El inicio del año y las decisiones difíciles del liderazgo
12/01/2026
Autor: Dra. Eva María Pérez Castrejón
Cargo: Directora de Promoción UPAEP

Inicia el año laboral 2026, un periodo en el que organizaciones públicas y privadas planean metas y definen resultados para alcanzar sus objetivos institucionales. Lograrlo requiere una mirada objetiva y honesta en la toma de decisiones—procesos que a menudo resultan complejos e incómodos por el reto que implica comunicarlos y el impacto que generan en quien recibe el mensaje. Sin embargo, el compromiso de un líder es responder a las necesidades de la organización por encima de los vínculos personales.

Liderar significa aceptar no solo los triunfos, sino también las decisiones erróneas que deben asumirse y corregirse en el momento justo. Implica ubicar el talento en el espacio adecuado. Todos poseemos habilidades y competencias que deben canalizarse correctamente, pero esto requiere disposición al trabajo—el afecto no siempre garantiza la eficacia.

Un nuevo comienzo exige hacer una pausa para reflexionar: ¿qué necesitamos hacer? ¿Qué cambios debemos ejecutar? ¿Qué funciona y qué ha dejado de ser útil? En el liderazgo, este es un momento crucial para tomar decisiones necesarias, aunque no siempre sean comprendidas o generen cuestionamientos y rumores.

Los cambios siempre provocan reacciones, tanto positivas como negativas. Se asumen costos emocionales e incluso políticos, pero al final prevalece la comprensión del bien mayor. Postergar decisiones para evitar conflictos personales puede resultar más dañino que el cambio mismo. Las organizaciones que se estancan lo hacen no por falta de talento, sino por la incapacidad de renovarse a tiempo. Un directivo no puede permitir que el miedo a la confrontación exponga o arriesgue a quienes muestran respeto y lealtad. Es difícil, pero es parte esencial de la responsabilidad directiva: decidir lo correcto en el momento indicado.

El comienzo del año ofrece una oportunidad simbólica para cerrar ciclos con respeto y abrir nuevos caminos. No se trata de rupturas abruptas ni de desvalorizar el trabajo previo, sino de transiciones bien pensadas, comunicadas con honestidad y orientadas al bien común. La renovación del liderazgo es también una forma de cuidado hacia la institución, el equipo y las personas involucradas.

Tomar decisiones difíciles es parte intrínseca del liderazgo. Aunque resulten dolorosas, son las que permiten avanzar, crecer y adaptarse a los desafíos de cada nuevo año.