El Rev. Juan Luis Lorda reflexionó sobre la belleza como una experiencia capaz de conducir al ser humano hacia la verdad, el bien y Dios.
Durante la conferencia Teología de la Belleza, el Rev. Juan Luis Lorda reflexionó sobre la belleza como una experiencia humana capaz de conducir a la verdad, al bien y a Dios. Explicó que la belleza no se limita al arte o a lo visual, sino que también se manifiesta en la naturaleza, en las obras humanas, en el descubrimiento de la verdad y en las acciones moralmente buenas.
Como ejemplo principal, retomó la obra Cautivado por la alegría, de C. S. Lewis, quien relata cómo ciertos encuentros con la naturaleza, la poesía y la imaginación despertaron en él una profunda nostalgia por algo más grande que no podía explicar. Según Lorda, estas experiencias muestran que la belleza deja una huella en el ser humano, despertando el deseo de plenitud y trascendencia.
La experiencia de la belleza y su dimensión humana
El ponente destacó que la experiencia estética se caracteriza por la contemplación, el gozo, la elevación y la nostalgia. La belleza se percibe de manera intuitiva, antes de cualquier análisis racional, y genera una alegría profunda que impulsa a la persona a buscar aquello que la originó. En este sentido, afirmó que la felicidad no debe buscarse directamente, sino que surge como consecuencia del encuentro con la verdad, el bien y la belleza.
Asimismo, abordó el debate sobre si la belleza es objetiva o subjetiva, concluyendo que depende tanto del objeto contemplado como de la capacidad del sujeto para apreciarlo. Aunque existen factores culturales que influyen en la percepción, la belleza posee elementos reales que despiertan admiración en quien la contempla.
Retomando a Santo Tomás de Aquino, explicó que la belleza requiere tres condiciones fundamentales: integridad o perfección, proporción o armonía, y claridad o esplendor. Estas características permiten comprender por qué ciertas realidades son consideradas bellas.
Finalmente, Lorda señaló que existe una estrecha relación entre belleza y bondad. Citando a San Juan Pablo II, recordó que “la belleza es la expresión visible del bien”, por lo que la educación estética también contribuye a la formación moral. Aprender a admirar lo verdaderamente bello ayuda a orientar los sentimientos y las acciones hacia aquello que es bueno y digno.
En conclusión, la conferencia presentó la belleza como un camino privilegiado hacia la trascendencia. Más que una experiencia superficial, constituye una llamada que impulsa al ser humano a buscar la verdad, el bien y, desde la perspectiva cristiana, a Dios como fuente última de toda belleza.
















