Claves personalistas para comprender si realmente amo.
Hace algún tiempo, un alumno se me acercó después de una clase en la que había insistido —quizá con demasiado entusiasmo— en la integralidad de la persona y en la apertura al encuentro con el otro desde la filosofía de Karol Wojtyła. El amor como relación interpersonal había sido apenas el cierre de la sesión cuando, con una mirada entre preocupada y genuinamente interesada, me formuló una pregunta que revelaba la hondura de su inquietud: ¿cómo sé si la amo o no?
Intenté responder algo en el breve trayecto entre salones, pero la pregunta quedó abierta. No porque no existan respuestas, sino porque abordarla con ligereza suele conducir a dos reducciones igualmente problemáticas: el sentimentalismo, que reduce el amor a lo que se siente, y el utilitarismo, que lo mide por lo que se obtiene de la relación.
Desde entonces comprendí que era necesario volver a pensar con mayor rigor las claves del personalismo que permiten discernir si se ama verdaderamente, sin convertir la reflexión en una fórmula infalible, pero tampoco en un misterio indescifrable.
Lo que sigue no pretende ofrecer recetas universales. El amor, al ser una experiencia personal, no se acomoda con facilidad en esquemas rígidos. Sin embargo, la filosofía personalista —y en particular la antropología de Karol Wojtyła— sí permite proponer criterios objetivos que orientan el discernimiento de lo que es y lo que no es amar a alguien.
Lo que no es amar a alguien
Uno de los equívocos más frecuentes consiste en identificar el amor con un estado emocional. Las emociones forman parte de la experiencia amorosa y no deben despreciarse, pero no la constituyen por sí mismas. El enamoramiento, la pasión o la atracción pueden surgir con intensidad y desaparecer con la misma rapidez. Cuando se absolutizan, el amor queda a merced de la inestabilidad afectiva e incluso puede extinguirse antes de haberse consolidado realmente.
Tampoco puede identificarse el amor con el deseo o la concupiscencia. El deseo tiende al bien en cuanto placentero o conveniente y, con facilidad, se orienta hacia la propia satisfacción. En este nivel, el otro corre el riesgo de ser reducido —incluso sin mala intención— a objeto de uso (Wojtyła, 2012). Wojtyła advierte que cuando una persona es valorada solo por lo que produce en mí (tratada como medio) deja de ser afirmada como persona (o como fin) (Wojtyła, 2012).
No es amor, además, la simple compatibilidad ni el acuerdo funcional. Compartir intereses o proyectos puede facilitar la convivencia, pero no garantiza una relación verdaderamente personal. Estas experiencias pueden ser valiosas, pero corresponden más bien a la camaradería (Wojtyła, 2012), a la amabilidad con el prójimo o incluso a la amistad, sin implicar todavía una donación personal auténtica.
Finalmente, el amor no se identifica con la posesión ni con la dependencia afectiva. La idea de que amar implica “no poder vivir sin el otro” suele romantizar lo que, en realidad, puede ocultar miedo a la soledad o carencias afectivas que necesitan ser atendidas. Desde la antropología personalista, el amor se comprende siempre en relación con la libertad y la autodeterminación de la persona (Wojtyła, 2014).
Lo que sí es amar a alguien
Para Karol Wojtyła, el amor es siempre una relación interpersonal, no solo un fenómeno psicológico. En Amor y responsabilidad afirma: “El amor es siempre una relación mutua de personas, que se funda a su vez en la actitud individual y común de ambas respecto del bien” (Wojtyła, 2012, p. 91).
Esta afirmación desplaza el centro del amor del sentimiento al bien de la persona. Amar significa querer el bien del otro en cuanto otro, no como medio para la propia satisfacción. Implica afirmar su valor personal de manera incondicional.
El amor interpersonal integra diversos aspectos: la atracción, la concupiscencia, la benevolencia, la reciprocidad, la donación, la simpatía, la camaradería y la amistad (Wojtyła, 2012, p.91), pero ninguno de ellos basta por sí solo. Solo cuando estos aspectos se ordenan al bien de la persona se configura una experiencia verdaderamente amorosa.
Además, el amor compromete a la persona en su totalidad: cuerpo, afectividad, inteligencia y voluntad (Wojtyła, 2014). Por ello, no anula la libertad ni la razón; al contrario, las presupone. Solo puede amar quien se posee a sí mismo y es capaz de autodeterminarse.
El amor se manifiesta entonces, como una decisión libre que se renueva en el tiempo y que se expresa en actos concretos y responsables.
Entonces, ¿cómo sé si la amo?
La pregunta ya no puede responderse mirando únicamente la intensidad de lo que se siente, sino observando la orientación estable al bien del otro de la propia acción.
Puedo empezar a reconocer que amo cuando:
- busco activamente el bien del otro, incluso cuando no coincide con mi beneficio inmediato;
- respeto su dignidad, sus tiempos y su libertad;
- asumo responsabilidad por mis actos dentro de la relación;
- permanezco y sostengo la decisión de amar más allá de la variación emocional;
- descubro que amar de este modo y a esta persona integra mi propia vida y la orienta hacia el bien.
Amar no significa ausencia de dudas, conflictos o crisis. Significa, más bien, una decisión constante de afirmar al otro como persona. En este sentido, el amor no se prueba en la intensidad inicial, sino en su capacidad de madurar, sostenerse y hacerse vida en el tiempo mediante actos responsables.
Una invitación final
Distinguir lo que es y lo que no es amar alguien no es un ejercicio meramente teórico. Tiene consecuencias directas en la manera en que construimos nuestras relaciones y comprendemos nuestra identidad.
En una cultura que con frecuencia confunde amor con consumo emocional o satisfacción inmediata, recuperar una visión integral del amor es una tarea urgente.
La invitación permanece abierta: seguir pensando con mayor profundidad la experiencia integral del amor y preguntarnos con honestidad si realmente estamos afirmando al otro como persona – o si realmente la(o) amas.
Acompáñanos el 24 de febrero de 2026 en la primera edición del evento Love Lab, donde reflexionaremos y trabajaremos, de manera vivencial, sobre lo que es y lo que no es amar a alguien.
Referencias
Wojtyła, K. (2012). Amor y responsabilidad (J. M. Burgos, Ed.; J. González & D. Szmidt, Trads.; 4.ª ed.). Madrid: Editorial Palabra. (Obra original escrita en 1960; primera ed. en polaco, 1979).
Wojtyła, K. (2014). Persona y acción (J. M. Burgos & R. Mora, Eds.; R. Mora, Trad.; 2.ª ed.). Madrid: Editorial Palabra. (Obra original publicada en polaco en 1969).










