La tecnología no es el enemigo, sino el uso sin límites que se le está dando dentro de los hogares. Niños y adolescentes llegan a consumir hasta seis horas diarias de redes sociales, muchas veces durante la noche, afectando su descanso, su atención y su desarrollo cognitivo.
A unos días de la celebración del Día del Niño en México, Ivonne Estela Martínez Hernández, profesora investigadora de la Facultad de Psicología de UPAEP, advirtió sobre los riesgos del uso excesivo de la tecnología en la infancia y la urgencia de que familias, escuelas y sociedad asuman un papel activo en su regulación.
Durante su participación en rueda de prensa, la especialista subrayó que la tecnología no es el enemigo, sino el uso sin límites que se le está dando dentro de los hogares. “Estamos viviendo un momento que nos exige tomar decisiones ya”, enfatizó, al señalar que niños y adolescentes llegan a consumir hasta seis horas diarias de redes sociales, muchas veces durante la noche, afectando su descanso, su atención y su desarrollo cognitivo.
Uno de los fenómenos más preocupantes es la llamada “mente tipo TikTok”, caracterizada por la hiperestimulación constante y el consumo acelerado de contenidos breves. “Un niño puede ver hasta 10 videos por minuto sin procesarlos realmente, lo que limita su capacidad de análisis, memoria y pensamiento crítico”, explicó.
Martínez Hernández alertó que esta sobreexposición digital ya está cobrando factura en las aulas. Niños y jóvenes presentan dificultades para concentrarse, se aburren con facilidad y muestran menor interés por el aprendizaje tradicional. A ello se suma la pérdida de habilidades sociales, pues disminuye el diálogo cara a cara y el trabajo colaborativo.
Asimismo, destacó que esta problemática no distingue niveles socioeconómicos. “Hoy vemos niños en comunidades rurales o marginadas con acceso a internet y redes sociales, consumiendo contenido sin supervisión”, indicó.
La especialista también abordó el tema de la adicción a las redes sociales, impulsada por algoritmos diseñados para captar la atención del usuario. “No es casualidad que no podamos dejar el celular; el sistema está hecho para atraparnos”, afirmó.
Entre las principales consecuencias se encuentran trastornos del sueño, bajo rendimiento escolar, ansiedad, depresión y problemas físicos como dolores musculares derivados del uso prolongado de dispositivos.
Además, advirtió que la exposición constante a contenidos violentos o virales puede influir en la conducta de los menores. “Las redes pueden normalizar la violencia o convertirla en tendencia, lo cual representa un riesgo si no hay acompañamiento adulto”, señaló.
En cuanto al papel de la inteligencia artificial, la académica destacó que, al igual que otras tecnologías, no es negativa en sí misma, pero su uso sin orientación puede generar riesgos. “El problema es el desconocimiento, la falta de regulación y la ausencia de adultos que guíen su uso”, explicó.
Ante este panorama, Martínez Hernández hizo un llamado a establecer límites claros y fomentar hábitos saludables. Entre las principales recomendaciones destacan:
- Regular el tiempo de uso de dispositivos, idealmente no más de una hora diaria en menores.
- Evitar el uso del celular durante las comidas y antes de dormir.
- No utilizar la tecnología como premio o castigo.
- Supervisar contenidos y mantener acceso a contraseñas en menores.
- Fomentar actividades alternativas como la lectura, juegos de mesa, deporte y convivencia familiar.
- Promover el diálogo constante y el pensamiento crítico.
- Dar el ejemplo como adultos en el uso responsable de la tecnología.
Para casos de adicción, recomendó intervención firme por parte de los padres y, de ser necesario, acudir a apoyo psicoterapéutico. También sugirió reducir gradualmente el tiempo de uso y sustituirlo por actividades positivas en familia.
Finalmente, la especialista invitó a reflexionar sobre lo que los niños están perdiendo en esta era digital. “La infancia es un momento irrepetible. El juego, la creatividad, la convivencia y el contacto con la naturaleza son fundamentales para su desarrollo”, afirmó.
Concluyó que el reto no es eliminar la tecnología, sino aprender a convivir con ella de manera consciente, priorizando el bienestar integral de las nuevas generaciones. “Nuestros niños serán más felices con experiencias reales que con horas frente a una pantalla”, puntualizó.
















