Especialistas UPAEP llamaron a reforzar la lectura como base del pensamiento crítico y el desarrollo cognitivo, ante los desafíos que plantea la sobreexposición a estímulos digitales en la formación de hábitos.
En el marco del próximo Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, académicos de UPAEP subrayaron la urgencia de fortalecer los hábitos de lectura en la niñez, juventud y adultez, no solo como una práctica cultural, sino como un eje fundamental para el desarrollo del pensamiento crítico, la comprensión, el análisis y la síntesis.
Verónica Santana Valencia, directora de Posgrados de Investigación en Educación, destacó que la lectura es clave en el desarrollo cognitivo desde edades tempranas. “Favorece la comprensión, el razonamiento, la creatividad y amplía el vocabulario; además, fortalece la capacidad de análisis e interpretación de ideas”, explicó.
Agregó que el contacto temprano con los libros impacta positivamente en el desempeño académico en áreas como matemáticas, ciencias y humanidades, al tiempo que fomenta el aprendizaje autodidacta a lo largo de la vida. Sin embargo, advirtió que el entorno actual, saturado de estímulos digitales, representa un reto para consolidar hábitos lectores sólidos.
“Hoy los niños y jóvenes están sobreestimulados por diversos medios. Por ello, es fundamental generar ambientes alfabetizadores desde casa, permitirles elegir lo que desean leer y, sobre todo, predicar con el ejemplo”, puntualizó.
Por su parte, José de Jesús Alcalá Anguiano, director de la Facultad de Pedagogía, enfatizó que la lectura va más allá de decodificar palabras. “Es un proceso complejo que involucra aspectos cognitivos, emocionales y sociales. Leer implica interpretar el mundo”, señaló.
El académico explicó que el desarrollo lector en la infancia depende de habilidades como la conciencia fonológica, la memoria semántica y la abstracción, las cuales se fortalecen en interacción con el entorno. En este sentido, subrayó la responsabilidad compartida entre familia, escuela y sociedad.
“Los niños aprenden por imitación. Si ven a los adultos leer, se interesan; si ven pantallas todo el tiempo, replican ese comportamiento. No podemos exigir hábitos que no modelamos”, advirtió.
Asimismo, retomó la idea de que la lectura inicia antes del contacto con los libros, al interpretar el contexto cotidiano, en línea con enfoques pedagógicos como los de Paulo Freire.
En tanto, Martha Leticia Gaeta González, profesora investigadora de la Facultad de Educación de la UPAEP, abordó las preferencias lectoras actuales y el papel de los distintos formatos. Señaló que, aunque los libros digitales y audiolibros han ganado terreno, los jóvenes —particularmente entre 14 y 24 años— continúan mostrando preferencia por el libro impreso.
“No se trata de elegir entre formatos, sino de reconocer que cada uno aporta algo distinto. El texto escrito implica un proceso cognitivo profundo, mientras que el audiolibro puede enriquecer la experiencia con entonación y matices”, explicó.
De acuerdo con estudios recientes en Iberoamérica, cerca del 60% de los jóvenes se consideran lectores, aunque en México persisten desafíos como la falta de tiempo, el desinterés, el costo de los libros y la dificultad de concentración. Además, alrededor del 40% de la población alfabetizada no lee ningún tipo de material.
La especialista también destacó que las mujeres tienden a leer más literatura y libros de autoayuda, mientras que los hombres se inclinan por textos especializados y del mismo género.
Sobre el impacto de las nuevas tecnologías, los académicos coincidieron en que herramientas como la inteligencia artificial representan tanto una oportunidad como un riesgo. Si bien facilitan el acceso a la información, también pueden limitar procesos de reflexión cuando se utilizan de forma superficial.
“Debemos enseñar a usar estas herramientas de manera crítica, ética y responsable. No se trata de prohibirlas, sino de integrarlas con sentido formativo”, señaló Leticia Gaeta.
En el mismo tenor, los expertos advirtieron que el consumo excesivo de plataformas digitales y contenidos en streaming puede fomentar la inmediatez y reducir la capacidad de concentración, afectando indirectamente los hábitos de lectura profunda.
Como reflexión final, los académicos coincidieron en que fomentar la lectura requiere una corresponsabilidad social. “No es tarea exclusiva de la escuela o la familia. Todos somos parte del proceso formativo”, enfatizó Verónica Santana.
Finalmente, hicieron un llamado a aprovechar la conmemoración del Día Mundial del Libro para replantear el papel de la lectura en la vida cotidiana y promover espacios de diálogo, reflexión y aprendizaje continuo.
“La lectura no solo está en los libros, está en la manera en que interpretamos el mundo. Formar lectores es formar ciudadanos críticos”, concluyó José de Jesús Alcalá.
















