Rerum Novarum y el trabajo en la hospitalidad: una reflexión vigente
11/05/2026
Autor: María Valentinotti Dorantes y Pbro. Joan Roberto Reyes Austria, CR
Cargo: Profesora de Tiempo Completo // Proyecto SPES, UPAEP

En la industria de la hospitalidad es común encontrar jornadas extendidas, alta rotación de personal y colaboradores emocionalmente agotados. Detrás de experiencias impecables para el cliente, muchas veces existen dinámicas laborales difíciles de sostener a largo plazo.

Este fenómeno, ampliamente documentado en la industria de la hospitalidad, evidencia que, cuando el trabajo invade de manera constante la vida personal, los colaboradores no solo pierden bienestar, sino también motivación y compromiso, lo que eventualmente se traduce en una mayor intención de abandonar la organización. Se trata de un proceso progresivo y, muchas veces, silencioso, pero con impactos claros tanto en las personas como en las empresas.

Uno de los hallazgos más relevantes es que el problema no radica únicamente en la carga laboral, sino en la incapacidad de desconexión. Horarios extendidos, disponibilidad constante y la normalización del sacrificio personal generan una dinámica en la que el trabajo desplaza otras dimensiones esenciales de la vida, como la familiar, el sano esparcimiento o la vida espiritual. Este desequilibrio afecta el bienestar individual, además de la calidad del servicio y la sostenibilidad de las organizaciones.

Frente a este panorama, podría pensarse que las soluciones deben provenir únicamente de nuevas estrategias de gestión o de tendencias organizacionales contemporáneas. Sin embargo, resulta interesante observar cómo algunas respuestas ya habían sido planteadas desde hace más de un siglo. La encíclica Rerum Novarum (1891), lejos de ser un documento distante o exclusivamente religioso, ofrece una reflexión profundamente vigente sobre el sentido del trabajo, la dignidad de la persona y la responsabilidad social de las organizaciones.

Desde esta perspectiva, el trabajo no puede entenderse únicamente como un medio de producción, más bien, se tendría que entender como una actividad que debe respetar y preservar la dignidad humana. En un sector como la hospitalidad, donde el servicio depende directamente de las personas, este principio resulta fundamental. Meseros, guías, personal de limpieza, gerentes, cocineros y recepcionistas son parte de la operación, pero son más que eso; son el núcleo de la experiencia del cliente. Garantizar condiciones laborales justas, salarios dignos y entornos de respeto no constituye únicamente una exigencia ética, sino también una estrategia clave para la sostenibilidad del negocio.

Por ello, la actividad turística debe entenderse como más que solo una actividad económica; debe entenderse como un espacio de impacto social, donde el bien común, la solidaridad y la justicia social exigen equilibrar la rentabilidad con prácticas responsables, evitando la explotación laboral y promoviendo modelos más sostenibles.

Esta forma de entender el trabajo se alinea con iniciativas como el Proyecto SPES  y la Escuela de Negocios de UPAEP, que buscan integrar fe, ciencia y vida en la formación profesional, promoviendo una visión en la que el conocimiento no se limita al ámbito laboral; más bien, que se orienta al bien común y a la dignidad de la persona, pilares fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia.

Más allá de una reflexión teórica, el mensaje es claro: la sostenibilidad del turismo depende también de la sostenibilidad de sus trabajadores. Replantear el trabajo en la hospitalidad desde esta perspectiva es una exigencia ética y una condición necesaria para garantizar la viabilidad y relevancia del sector en el futuro.