La Conferencia de Seguridad de Múnich y el nuevo orden internacional
17/02/2026
Autor: Dr. Herminio S. de la Barquera y A.
Cargo: Profesor investigador Escuela de Relaciones Internacionales

En este espacio ya hemos comentado en otras ocasiones la importancia de la Conferencia de Seguridad de Múnich (CSM), que tiene lugar cada año y que es el foro a nivel mundial más importante que existe en torno a los problemas de las políticas de seguridad. Es un encuentro al que asisten expertos y líderes políticos de todo el planeta. En esta ocasión, la conferencia se llevará a cabo del 13 al 15 de febrero y ya han confirmado su asistencia 65 jefes de Estado y de gobierno, así como numerosos ministros de defensa, militares y expertos en seguridad. Esto significa que estarán en Múnich, en este fin de semana, representantes oficiales de 120 naciones del mundo. Es una conferencia de altísimos vuelos, que hace que la ciudad bávara se convierta en el ombligo del mundo en temas de seguridad y de política exterior.

Por parte de los Estados Unidos acudirá el Secretario de Estado Marco Rubio, así como un elevado número de representantes del Congreso de esa nación. El Presidente de Ucrania Volodímir Zelenski también asistirá, así como el canciller federal alemán Friedrich Merz, entre otros muchos prominentes líderes mundiales, como Emmanuel Macron, el Ministro de Exteriores chino Wang Yi y la resuelta Primera Ministra danesa Mette Frederiksen. De México no he logrado averiguar si acudirá algún representante gubernamental; en verdad lo dudo, pues los gobiernos de la autodenominada 4T no suelen interesarse por los escenarios internacionales. Si prácticamente ignoraron el Foro de Davos, hace unas semanas, no veo por qué acudan a Múnich.

La edición de este año de la CSM tiene lugar bajo el signo en ocasiones oprobioso del surgimiento de un nuevo orden internacional, impulsado por diversas acciones de las grandes potencias, particularmente de Donald Trump y de Vladimir Putin. Aunque la invasión a Ucrania por parte de las tropas del Kremlin está por cumplir cuatro años y ha provocado cambios enormes en la arquitectura de seguridad europea, la irrupción en los escenarios internacionales de Donald I, en su segundo mandato, ha sido el fenómeno que ha dado más impulso a la destrucción del orden internacional que más o menos había regido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, impulsado, paradójicamente, por los mismos Estados Unidos que ahora lo están socavando aceleradamente.

La presidencia de Donald Trump, que comenzó en 2025, marca un cambio fundamental en el orden mundial hacia una era dominada por grandes potencias. Estas son los Estados Unidos y China, ambas naciones con un poderío económico, comercial, financiero y militar considerable; una tercera potencia es Rusia, más que nada debido a su arsenal de armas atómicas y a su agresividad militar, aunque con una economía destrozada por la guerra en Ucrania y con muy poca presencia en el mercado mundial de la tecnología, las finanzas, los bienes y los servicios. La UE aparece también como una potencia en diversos aspectos, aunque su gran tendón de Aquiles sigue siendo la dificultad en la toma de decisiones comunes, teniendo en cuenta sobre todo que las democracias suelen tener a corto plazo desventajas en este tema frente a las autocracias. Además, la marcha triunfal de partidos populistas en muchos de estos países puede paralizar las acciones europeas en materia de defensa, de política exterior, de protección al medio ambiente, de políticas comerciales y de desarrollo social, entre otras.

Este nuevo orden mundial se caracteriza también por una mayor influencia de países asiáticos, además de China: estamos hablando de Corea del Sur, Japón, Singapur y Taiwán. El orden liberal mundial de la posguerra está llegando a su fin, mientras que el principio "Estados Unidos Primero" (“America first”) promueve tendencias imperialistas y proteccionistas, como los aranceles del 25% al acero de la Unión Europea (UE). La anarquía amenaza al mundo debido a la retirada de EE. UU. de diferentes foros y gremios, mientras que las alianzas tradicionales se debilitan.

Podemos decir que estos son los aspectos clave del nuevo orden mundial impulsado por Donald I:

  • Cambio geopolítico: El mundo podría dividirse en esferas de influencia, con las potencias más pequeñas en riesgo de tener que elegir entre EE. UU., China y Rusia. La era posterior a la Guerra Fría ha terminado y la atención se está desplazando hacia el oriente.
  • Proteccionismo económico: A partir de marzo de 2025, los elevados aranceles estadounidenses a las importaciones de la UE amenazan con alimentar los conflictos comerciales y lastrar aún más la economía europea, en particular la alemana.
  • Cambio en la arquitectura de seguridad: Trump cuestiona alianzas tradicionales como la OTAN y aplica una política exterior que desdeña acuerdos internacionales y prioriza los intereses nacionales o, mejor dicho, lo que él en su limitado saber y entender cree identificar con los intereses nacionales de su país.
  • Intervención activa: La política exterior estadounidense es ahora más agresiva e incluso grosera, lo que incluye gestos hostiles frente a aliados históricos y reivindicaciones territoriales sobre Groenlandia, así como acciones militares en el Ártico y Venezuela.
  • Nuevos caminos para Europa: Europa se ve obligada a resistir y reestructurarse en diversos ámbitos, sobre todo el de defensa, mientras que países como India, Canadá y los del Mercosur aceleran sus propios acuerdos comerciales debido a la presión estadounidense.
  • La política exterior de Trump se interpreta como un "autoritarismo de combustibles fósiles" y un retroceso respecto del orden hasta cierto punto confiable y basado en normas establecido en 1945, lo que pone en peligro la estabilidad global.

En tan sólo doce meses, Trump ha dañado gravemente el orden mundial basado en normas. Insiste en el derecho del más fuerte, por lo que sus críticos hablan de un retorno al colonialismo y al imperialismo. Es por eso que, si quisiéramos describir el estado de ánimo general de los líderes europeos antes de la CSM de este año, podríamos advertir que están más desilusionados que esperanzados. Poco más de un año después de que Donald Trump comenzara su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, la relación transatlántica ya está hecha añicos. La política exterior disruptiva de Trump ensombrece esta reunión de alto nivel. Y es que la destrucción de instituciones y alianzas es el elemento central de la política actual de Donald I. De hecho, durante décadas, la conferencia se ha definido a sí misma como transatlántica. Pero ahora, como lo expresa su presidente, Wolfgang Ischinger, existe una "crisis de credibilidad y confianza sin precedentes". El "Informe de Seguridad de Múnich" (“Munich Security Report”), publicado para acompañar la conferencia, lleva el revelador título “Under Destruction”: "Bajo destrucción".

Este informe clasifica a Donald Trump como un "hombre demoledor", un líder cuyas políticas destructoras despedazan las normas establecidas y las instituciones respetadas. La observación de Trump de que no necesita del derecho internacional es sólo uno de los muchos ejemplos de ello. De todas formas, aún bajo estos sombríos signos, la CSM, fundada hace más de 60 años, sigue considerándose como un espacio para el intercambio y el diálogo.

A pesar de las tensiones en la relación transatlántica, una numerosa delegación estadounidense asistirá de nuevo este año, con la administración Trump representada por el Secretario de Estado Marco Rubio. El director de la conferencia, Ischinger, declaró que espera que Rubio "hable sobre la política exterior estadounidense y no sobre temas que no conciernen directamente a su departamento". Esta fue una clara referencia al encendido discurso con el que el vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, inquietó a la audiencia de la conferencia el año pasado. Vance, quien afortunadamente no figura en la lista de invitados de este año, criticó la supuesta falta de libertad de expresión en Europa con un discurso más basado en ideologías y opiniones que en hechos empíricamente comprobables; sus palabras provocaron una gran indignación entre los europeos. Marco Rubio es más conciliador que Vance; antes de salir rumbo a Múnich destacó los estrechos vínculos entre Estados Unidos y Europa, asegurando que “nuestros futuros siempre han estado entrelazados y lo seguirán estando”. Rubio agregó: “Por eso necesitamos hablar sobre cómo será ese futuro”, y afirmó que el viejo orden mundial ya no existe y que vivimos en una nueva era geopolítica.

Sin embargo, la delegación estadounidense no está compuesta únicamente por partidarios de Trump. También incluye a acérrimos opositores del presidente estadounidense, como Gavin Newsom, gobernador de California, quien, en su discurso en el Foro Económico Mundial de Davos, dejó claro que espera "más coraje" y firmeza de los europeos en el futuro, pues, afirmó, ceden ante Trump con demasiada facilidad.

Aunque es probable que la guerra de Rusia contra Ucrania vuelva a ser un tema central de la conferencia, los representantes del gobierno ruso no estarán presentes. En 2022, cuando la conferencia se celebró poco antes del inicio de la invasión contra Ucrania, la delegación rusa canceló colectivamente la conferencia, recuerda el presidente de la conferencia, Ischinger. Desde entonces, Moscú no ha mostrado ni la más leve señal de querer participar nuevamente en la CSM. En cuanto a las conversaciones sobre un posible fin de la guerra, Ischinger enfatizó que, si bien Rusia finge estar dispuesta a negociar, al mismo tiempo somete a la población civil ucraniana al terror. Por lo tanto, el “Premio Ewald von Kleist” de la MSC de este año no se otorgará a una persona, sino “al valiente pueblo ucraniano”.