Conversión, caridad y ayuno
Este Miércoles de Ceniza iniciamos la Cuaresma 2026, un tiempo privilegiado de preparación para vivir plenamente el Misterio Pascual de Cristo. Si bien la ceniza marca el inicio de este itinerario, es importante recordar que el signo no agota el compromiso. De hecho, la celebración de la Eucaristía dominical trasciende en importancia al rito de la ceniza; no por restar valor a este último, sino para evitar el riesgo de reducir nuestra fe a un cumplimiento externo de una fecha específica, debemos comprender que la vivencia de nuestra fe es un compromiso permanente. Recibamos este signo con la firme disposición de preparar el corazón para la Pascua, culmen del Triduo Pascual que renovamos cada domingo.
Para transitar este camino de renovación, la Iglesia nos propone tres pilares fundamentales: la oración, el ayuno y la caridad.
1. La Oración: Escucha que transforma
El Papa León nos invita en su mensaje para esta Cuaresma a una escucha atenta de la Palabra de Dios. En las Sagradas Escrituras descubrimos a un Dios que camina con nosotros, que escucha y comprende a su pueblo. Además de fortalecer nuestros hábitos de piedad personales, les invito a que esta Cuaresma dediquemos un tiempo especial a la meditación de los Evangelios de la Pasión, permitiendo que la Palabra resuene en nuestra vida cotidiana.
2. El Ayuno: Disciplina para el espíritu
El ayuno es un don milenario que dispone nuestro interior para la escucha. Más allá de una restricción alimentaria, el sentido espiritual del ayuno y la abstinencia radica en renunciar a lo lícito por amor, elevando así el espíritu sobre los impulsos corporales. Este año, el Santo Padre nos exhorta, además del cumplimiento del ayuno y la abstinencia de la comida, también a una "abstinencia de palabras": evitar los comentarios hirientes que lastiman al prójimo, sustituyéndolos por palabras que edifiquen.
3. La Caridad: Donación y justicia
Al renunciar a las palabras que dividen, abrimos paso a la caridad genuina. En este tiempo, preguntémonos: ¿Cómo estoy viviendo mi entrega a los demás? Recordemos que la caridad no consiste en dar lo que nos sobra —eso es un ejercicio de justicia básica—, sino en negarse a uno mismo para donarse al otro, entregando incluso lo necesario para servir. Un excelente ejercicio para estos cuarenta días es retomar las Obras de Misericordia (corporales y espirituales) y asumir el compromiso firme de encarnar alguna de ellas en nuestro entorno familiar y universitario.
Que este camino penitencial sea para nuestra comunidad un encuentro profundo con Cristo en su Pasión, para que, transformados por su gracia, podamos resucitar con Él a la Vida Eterna.










