Las Voces de Ingenierías: La evolución del concepto de medir
22/04/2026
Autor: Diego Francisco Alcaraz Ubach
Cargo: Profesor Área de Matemáticas

La idea de medir siempre ha acompañado al ser humano. Desde formas muy primitivas como medir el tamaño de un depredador, para evaluar un riesgo, hasta medir fenómenos actuales mucho más complejos, por medio de la cantidad de datos que circulan en internet. Voltear hacia el pasado y entender cómo, por qué y hacia dónde ha evolucionado este concepto puede ser una vía para comprender y enfrentar problemáticas contemporáneas.

Medir áreas de figuras como los cuadrados, rectángulos y polígonos en general es relativamente simple. Sin embargo, al pasar a regiones curvas como el círculo, surge la necesidad de aproximar. Esto es precisamente lo que hizo Arquímedes alrededor del 200 a.C.: calculó el área del círculo aproximándola mediante polígonos regulares cada vez con más lados. En este proceso aparece la idea de límite, que se formalizaría siglos después. Esta forma de calcular áreas se puede extender a curvas más generales dando lugar a la integral de Riemann, desarrollada a mediados del siglo XIX, en la que el área bajo una curva se aproxima mediante rectángulos cada vez más angostos.

Imaginemos ahora que tenemos un montón de monedas de 1, 2, 5 y 10 pesos y queremos contar el total de dinero. Podemos hacerlo de dos formas. Por un lado, contar las monedas una por una y sumar su valor. Por otro, agruparlas por denominación, contar cuántas hay de cada tipo y luego multiplicar. Es evidente que el resultado será el mismo; sin embargo, esta segunda forma de contar tiene implicaciones profundas. La primera estrategia se asemeja a la integral de Riemann, donde se suman las áreas de los rectángulos una a una; mientras que la segunda refleja la idea detrás de la integral de Lebesgue (desarrollada a principios del siglo XX), que agrupa los rectángulos según su altura y luego realiza la suma. Este cambio de perspectiva no solo permite medir áreas más complejas, sino que también lleva a preguntarse qué es lo que realmente puede medirse.

Entonces, suponiendo que contamos con una forma razonable y consistente de medir, ¿podemos asignar una medida a cualquier objeto? Sorprendentemente, la respuesta es no. Un resultado que muestra los límites de esta idea es la paradoja de Banach-Tarski: es posible descomponer una esfera en un número finito de piezas y reensamblarlas para obtener dos esferas idénticas a la original. Este resultado es puramente teórico, ya que su construcción implica conjuntos que no pueden medirse. Estas ideas, que forman parte de lo que hoy se conoce como teoría de la medida, tienen aplicaciones en diversas áreas de la ciencia. Por ejemplo, la teoría de la probabilidad se formula dentro de este marco. Además, sigue siendo un área activa de investigación; un concepto tan antiguo como medir continúa evolucionando y siendo clave para entender el mundo actual.