón. Ya tendremos ocasión de repasarlos y alegrarnos juntos, también de reflexionar y tener presente lo que dejamos pendiente para corregir y mejorar.
Les confieso que cuando se me propuso asumir la rectoría por parte de la Junta de Gobierno, ciertamente ya me había hecho una idea de lo que la universidad era y proponía; pero no fue sino hasta que asumí esta responsabilidad y que tuve mis primeros encuentros con ustedes, con sus historias de vida y las que generan con nuestros estudiantes, que comencé a comprender lo que es la verdadera esencia de UPAEP.
Realmente aquí se generan experiencias que resignifican vidas, y por ello, desde este ejercicio de recoger y recapitular, quiero expresar mi agradecimiento a cada uno de ustedes por lo que considero más valioso de esta gran aventura: haberme experimentado alumno de profesores excepcionales. En efecto, los momentos que más he disfrutado han sido ésos, donde me sentí más libre y mejor conectado con esa savia que nutre la vida universitaria, sentado en el otro lado del escenario, escuchando, contemplando, reflexionando. He sido privilegiado al haber recibido auténticas cátedras signadas por el testimonio de vida de una gran comunidad que vive su vocación docente con pasión y generosidad.
Te agradezco, querida profesora, querido profesor, por enseñarme lo que significa degustar el saber y compartir ese necesario deleite que provoca una ciencia trabajada con rigor intelectual.
Te agradezco por enseñarme que comparecer ante la ciencia, requiere de humildad y respeto ante quien la ha pensado, suscitando una sed de lo infinito.
Te agradezco por enseñarme que plantarse en el aula es un acto de donación que va más allá de la palabra; es toda tu persona, con tu saber y tu historia, con tu ilusión y afán de trascender.
Te agradezco por enseñarme que encontrarse con nuestros estudiantes es aferrarse a la certeza de ser sembradores de esperanza, y que no obstante nuestra limitación al intentar transmitirla, miles de almas son tocadas por la Verdad.
Les agradezco desde aquí a nuestras maestras y maestros que se nos han adelantado, y que hoy nos siguen brindando luz desde el firmamento, por enseñarnos que vale la pena entregar hasta el último aliento por aquello que perdura para siempre: encender el fuego de esos corazones jóvenes, en permanente búsqueda de sentido y plenitud.
En este proceso de aprendizaje, procuré ser un buen alumno, y la mejor manera con la que traté de responder fue trabajando de la mano del gran equipo que me acompañó estos años para generar condiciones cada vez más favorables para multiplicar y enriquecer esos encuentros y experiencias. Espero que hayamos correspondido al menos satisfactoriamente…
Querida comunidad docente UPAEP, tienen un tesoro en sus manos. Esta institución está llamada a seguir escribiendo grandes historias, no solo por sus planes o proyectos, sino por la categoría de las mujeres y los hombres excepcionales que aquí se congregan; sigan adelante, encendiendo el brillo en la mirada de tantos jóvenes llamados a ser los líderes transformadores que tanto anhela nuestra sociedad.
Gracias maestras y maestros, porque como diría Su Santidad Francisco, ustedes son auténticos coreógrafos de la esperanza.
Muchas felicidades y que Dios los bendiga siempre.










